El laberinto del fauno, o la aparición de un monstruo llamado «fascismo»
Se han cumplido veinte años desde que se proyectó por primera vez en las salas de cine la película El laberinto del fauno (2006), del director mexicano Guillermo del Toro, quien fue condecorado con la Medalla Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México en reconocimiento a su trayectoria y labor en la preservación y rescate del patrimonio fílmico de México. La entrega de dicho galardón se realizó en el marco de la edición 24 del Festival Internacional de Cine de Morelia, que este año reestrenó en 3D la cinta protagonizada por un reconocido elenco de actrices y actores españoles, entre quienes se encuentran Sergi López, Álex Angulo, Maribel Verdú, Ivana Baquero y Ariadna Gil. Precisamente, la película sitúa a los espectadores en el año 1944, en plena dictadura franquista en España, y justo un año antes de la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Durante su encuentro en Morelia y previo al reestreno de la película, acreedora en 2007 de tres premios Óscar, el cineasta mexicano expresó su preocupación ante el resurgimiento de oleadas fascistas alrededor del mundo; principalmente por la manipulación, los discursos de odio y la polarización que permea, desde las redes sociales, hasta la vida en las calles.
Diversas escenas de la película muestran que el fascismo tiene como característica la obediencia incondicional sin reflexión alguna, en donde se odia enemigos que lo son porque no se parecen a unoAnte la fuerza que vuelve a cobrar el fascismo, la película El laberinto del fauno, ganadora también de siete premios Goya, ofrece una mirada para combatir ese fenómeno, que para Del Toro se está poniendo de moda otra vez no sólo en Europa, sino también en América Latina. La ultraderecha sigue abriéndose paso desde las esferas políticas hacia las plazas, ahí donde los ciudadanos resisten enfrentándose a ese monstruo, a esa nebulosa, que, como escribió Umberto Eco, es otra forma de despotismo, fanatismo e irracionalismo. La película del cineasta mexicano sintetiza esta idea del filósofo italiano cuando el Fauno le dice a Ofelia, la niña protagonista, las siguientes palabras: «Tú me vas a obedecer en todo, porque harás todo lo que te diga sin cuestionarlo». Una expresión que ilustra muy bien una de las características de ese monstruo llamado fascismo; es decir, la acción por la acción, la actuación sin reflexión alguna. Porque pensar es justamente una forma de castrar la virilidad del monstruo. El intelectual italiano ya lo explicaba, al recordar que para los fascistas la cultura es siempre sospechosa, en la medida en que se identifica con actitudes críticas. Al monstruo no le agradan las personas libres, es decir, que se resisten a pensar coaccionadas por la amenaza, pues saben que ceder a la coacción significa dejar de pensar y someterse a la servidumbre del mal. En ese sentido, el cineasta mexicano insiste en mostrar al público este síntoma del fascismo eterno del que habló Eco. Así lo hace en otra de las escenas de la película, en la que aparece la confrontación del médico Ferreiro con el cruel capitán Vidal: «Obedecer por obedecer, así sin pensarlo ‒le reprocha‒, es algo que sólo hace gente como usted». La respuesta del militar, quien está al mando de un ejército franquista, ante este momento de lucidez del médico, es sacar su arma para dispararle por la espalda y asesinarle.
La manipulación de las redes sociales para favorecer los discursos de odio y la polarización ha facilitado el resurgimiento de oleadas fascistasEl espíritu crítico para los fascistas es señal de libertad y liberación frente a un régimen para el cual no existe la defensa y la lucha por la vida, sino más bien la vida entregada a la muerte y la destrucción. La paz para los líderes fascistas y neofascistas es impensable porque la vida es para ellos una guerra permanente: contra su enemigo, que es enemigo porque no se les parece, y contra ellos mismos, por recordarles en todo momento el íntimo desprecio que sienten hacia su gregaria cobardía. La película de Guillermo del Toro, de este modo, abre de nuevo la conversación y la reflexión en torno a la situación actual del mundo, el cual parece estar atravesando sus propias ruinas mientras nos amenaza, una vez más en la historia, con las fauces del fascismo, ese monstruo que, como en la película, está ahí, acechando, oculto tal vez bajo la apariencia de un hada que, en algún momento, seducirá a una inocente niña para adentrarla en un laberinto del que no se sabe si saldrá con vida. El director mexicano acudió al reestreno de su película acompañado por la reconocida productora mexicana Bertha Navarro, así como por la actriz española Ivana Baquero y por Guillermo Navarro, quien en el 2007 alzó la estatuilla en la ceremonia del Óscar como ganador mexicano en la categoría de mejor fotografía.
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