La noche está marchándose ya: conmovedor rescate de lo colectivo como refugio

La noche está marchándose ya es una película independiente, de escaso presupuesto, realizada con actores no profesionales, filmada en blanco y negro, que se mueve en la mixtura entre las formas del cine negro (contrastes de luz y sombras, luces focalizadas, atmósfera pesimista), aunque en rigor no haya un crimen moral; y una estética deudora del nuevo cine argentino y del neorrealismo italiano. Que la película abra con la proyección de Los tallos amargos (Fernando Ayala, 1956) en el cineclub, no es casual. Por un lado, tratándose de una película de cine policial negro, establece el tono de la película: la atmósfera de suspenso y de desencanto, propios de este cine, la tentación a la corrupción moral para el protagonista en un contexto de crisis económica; y por otro lado, la referencia al cine clásico como una etapa de esplendor del cine argentino, que contrasta fuertemente con la situación actual de ataque cultural y vaciamiento económico, que atraviesa actualmente la industria cinematográfica de nuestro país, y que tan bien refleja la película. Pelu (Octavio Bertone) es proyectorista en el Cineclub Municipal y junto a su compañero recibe de su jefe la noticia del recorte presupuestario proveniente de la Secretaría de Cultura, por lo cual debe dejar su puesto para pasar a ser vigilador nocturno en el mismo lugar. El protagonista vive con un amigo y casi al poco tiempo que les triplican el alquiler, a este amigo lo despiden de su trabajo; por lo que Pelu se queda sin hogar. En este contexto, tanto el plano que, saliendo del edificio del cineclub, toma a Pelu duplicado en el reflejo, como el fragmento de La venganza del bergantín (Wake of the Red Witch, Edward Ludwig, 1948) en el que John Wayne se refiere a aquello que ama como un hogar; anticipan su doble vida. De noche: guardia de seguridad; de día; hace del Cineclub un lugar donde dormir. El cineclub se convierte en su hogar y esto para un cinéfilo como él, aparece como un paraíso ideal. Comienza a mirar películas o leer libros de cine de la biblioteca, mientras cena lo que hay en el bar, como un modo de estar acompañado y pasar la larga noche. En este punto encontramos un primer sentido del título de la película (que está tomado de la canción ¿Qué pasara mañana?, interpretada por José Luis Perales), pues despojado de vivienda, se plantea el desasosiego de qué hacer durante el día, lo cual se refleja en las erráticas caminatas del Pelu por las calles peatonales.
Una noche se acerca el cineclub su amiga Vale (Juana Oviedo), que trabaja de manera freelance realizando videos eróticos para una plataforma para adultos (y gana mucho más que él) y también José (Rodrigo Fierro), un trapito a quien la policía corre de la calle y con quien Pelu irá estableciendo un vínculo de amistad. La frialdad del aparato político económico neoliberal que funciona a costa de dejar cada vez más excluidos, en la selva individual del sálvese quien pueda, contrasta con los lazos de solidaridad que van tejiéndose entre los personajes. Pelu permite que Vale filme en el cine un video erótico en vivo, para que pueda mantener sus suscriptores (y aquí hay una suerte de alusión a la degradación del cine cuando queda sin fomento del Estado: la autoficción o la explotación); y también que José y otros compañeros de él encuentren un lugar donde pasar la noche. Así, La noche está marchándose ya, nos muestra el verdadero valor del cine, al presentarlo, ya no como lugar de entretenimiento pasatista o como empresa comercial, sino como un amable amparo, frente a la hostilidad exterior, como lugar de encuentro, donde construir pertenencia comunitaria, identidad y también una ficción utópica que nos sostenga frente a tanta crueldad. Todo se complica para nuestros entrañables personajes, cuando la dirección política decide cerrar el cineclub por el déficit que acarrea y el deterioro en que se encuentra, con la promesa de remodelarlo para volver a ponerlo en valor. Y llegados aquí, la emoción del Pelu, mientras mira el fragmento de Nobleza obliga (Ruggles of Red Gap, Charles Laughton, 1935), donde se hace referencia al discurso de Lincoln en Gettensbury en plena Guerra Civil donde define a la democracia como “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, es también la que experimenta el espectador. En este contexto, los pasadizos subterráneos de la ciudad, lejos de representar lo oscuro y lo corrupto como en la tradición del cine noir; se vuelve aquí, metáfora de lo que se cuece desde abajo, acaso en el silencio de la clandestinidad; pero como el canto de una luz de esperanza: aquella en la cual las propias masas populares irrumpen para determinar su propio destino, haciendo que las pesadas sombras se retiren. He aquí la segunda lectura del título, el noir vira así hacia un realismo social que evita tanto el cinismo pesimista como la arenga panfletaria, porque mantiene siempre la dimensión de la ternura y la poesía. Con un logrado trabajo donde se destaca la fotografía, la intertextualidad cinematográfica, el uso de las canciones traduciendo los estados de ánimo del protagonista y un elenco que brinda interpretaciones orgánicas y convincentes, La noche está marchándose ya, no sólo recupera la fuerza de lo colectivo contra la resignación y mansedumbre, sino que es un refugio seguro, en medio de la intemperie cotidiana.

Ficha técnica: Dirección, guion, imagen y montaje: Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini. Arreglos musicales: Francisco Albarracín. Elenco: Octavio Bertone, Juana Oviedo, Rodrigo Fierro, Fabián Costa, Lionel Castelli, Atilio Sánchez, Alejandro Álvarez, Martín Emilio Campos, Pablo Limarzi, Eva Bianco, Rubén Gattino, Martín Álvarez, Simón Juan, Juan Redondo. Una producción Gong Cine y Punto de Fuga Cine. Argentina – 2025 -– Blanco y negro – 104’. En Sala Lugones y Malba Cine.


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