Argentina vs Inglaterra: fútbol e historia que cruzan toda la cancha

La cuenta regresiva ha comenzado y faltan apenas unas horas para que empiece a correr el balón en la semifinal de la Copa del Mundo 2026 y en esta llave Argentina e Inglaterra se juegan el pase a la final. La selección argentina quiere la cuarta estrella, mientras que la inglesa persigue la segunda de su historia. A simple vista, pareciera un simple partido, uno más de los 104 que se disputarán en esta edición de la Copa del Mundo. Sin embargo, Argentina enfrenta a un país imperialista, pirata de larga tradición, recordado no solo por la Guerra de Malvinas de 1982 sino también por ser explotador de las colonias y opresor de su propio pueblo y de sus vecinos Escocia, Gales e Irlanda del Norte. En este tipo de partidos no falta quien diga que “no se puede mezclar la política con el fútbol” o que “lo de la guerra de Malvinas ya fué porque eso pasó hace mucho tiempo”, pero ¿es realmente así?

Si este estadio sigue así…

Veamos qué tal fue el Mundial de 1966. Hace solo unos días, el 11 de julio, falleció Antonio Rattín, el astro de Boca Juniors que jugó en el club de la ribera por 14 años y solo vistió los colores del Xeneize. Además de Boca, “La Rata” fue capitán de la selección argentina en el Mundial de 1966. En aquella edición, Argentina tenía que jugar los octavos de final contra el organizador local, Inglaterra, y nada más que en el mítico estadio de Wembley. Todo muy lindo, pero Rattín contó que hubo cosas raras en la previa, como en todo partido importante. Una de las llaves era Argentina vs Inglaterra; la otra era Uruguay vs Alemania. Así, la FIFA citó a la delegación sudamericana al sorteo de los árbitros a las 18.45 h. Cuando llegaron las delegaciones argentina y uruguaya, fueron informados por los organizadores británicos de que hubo un “error” y que el sorteo ya fue realizado. Y punto. Consecuencia de lo cual, el partido entre Uruguay vs Alemania tendría a cargo un árbitro inglés y el de Inglaterra vs Argentina, tendría un árbitro alemán. El primer partido lo ganó Alemania por 4 a 0 mientras que Inglaterra ganó por 1 a 0 a la albiceleste. Por eso, Rattín denunció que el que organizaba el mundial, si no lo ganaba, salía entre los primeros puestos.
Tenemos que recordar que en estos mundiales no había cambios. Empezaban los once y morían los once.  Antonio “La Rata” Rattín-
Por estos días se viralizó la imagen de “La Rata” Rattín retorciendo el banderín inglés en Wembley y así lo recordaba el protagonista cuando fue expulsado por el árbitro alemán: “Luego de mi expulsión, el partido quedó interrumpido por 35 minutos porque él hablaba en alemán y yo en castellano. No nos podíamos entender. Luego entra un intérprete y me dice que estoy expulsado. Me voy del campo de juego (…) Me siento en la alfombra real. El palco está vacío porque la reina solo presenció dos partidos, el inaugural y el final. Y estoy 10 o 15 minutos en la alfombra real, que me pareció el lugar más lindo para presenciar el partido. Es así, como me expulsaron en una forma injusta, ya que no había cometido ninguna infracción. Solo por protestarle un fallo al árbitro. Se ve que tenía órdenes de expulsarme a mí o a algún jugador argentino porque Inglaterra no podía quedar eliminada bajo ningún punto de vista. Luego de mirar el partido 15 minutos, me voy al vestuario. Wembley no tiene túnel sólo un alambrado olímpico de un metro. Voy caminando, el público me tira chocolate. Paso cerca de un banderín del corner donde estaba flameando la bandera inglesa, la retuerzo. De ahí en más me empiezan a tirar latas de cerveza y me voy al vestuario”. Esa historia completa se la puede leer en la obra del gran Osvaldo Bayer titulada “Fútbol argentino. Pasión y gloria de nuestro deporte más popular” (Ed. Planeta, págs. 104-105). A causa del “episodio Rattin” se inventaron las tarjetas amarilla y roja que se implementaron en el siguiente mundial realizado en México. Pero ya es otra historia.

…todo fútbol es político

El partido más recordado es el inmediatamente posterior a la Guerra de Malvinas de 1982. Fue en México ‘86, apenas cuatro años después de la derrota argentina en Malvinas. Derrota humillante porque no solo perdimos la guerra por la capitulación de los militares ante las tropas inglesas, sino porque la dictadura argentina torturó a los pibes en las frías islas, los estaquearon y les hicieron pasar hambre y un frío mortal a pibes que combatieron a una potencia imperialista calzados con las zapatillas “Flecha”, de fina lona que helaba los pies y, por ende, todo el cuerpo. Entre las ratas que se rindieron sin disparar un solo tiro estuvo nada más ni nada menos que Alfredo Astiz, el que se infiltró en las Madres de Plaza de Mayo y fue él quien le dio “el beso de la muerte” a Azucena Villaflor, luego desaparecida y asesinada en los “vuelos de la muerte” que realizaba la dictadura argentina. Y esto es solo un ejemplo de lo que hicieron los milicos. En cuanto a los ingleses, además de robarse las islas Malvinas en la primera mitad del siglo XIX, en la guerra de 1982 cometieron uno de los crímenes de guerra más aberrantes de su historia: hundieron al crucero General Belgrano (porque se encontraba fuera del área de exclusión fijada por Gran Bretaña) causando la muerte inmediata de 323 soldados, la mitad del total de muertes totales del bando argentino. Cerca de 500 ex combatientes se quitaron la vida en años posteriores y otros centenares quedaron con severas secuelas con respecto a su salud mental (Trastorno por estrés post traumático), lo que tristemente derivó, en muchos casos, en el consumo problemático de alcohol u otras drogas. ¿Y quién tuvo todo esto en la cabeza el día que se disputó el partido entre Argentina e Inglaterra en el estadio Azteca el 22 de junio de 1986, hace 40 años? El D10GO. Sí, “el Diego”. Lo cuentan sus compañeros, que en el túnel, antes de saltar al verde césped, Diego Armando Maradona arengaba a sus compañeros. En esa tensa calma que precede a la tormenta furiosa, el “10” dijo antes de salir a la cancha: “¡Vamos muchachos, eh! ¡Vamos que estos hijos de puta nos mataron a un primo, un amigo o un vecino eh!”.
Incluso la previa del partido hubo peleas entre en las inmediaciones del estadio, el telón de fondo era la guerra de Malvinas. Los famosos Hooligans (la barra brava inglesa) perdieron la batalla contra la barra argentina que también fue apoyada por los escoceses. Tiempo después “La 12” de Boca lucía banderas inglesas a modo de trofeo. A nivel deportivo, Osvaldo Bayer dijo en el citado libro: “Los ingleses no lloran. Sus diarios reconocen que, con mano o sin mano, los argentinos fueron los mejores. Y lo dicen con todas las letras: ‘Las embrujadas habilidades del futbolista más grande del mundo brindaron a Inglaterra una hipnotizante lección’. Comentario textual del diario The Sun”.

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Cipayismo mundial, un torneo en disputa permanente

En Inglaterra, Margaret Thatcher a quien el presidente Javier Milei no deja de admirar cada vez que puede hacerlo, se envalentonó y atacó a su propio pueblo luego de la Guerra de Malvinas. La clase obrera británica no tardó en comprender el significado de la guerra cuando la huelga minera de mediados de los 80 fue derrotada. Y fue una derrota histórica porque nada volvió a ser igual para el proletariado de esa gran metrópoli. Así, se abrió la era del neoliberalismo en el mundo, junto al presidente yanqui, Ronald Reagan, derrotando la gran huelga de los controladores aéreos, temas que repasamos en el artículo“Tras las huellas del neoliberalismo en la Argentina (1989-2001)”. Y como no todo es historia, para no ser menos, el gobierno argentino se rindió en el altar de la FIFA y su gran negociado de publicidades de apuestas, más apuestas y otra vez apuestas, además de comida chatarra. Y para “el partido” entre Argentina e Inglaterra se prohibió el uso de toda referencia política. Sí. De modo tal que no se puede ir a la cancha (los que pueden hacerlo, esa es otra discusión) con banderas, remeras, tatuajes o lo que sea que haga referencia a la guerra de Malvinas. De modo tal que “la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva indicó que Estados Unidos reforzó las medidas de seguridad en el estadio de la ciudad de Atlanta y acentuó que la FIFA prohibirá el uso de banderas, camisetas y cualquier objeto que tenga el dibujo de las islas Malvinas o que haga alusión al histórico reclamo geopolítico por la soberanía territorial”. Y esta es la buena noticia del día para “calentar la previa”; en la lucha contra nuestro propio gobierno ajustador y cipayo.

Maradona como estandarte

Diego es un estandarte por el Mundial 86 sobre todo, sin contar las hazañas de haber jugado en la zona más pobre de Italia que llevó al Napoli a lo más alto, cuando los propios italianos del norte cantaban en las gradas para que el volcán Vesubio se despierte para enterrar a la población bajo cenizas, además de cantar que “se vayan a bañar” o que tenían “Cólera”. Por eso Diego es amado en el sur italiano. Algo que el Bichito de la Paternal y después Boca ya habían descubierto. El Diego es el “Dios sucio” porque es el más humano de todos los dioses, como dijo Eduardo Galeano en “Cerrado por fútbol”, un librazo. “Cerrado por fútbol” va a quedar la Argentina cuando empiece a rodar el balón entre Argentina e Inglaterra porque detrás de ese partido están los condimentos aquí señalados.

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El tema “Malvinas” está muy presente en canciones, remeras, murales y tatuajes. Es parte de nuestra idiosincrasia. Recuerdo el partido entre Uruguay e Inglaterra en el Mundial del 2014. Era tarde y lo vi en la estación del subte. Ante el gol de la victoria de Uruguay, me abracé con desconocidos; nos abrazamos entre todos. Y después volver a subir al tren en Retiro, todos apretados, pero con una sonrisa al fin. Cuando jugamos contra los ingleses, es un día para ¡hacer flamear la bandera del Indio y los Redondos, la de La Renga y la H! !La de Hermética! y toda esa cultura vestirán el trasfondo del partido más importante que la final más finalísima de todas las finales. Hay que alentar por la selección argentina, más allá de que no fue nada chistoso la reunión de Trump con Messi y De Paul. Hay que alentar porque todo fútbol es político, porque la clase obrera y el pueblo pobre no solo merecen una alegría colectiva, merecen una vida que merezca ser vivida y ese partido ya se está jugando, hace rato.

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