Un tal Quijote: una dosis de idealismo necesaria para soportar la oscuridad del realismo contemporáneo
Don Quijote de la Mancha es la segunda obra más leída, después de La Biblia, y sus personajes protagonistas, los entrañables Don Quijote y Sancho Panza, claramente han trascendido a la cultura popular. Lo prueba esta puesta teatral de la compañía catalana Cascai Teatre, que desacraliza el clásico y a la vez, recupera su espíritu lúdico, al presentar una original propuesta que hibrida comedia paródica, musical y teatro participativo. El Quijote es una novela que está sumamente impregnada de teatralidad y esto se hace evidente desde su inicio, en el momento mismo en que el decadente hidalgo Alonso Quijano, en el otoño de su vida, influido por sus ávidas lecturas de los libros de caballería, decide inventar y transformarse en Don Quijote, el caballero andante que busca arreglar las miserias del mundo que lo rodea. Es así como se presta con naturalidad a ser llevada al teatro. La propuesta del Cascai Teatre nos presenta a un conferencista del ámbito literario (Marcel Tomàs) que se dirige al público presente en el teatro para versar sobre la gran novela de Miguel de Cervantes Saavedra. Este comienzo, apoyándose en las proyecciones en la pantalla al fondo del escenario, contextualiza al autor y a la obra, escrita en 1605 su primera parte y en 1615 su segunda parte. El humor irrumpe trastocando la erudición, cuando se produce un desperfecto en la iluminación del escenario y tiene que llegar un electricista gallego (Toni Escribano) enviado del ayuntamiento para arreglarlo. Se configura así la pareja de opuestos complementarios, saber teórico y saber hacer manual, en la realidad de la ficción, que en el juego de la ficción dentro de la ficción devendrán en los personajes de El Quijote y Sancho Panza, interpretando las escenas más importantes de esta maravillosa aventura. Pero el juego lúdico de la dialéctica entre ficción y realidad que está presente en la novela y que muy bien recupera esta puesta teatral, no termina allí. Pues si la primera parte, El Quijote, insufla la ficción en la realidad, en la segunda parte, merced al éxito popular que había tenido la primera, Cervantes hace intervenir la realidad de ese éxito en la ficción y es por ello que El Quijote y Sancho Panza se aparecen a los Duques, que van a fingir y sostener la ficción para burlarse de los protagonistas. Es así como, con acierto, la puesta del Cascai Teatre apuesta por la participación del público, sumándose a la representación de ciertas escenas claves de la novela, como el hermoso momento en que El Quijote es armado caballero, la búsqueda de la amada Dulcinea del Toboso o el duelo final en Barcelona contra el Caballero de los Espejos y su sentida muerte. Hay un trabajo muy interesante y logrado en la dramaturgia de síntesis de una obra narrativa que es extensa y también con el lenguaje buscando acercarlo al habla coloquial, sin perder nunca el espíritu literario del original ni la profundidad reflexiva en delicado equilibrio con el humor. El recurso de los cuadros musicales, que emplea las canciones con fines narrativos (combinando música extradiegética con acompañamiento de cajón en vivo) y de la proyección de la filmación en vivo con cámara en mano que introduce el primer plano de la maqueta con Playmobils que homenajea y representa las escenas principales de la obra, funciona muy bien a los fines de lograr una síntesis que concentra el alma literaria y que habilita al mismo tiempo, la causa por la lectura y la re-lectura de este clásico. La obra además introduce pinceladas de nuestra actualidad distópica y desencantada, de la mano del personaje del gallego electricista, contrapunto realista del catedrático; como Sancho lo es del Don Quijote. Y es en este punto donde se expresa la vigencia de este clásico cervantino: la importancia de seguir sosteniendo cierta dosis de ficción, cierta dimensión del ideal o de la utopía; para poder sobrevivir y sobrellevar los males de este presente incierto y oscuro. No es casual en este punto que la obra se titule Un tal Quijote, pues todos podemos ser un poco quijotes de la vida. Por eso, sobre el final, es claro que muere Alonso Quijano, pero, sin embargo, triunfa la ficción, porque la muerte de Quijano es condición para que El Quijote, como personaje nacido por escrito, siga eternamente vivo. En suma, Un tal Quijote encuentra en la originalidad de su propuesta teatral, que apuesta al humor y al lúdico aprovechamiento de la mixtura de géneros y de los dispositivos tecnológicos de la puesta en escena, una buena manera de mantener vivo a este clásico al hacerlo resonar en nuestro presente. Ficha técnico-artística
Dirección e interpretación: Marcel Tomàs. Intérpretes: Marcel Tomàs y Toni Escribano.
Creación: Marcel Tomàs – Susana Lloret. Voz en off: Pep Cruz. Duración: 1h 15 minutos.
«Un tal Quijote» se presentará en 2 únicas funciones en CABA: sábado 4 y domingo 5 de julio a las 20.30hs en el Teatro Empire. Luego, la obra continua de gira: el 12 de julio en Mar del Plata (Teatro Payró) y 14 de julio en Montevideo, Uruguay (Centro Cultural de España).
Dirección e interpretación: Marcel Tomàs. Intérpretes: Marcel Tomàs y Toni Escribano.
Creación: Marcel Tomàs – Susana Lloret. Voz en off: Pep Cruz. Duración: 1h 15 minutos.
«Un tal Quijote» se presentará en 2 únicas funciones en CABA: sábado 4 y domingo 5 de julio a las 20.30hs en el Teatro Empire. Luego, la obra continua de gira: el 12 de julio en Mar del Plata (Teatro Payró) y 14 de julio en Montevideo, Uruguay (Centro Cultural de España).
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