Iñárritu: polémico, ególatra y único
Todo el que conozca solo un poquito la trastienda del cine sabe que la mayoría de los directores de cine son niños bien, hijos de papá con dinero para empezar a rodar cortometrajes o ingresar en las mejores escuelas, nacionales o extranjeras. Alejandro González Iñárritu no está en ese grupo. Nacido en la Ciudad de México, es el hijo menor de siete hermanos y tomó el apellido de su madre, Luz María Iñárritu, casada con un banquero que se arruinó y acabó como frutero. En busca de aventura, el joven Iñárritu, con solo 17 años, huyó de casa y cruzó el Atlántico trabajando en un barco carguero. Poco más tarde, también buscó empleo en África y Europa, donde conoció Sicilia y Barcelona. En La Torre de Esteban Hambrán, un pequeño pueblo toledano, se destrozó los riñones currando de sol a sol en la temporada de vendimia.
Tras estas valiosas experiencias, Iñárritu regresó a Ciudad de México y se matriculó en la Universidad Iberoamericana para estudiar Comunicación, aunque pronto encontró trabajo en la radio y dejó a un lado los estudios. Genio y figura, en la emisora musical WFM tuvo tanto éxito que acabó como director y convirtió a esta estación de radio en la más escuchada de Ciudad de México. En ella Iñárritu entrevistó a figuras de la talla de David Gilmour, Elton John o Carlos Santana. Curtido, Iñárritu tenía ya treinta y siete años cuando dirigió su primer largometraje y no lo pudo hacer mejor. Amores perros, un brillante y contundente retrato coral de la sociedad mexicana, ganó el gran premio de la semana de la crítica en el Festival de Cannes y fue nominada al Óscar como Mejor Película Extranjera. Amores perros fue escrita por otro cineasta de apellido vasco, Guillermo Arriaga, con el que Iñárritu formó uno de los dúos creativos más recordados de los últimos años y que puso al cine mexicano en la primera línea del cine internacional. Tras Amores perros, 21 gramos y Babel, los dos protagonizaron también una de las rupturas creativas más sonadas de la industria del cine.
Conocido como El Negro, Iñárritu es el primer mexicano nominado al Óscar al mejor directorSegún contó Arriaga, habían hecho un pacto de caballeros y de egos con Iñárritu: Amores perros sería una película de los dos y recogerían juntos todos los premios, pero el pacto se destruyó cuando se estrenó la película e Iñárritu acaparó toda la atención mediática. Tras aquel ninguneo a Arriaga, los dos siguieron trabajando juntos en 21 gramos y Babel, pero la relación estaba tocada. Iñárritu le dijo: “Mira, Guillermo, Keith Richards y Mick Jagger no se hablan, no tenemos ni que hablarnos, sólo trabajemos juntos”. Iñárritu seguía defendiendo que el cine es una construcción colectiva y Arriaga reclamaba un respeto al peso narrativo del guion, fundamental en la autoría de todo filme. La bronca llegó a máximos en el rodaje de Babel, cuando Iñárritu prohibió que Arriaga apareciese en el set.
Amores perros, un brillante y contundente retrato coral de la sociedad mexicana, ganó el gran premio de la semana de la crítica en el Festival de CannesEn 2007, Iñárritu publicó una carta abierta, que respaldaron el compositor Gustavo Santaolalla y el actor Gael García Bernal, en la que culpó a Arriaga de tener una “injustificada obsesión por reclamar la sola autoría” de sus películas. Arriaga respondió que Iñárritu empequeñecía su papel como cocreador, la amistad viró a enemistad y uno y otro evitaron coincidir en presentaciones públicas. Más de dos décadas después, firmaron la paz con un abrazo en la celebración del 25 aniversario de Amores perros en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México.
Los superhéroes de derechas
En el año 2014 Iñárritu estrenó la arriesgada Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia), en la que el protagonista de Batman, Michael Keaton, interpreta a una estrella de Hollywood harta de la maquinaria de la industria del cine americano.Igual que Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, Iñárritu atacó ferozmente el cine de superhéroes afirmó que la industria del cine estaba viviendo un genocidio cultural por culpa de las películas de Marvel. El director argumentó que los espectadores se enfrentaban en los cines a historias vacías sobre violencia y dinero y subrayó que todos esos filmes con tipos y tipas con mallas y superpoderes escondían una reduccionista y manipuladora ideología de derechas. “Si matas a los malos, eres el héroe”, declaró.
Iñárritu atacó ferozmente el cine de superhéroes y afirmó que la industria del cine estaba viviendo un genocidio cultural por culpa de las películas de MarvelEstas palabras no gustaron nada a Robert Downey Jr., una de las estrellas de Hollywood que más dinero ha amasado (su fortuna se estima en más de 300 millones de dólares) gracias a las películas de superhéroes como Iron Man, El increíble Hulk, Los Vengadores, Spider-Man y Los 4 Fantásticos. En la gira de prensa de Vengadores: La era de Ultrón, un periodista le preguntó por las palabras de Iñárritu y Downey Jr. respondió: “Creo que para un hombre cuya lengua materna es el español, ser capaz de armar una frase como “genocidio cultural” habla de lo brillante que es”. El cometario, tildado de xenófobo y racista en redes, fue contestado por Iñárritu siete años después en una entrevista para IndieWire: “Fue como “Oh, ustedes de los países bananeros”. Si yo fuera de Dinamarca o Suecia, me habrían visto como filosófico, pero como soy mexicano, si digo cosas así, soy un pretencioso”.
Rodajes extremos y abusivos
En los mentideros el cine todo el mundo sabe que rodar con Iñárritu es parecido a ir a la guerra. Lo saben bien actores y técnicos. Conocido es lo durísimo que fue el rodaje de El renacido, película por la que Leonardo DiCaprio logró el Oscar. Iñárritu decidió rodar su particular y helador western en orden cronológico y solo con luz natural, una locura. En una escena fundamental, los actores se vieron obligados a cruzar un río con una temperatura de 30 grados bajo cero. Era tan extremo el frío que los productores querían evacuar a todo el equipo pero Iñárritu, colérico, se negaba y tachaba a su equipo de cobarde y acomodado. Les pedía que vivieran las salvajes condiciones del protagonista de película. Finalmente, Iñárritu se vio obligado a parar el rodaje y evacuar, aunque siguió rodando cronológicamente. No fue aquel el único rodaje en el que hizo sufrir a su equipo. Rodando en Ciudad de México BARDO, crónica de unas cuantas verdades, muchos figurantes de la película denunciaron en redes sociales que se les sometía a jornadas abusivas y sin las adecuadas pausas para comer. También se quejaban de estar expuestos a las inclemencias del tiempo durante excesivas horas.En los mentideros del cine todo el mundo sabe que rodar con Iñárritu es parecido a ir a la guerra
Pronto veremos Digger, protagonizada por Tom Cruise y un presupuesto de 130 millones de dólares. Por supuesto, no han faltado los haters que han atacado a la película (por su fotografía y el maquillaje de Cruise) solo viendo su tráiler. Sabremos si los haters tenían algo de razón el 2 de octubre, cuando se estrene la octava película de Alejandro González Iñárritu.
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