[VIDEO] JULIO LÓPEZ 20 AÑOS – MUESTRA INMERSIVA

Como escribió el historiador italiano Alessandro Portelli sobre La Plata, «esta ciudad aparentemente anónima donde las calles no tienen nombre sino números, perpendiculares y diagonales, es un poco como Roma: no se puede dar un paso sin sentir la historia bajo los pies. Aquí, una historia reciente todavía está sangrando». La Plata fue una de las ciudades más castigadas por la dictadura, debido, entre otras cosas, a esa particular intersección que se dio aquí, como en pocos lugares, entre un fuerte movimiento obrero y una omnipresente cultura estudiantil. Pocos días antes del vigésimo aniversario de la segunda desaparición de Julio López se cumplieron 50 años de la Noche de los Lápices, mientras que el próximo 24 de noviembre se cumplirá también medio siglo del ataque a la llamada «Casa de los Conejos». Todo esto nos llevó a preguntarnos: ¿cómo rememorar aquella historia sin caer en una mirada que solo ve víctimas y desgracias, despojada de toda consecuencia para el presente, como tantas veces ocurre con las «conmemoraciones» oficiales de los años 70 a las que nos acostumbró el peronismo a partir de 2003? Es cierto que, en algunas ocasiones, funcionarios estatales plantearon, de manera bastante anodina, que estaban «continuando los ideales de la generación de los 70». Pero esto es falso. Como dijimos en la muestra, en los años 70 no se discutía si la revolución era posible o no: se la consideraba una posibilidad evidente y, a lo sumo, se discutían las distintas estrategias para hacerla triunfar. Los asesinados y desaparecidos de aquella década fueron, en su gran mayoría, luchadores, militantes y combatientes caídos, no simplemente víctimas. La Plata fue una ciudad que se sumó de lleno al ascenso revolucionario de aquellos años. Lo hizo con sus discusiones políticas en el Comedor Universitario, donde se organizaba la solidaridad obrero-estudiantil, y con el desarrollo de la Coordinadora local de gremios y empresas en lucha, que agrupaba a activistas combativos y antiburocráticos de 16 empresas y lugares de trabajo de La Plata, Berisso y Ensenada, entre ellos la UNLP, Propulsora Siderúrgica, el Astillero Río Santiago, Petroquímica Sudamericana y los trabajadores de la carne de Berisso. Todo lo contrario de gestionar la democracia de la derrota sin revertir, en lo sustancial, la herencia de la dictadura y del menemismo, aunque acompañándola, eso sí, con un discurso de derechos humanos, como hizo el peronismo desde los primeros años de este siglo. Y, aun así, el recuerdo de la segunda desaparición de López sigue siendo terriblemente incómodo para el poder y para todos los gobiernos que se sucedieron desde 2006 hasta hoy. Después de la enorme movilización popular que terminó estallando en las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre de 2001, se anularon las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y comenzaron a realizarse nuevos juicios por crímenes de lesa humanidad. Uno de los primeros fue el que sentó en el banquillo de los acusados al comisario de la Policía Bonaerense Miguel Ángel Etchecolatz. López fue un testigo fundamental en esa causa. El día de la sentencia, el 18 de septiembre de 2006, desapareció, evidentemente a manos de sectores vinculados a la misma policía y con el objetivo de amedrentar a futuros testigos. Allí desempeñó un papel fundamental Myriam Bregman, abogada de López e impulsora de la movilización por su aparición con vida. Desde los gobiernos bonaerense y nacional de entonces, encabezados por Felipe Solá y Néstor Kirchner, respectivamente, se embarró y entorpeció sistemáticamente la investigación. Por aquellos mismos años, además, desde sectores del gobierno provincial y del gobierno municipal encabezado por el peronista Julio Alak —hoy nuevamente intendente— se encubría a dos integrantes de la CNU, una organización fascista de la derecha peronista, acusados de asesinatos: el Indio Castillo y Pipi Pomares. El caso solo salió a la luz años después, a partir de las investigaciones periodísticas de Daniel Cecchini y Alberto Elizalde Leal. Hoy, con Axel Kicillof como gobernador, el peronismo provincial y local realiza todo tipo de homenajes a José Ignacio Rucci, burócrata sindical de la derecha peronista con vínculos con la CNU, al tiempo que incorpora a sus filas a «figuras» como el nazi Santiago Cúneo. Desde la vereda opuesta a ese doble discurso, en la muestra inmersiva contamos también con el testimonio de compañeros que se movilizaron durante aquellos años: activistas de derechos humanos, hijos de desaparecidos, abogados e integrantes del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos, del que forma parte Myriam Bregman. Sus testimonios reconstruyeron la historia de la lucha por el juicio y castigo a los genocidas desde 1983 y, posteriormente, la historia de la impunidad y de la lucha por Julio López. Como homenaje a esas generaciones —la de los años 70 y su lucha revolucionaria, y las posteriores, que intentaron reconectar con aquella experiencia—, y como un eslabón más de la lucha por una sociedad sin explotación ni opresión, hicimos esta muestra intentando transmitir algo de aquella pasión. Estas actividades forman parte de un ciclo que comenzó en julio con otra muestra inmersiva multimedia, realizada en ocasión de los 90 años del comienzo de la Guerra Civil Española, y que continuará con distintos eventos de este tipo hasta fin de año. Pasen y vean el registro en video.

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