Entre 1817 y 1820, mediante la Imprenta Federal, se difundieron “noticias falsas” con el propósito de erosionar la reputación del líder del Directorio, Juan Martín de Pueyrredón, del jefe militar, José de San Martín, y del Director Supremo de Chile, Bernardo de O’Higgins. En su nuevo libro, Conspiraciones(Edhasa), la doctora en Historia Beatriz Bragoni reconstruye lo que se conoció como la Guerra de la Pluma. De las imprentas clandestinas a los fusilamientos por lesa patria, Bragoni analiza cómo la propaganda opositora puso en jaque a los gobiernos de Buenos Aires y de Chile. “La manipulación de la verdad no es novedosa. La disputa por el control del relato público es tan vieja como la misma política”, dijo la historiadora en diálogo con Clarín.
–¿Qué te llevó a escribir este libro?–El libro repone un capítulo olvidado de la historia de la revolución rioplatense y chilena del que me había empapado al escribir las biografías de San Martín y José Miguel Carrera. A través de ellas pude apreciar el peso del antagonismo político en el sector patriota, el papel que cumplió el sistema de información oficial y clandestino en el debate público que marchaba en paralelo al desarrollo de la administración y la guerra en ambos lados de la cordillera, y la manipulación o arbitrio de la maquinaria judicial y policial para silenciar las voces de los opositores entre el triunfo de Chacabuco en 1817 y el desplome del orden directorial en 1820. En ese litigio, el chileno Carrera encaró junto a los desterrados del gobierno de Pueyrredón una agresiva política de propaganda desde Montevideo con el fin de horadar la legitimidad del gobierno rioplatense y chileno, y contribuir a su destitución. La idea de reconstruir los términos de la discusión política me condujo a perseguir las huellas de los conspiradores, de sus cómplices e informantes, y poner en diálogo los distintos soportes editoriales que salían de la Imprenta Federal con la prensa porteña y chilena. También resultó interesante detectar el impacto de los sucesos rioplatenses y chilenos en la prensa norteamericana e inglesa disponible en plataformas de acceso abierto.CUL / Beatriz Bragoni–El poder de la palabra tuvo un gran impacto, ¿podrías contarnos qué fue la guerra de la pluma?–La expresión “guerra de pluma” alude a un fenómeno corriente de las guerras de independencia hispanoamericanas (y de la librada en la península contra las tropas napoleónicas) que atribuye a la prensa un rol determinante en la formación o control de la opinión pública como resorte de legitimación de los ensayos de autogobierno resultantes de la crisis imperial. Sobre todo, porque la noción de opinión pública en el momento revolucionario era entendida como unanimidad o suma de opiniones particulares. Es decir, no está presente la idea de pluralidad de la conversación pública. Muy temprano, el primer triunvirato emitió un reglamento donde se hacía eco del dilema en torno a su ejercicio, sus eventuales abusos y sus sanciones. De allí que la producción y circulación de papeles públicos refractarios al gobierno pusiera en entredicho la estabilidad y crédito del gobierno rioplatense y chileno. Un asunto crucial en tanto la guerra en Chile no había concluido y la diplomacia revolucionaria bregaba por obtener el reconocimiento internacional y auxilios para avanzar sobre Lima por la ruta del Pacífico. De allí la importancia de reponer la atención en los perfiles y motivaciones de los conspiradores, los artefactos de impresión, la agenda acusatoria de los actos de gobierno o de la conducción de la guerra y la manera en que los papeles o libelos se difundían en Buenos Aires o en Santiago poniendo en riesgo la credibilidad pública de ambos gobiernos, y lo que no es menor en Chile, la cohesión de la fuerza militar. La guerra de la pluma tuvo su punto culminante entre 1818 y 1819, cuando los papeles públicos y caricaturas que salían de la Imprenta Federal alcanzaron una magnitud inusitada, convirtiéndose en pruebas de delito de lesa patria.–¿Cómo se construían las noticias falsas y qué influencia tenían en la opinión pública?–Es interesante advertir que la expresión “noticias falsas” formó parte del vocabulario político del mismo Pueyrredón al momento de desacreditar las voces opositoras, clausurar periódicos y justificar el destierro de sus enemigos o adversarios que cuestionaban dos cuestiones relevantes: las negociaciones diplomáticas para adoptar la monarquía constitucional y la decisión de habilitar la invasión portuguesa en la provincia oriental. En sentido estricto, no se trataba de noticias falsas porque algo de “verdad” tenían. Sobre todo, porque las acusaciones o denuncias hacían hincapié en el desvío de preceptos liberales o republicanos (como la supresión de la libertad de imprenta y el incumplimiento del debido proceso en causas judiciales), el carácter despótico del gobierno de Pueyrredón y O’Higgins, la concentración de cargos en la administración y, muy especialmente, la intervención de los hombres de la logia y de Buenos Aires en la vida política chilena. A la vez, las denuncias sacaron a relucir las negociaciones diplomáticas secretas que tenían como horizonte coronar a un rey borbón en el Río de la Plata. Las mismas eran juzgadas como inaceptables por los opositores que promovían la fórmula republicana.–¿Por qué decís que el sistema de comunicación oficial estaba en jaque?–Porque la propaganda de la Imprenta Federal exigió al gobierno de Pueyrredón y de O’Higgins ajustar los mecanismos de control y espionaje contra sus adversarios mediante requisas de equipajes y de la correspondencia, protestar ante el gobierno portugués porque daba rienda suelta al accionar de los proscriptos, responder las acusaciones vertidas en los papeles “incendiarios” en la prensa oficial y aplicar castigos ejemplificadores a los conspiradores. No resulta extraño advertir la importancia dada a las denuncias en tanto las noticias de Buenos Aires y de Santiago eran recogidas por publicistas norteamericanos e ingleses, instalando dudas sobre el derrotero institucional de los gobiernos libres fundados por los revolucionarios del sur.–¿Qué lugar tenían las opciones monárquicas?–En el Río de la Plata revolucionario se barajaron varias candidaturas de príncipes europeos para fundar las bases de los gobiernos libres en respuesta a la restauración legitimista en Europa continental, el veto impuesto a encumbrar a un Inca a la cabeza del edificio político (como había propuesto Belgrano en 1816) y la ausencia de dinastías criollas. Las preferencias monárquicas eran mayoría en el Congreso y justificaron el envío de misiones diplomáticas antes y después de la declaración de la independencia, cuyas propuestas fueron discutidas y aprobadas en sesiones secretas. Pero si bien la monarquía había sido alentada desde la prensa oficial, el humor popular estaba lejos de aceptarla como fórmula de gobierno legítima. Alrededor de ese malestar, y de la guerra que libraba Pueyrredón contra los pueblos del Litoral, los papeles de la Imprenta Federal carcomieron los cimientos del régimen directorial.
–También profundizás en el llamado “affaire de los franceses” y el delito de lesa patria.–Sí, se trata de un episodio desafortunado por el que dos franceses, Charles Robert y Jean Lagresse, fueron fusilados en Buenos Aires en 1819 por haberse comprobado que estaban enredados en la maquinaria conspirativa liderada por Carrera desde Montevideo. Eran oriundos de la diáspora napoleónica y editaron un periódico, El Independiente del Sud, que fue clausurado por el gobierno, por lo que pasaron a Montevideo y compusieron un texto o manuscrito con la idea de publicarlo en Francia y refutar las versiones optimistas que difundía el abad Du Pradt sobre el gobierno de Pueyrredón. Más allá de la verdad o falsedad de las opiniones allí vertidas, lo cierto es que el texto se convierte en plenísima prueba para condenarlos a muerte. No se trata de un tema menor en tanto los franceses fueron juzgados por el fuero militar, un asunto que fue protestado por el defensor y la colectividad de franceses, pero que no fue tenido en cuenta por las autoridades en cuanto lo que estaba de por medio era la sanción de la Constitución de 1819 que, si bien adoptaba el régimen representativo, no había precisado la forma de gobierno a adoptar. La censura y el castigo dado a los opositores constituyeron un capítulo amargo de la revolución rioplatense y chilena e instalaron una mancha en la reputación de Pueyrredón, O’Higgins y San Martín que la historiografía consiguió disipar en función de sus firmes compromisos con la independencia. El fusilamiento de los hermanos Carrera en 1818 y el de los franceses en 1819 fueron actos ejemplificadores que tenían como objeto domesticar a los opositores en el marco de facultades extraordinarias delegadas al director supremo por el Congreso.–¿Qué periódicos de la época consultaste y con qué te encontraste?–Los principales fueron: La Gaceta de Buenos Aires, El Censor, El Redactor del Congreso Nacional, El Hurón (de la Imprenta Federal), El Independiente del Sur, El Duende de Santiago (que se publicó en 1818 en respuesta a la incisiva política de propaganda carrerina), La Gaceta de Santiago de Chile, El Español Constitucional, editado por Pedro Pascasio Fernández Sardino; también consulté exponentes de la prensa de Baltimore y de Londres mediante consultas en repositorios virtuales. A ello hay que sumar los papeles, manifiestos, avisos y comidillas impresos en Montevideo que están alojados en el Museo Histórico Nacional del Uruguay.La manipulación de la verdad no es novedosa. La disputa por el control del relato público es tan vieja como la misma política.
Beatriz Bragoni, historiadora.
–¿Se puede establecer algún paralelismo entre aquellas construcciones de noticias falsas y las actuales?–La manipulación de la verdad no es novedosa. La disputa por el control del relato público es tan vieja como la misma política. La era digital ha agudizado el problema en vista de la multiplicación de plataformas, el papel de las redes en la comunicación pública y el fin del monopolio de la información de los grandes medios. Lo que sí es novedoso es la agresión del lenguaje presidencial, aunque hace rato que asistimos al deterioro de la conversación pública y la descalificación de voces disidentes.
Beatriz Bragoni básico
Es doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires, profesora titular en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo, investigadora superior del Conicet y Académica de Número de la Academia Nacional de la Historia.
Realizó estudios posdoctorales en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París.
Es autora de numerosos libros entre los que se destacan La dirigencia política argentina. De la organización Nacional al Centenario, de 2023, y Las mujeres de la Revolución, de 2025, ambos editados por Edhasa.
Conspiraciones. Noticias falsas y justicia revolucionaria en el origen de la Argentina, de Beatriz Bragoni (Edhasa).