Wag the Dog: si lo vi en la tele, debe ser cierto

Para sorpresa de casi nadie, Trump ha mentido, específicamente sobre la guerra de Irán: la destrucción de navíos y ejércitos proclamada por su alcohólico “secretario de Guerra” no es suficiente para desbloquear el estrecho de Hormuz , e irónicamente, la única victoria de este bélico desastre podría ser de los demócratas en las votaciones del mes que viene. Pero las guerras también son una narrativa, usualmente desconectada de la realidad e indiferente a los millones de asesinatos que produce para sostenerse: Vietnam fue una defensa del terrible comunismo, no el mantenimiento de supremacía imperialista. Iraq fue por la amenaza de armas nucleares, no por el petróleo. Y Gaza… Gaza no existe, porque todo ha sido, es y será Israel.
Wag the Dog es una de esas comedias que ya no dan tanta risa, porque su farsa se convierte en una especie de perversa verdad
Muchas veces, la realidad es sólo lo que se ve suficientemente real, y Wag the Dog es un (teóricamente) gracioso ejemplo sobre la manufactura de esta visión. Estrenada en 1997, esta película plantea a un presidente en vísperas de reelección, atrapado infraganti con una mujer menor de edad (los realizadores de esta película sabían algo sobre Bill Clinton, décadas antes que todos nosotros). La distracción perfecta de esta inmoralidad es una guerra (que no es inmoral), y en donde no la hay, se hace. Así, los Estados Unidos deciden “invadir” Albania, con las cámaras, escenografía y efectos especiales de Hollywood. Es totalmente falso, pero como se puede ver, entonces es real.
En el mundo de Wag the Dog no hay bebés muertos de hambre, soldados literalmente podridos en alta mar o escuelas convertidas en polvo, porque nada de eso existe. En el mundo de Trump sí que existen, pero no importan
Wag the Dog es una de esas comedias que ya no dan tanta risa, porque su farsa se convierte en una especie de perversa verdad. O en el peor de los casos, es LA verdad: no sólo porque Trump se inventa invasiones muy reales a Venezuela e Irán, sino porque todo su mundo (y por lamentable extensión, casi todo el mundo) opera bajo los principios más aburridamente básicos de la ficción; él es un héroe, siempre hay alguien o algo malo a quien sólo él podrá vencer, y todo estará bien al final. En el mundo de Wag the Dog no hay bebés muertos de hambre, soldados literalmente podridos en alta mar o escuelas convertidas en polvo, porque nada de eso existe. En el mundo de Trump sí que existen, pero no importan. Y si esta película es una lección sobre la alarmante facilidad para engañar a la gente con algo que no es real, la historia reciente de los Estados Unidos es la constante práctica de esa lección, como elemento indispensable para su propia supervivencia.
Los Estados Unidos deciden “invadir” Albania, con las cámaras, escenografía y efectos especiales de Hollywood. Es totalmente falso, pero como se puede ver, entonces es real
Poco después de que anunciara la invasión a Irán, CNN reemplazó sus usuales gritos de indignación hacia Trump con porras de victoria garantizada. La fórmula del héroe (que un minuto antes era lo peor del mundo) contra los malos (como si todo Irán fueran sólo los ayatolas), en funciones una vez más. Si Trump no fuera el cerdo público que es, y lo hubieran atrapado de una forma más “discreta” en un acto de profunda inmoralidad, quizás la invasión a Irán sería digna de Wag the Dog, en la absurda sencillez de su narrativa, y la crueldad de su realidad. Pero ambas existen, ahora mismo. Y sólo porque suficientes personas lo vieron en la tele.

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