Premios ACE: “No van a poder con el teatro”, la respuesta de Ingrid Pelicori al ajuste cultural

La 35.ª entrega de los Premios ACE, que distinguen a las producciones y los artistas más destacados del teatro porteño, tuvo una protagonista indiscutida: Ingrid Pelicori. La actriz recibió el ACE de Oro por su trabajo en La muerte de un viajante y aprovechó el reconocimiento para dejar un mensaje que excedió la celebración: “No van a poder con el teatro”. La ceremonia se realizó el lunes 19 de octubre en el Teatro El Nacional y estuvo atravesada por las referencias a la situación que atraviesa la cultura argentina bajo el gobierno de Javier Milei. Al recibir la máxima distinción, Pelicori agradeció a quienes acompañaron su trayectoria y reivindicó la pasión colectiva que sostiene la actividad teatral, incluso en momentos de “destrato hacia la cultura”. El discurso puso en palabras una preocupación que atraviesa a artistas y trabajadores del sector: cómo sostener la producción cultural en un contexto de ajuste, pérdida de recursos y cuestionamientos al financiamiento público. Frente a ese escenario, la defensa del teatro también es la defensa de quienes trabajan para mantener viva una actividad fundamental para la sociedad. Hairspray, la gran ganadora El musical Hairspray, dirigido por Fernando Dente, se llevó seis estatuillas y fue la producción más premiada de la noche. Obtuvo los reconocimientos a mejor musical, dirección general, revelación para Damián Betular, coreografía, sonido y producción. También se destacó La obra, de Mariano Pensotti y Grupo Marea, que ganó en los rubros de autoría, dirección de drama y comedia dramática y mejor espectáculo de ese género. Entre los demás premiados estuvieron Diego Capusotto, por su actuación en Tirria; Fernanda Metilli, por Berlín, Berlín; y Leonardo Sbaraglia, por Los días perfectos. Además, Moria Casán y Soledad Silveyra recibieron reconocimientos por sus trayectorias. Defender la cultura frente al ajuste Los ACE reconocen el trabajo de actores, directores, dramaturgos y equipos técnicos, pero la ceremonia también dejó expuesta una discusión política: qué lugar ocupa la cultura en una sociedad y qué condiciones materiales necesitan quienes la producen. La consigna de Pelicori no fue solamente una expresión de entusiasmo por el premio. En un escenario de ajuste y ataques a la cultura, reivindicar el teatro implica defender a sus trabajadores, sus espacios de producción y el acceso de la población a las expresiones artísticas. Frente a un Gobierno que desprecia buena parte de la producción cultural y cuestiona el papel del Estado, las palabras de la actriz resonaron como una respuesta colectiva. Porque el teatro no se sostiene únicamente con talento y vocación: necesita trabajo, presupuesto y condiciones dignas para que la cultura siga existiendo.

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