Iron Maiden en Argentina festejó 50 años en dos noches infernales

Cinco décadas no son nada, tal vez sí en la vida de una persona pero no para “la Historia” grande de la música y del Heavy Metal en particular. Y si hablamos de Historia con H mayúscula es inevitable pensar en la banda británica Iron Maiden. Efectivamente desde aquél octubre de 1992 en cancha de Ferro, la banda liderada por el bajista Steve Harris visitó nuestro país en 18 oportunidades, incluyendo los dos conciertos en el estadio Tomás Ducó del 20 y 21 de octubre. Actualmente, la banda se encuentra en plena gira mundial y Argentina es una parada obligada. “Run for your lives” fue el nombre que titula la gira y, al ser una gira de festejo por el largo y brillante recorrido, la lista de temas estuvo plagada de grandes clásicos. La H No murió fue la banda soporte, para calentar al público. “Craneo candente”, “Soy de la esquina” y “Hospitalarias realidades” fueron algunos de los clásicos que sonaron en el estadio quemero, para encender al público.
A las 21hs empezó la intro. Luces apagadas, corazones ardientes. Así fue en todos los rincones del estadio, de un público intergeneracional que escuchaba “The ides of march” y pegado “Murders in the rue morgue” y luego “Wrathchild”; todo un homenaje a los dos primeros discos cantados por Paul Di’ Anno. Así abrió Maiden, con una patada en los dientes. El show a nivel de imágenes y puesta en escena fue de lo mejor que ofreció la banda a sus seguidores en todo el mundo. De hecho, la puesta en escena es una marca registrada de los Maiden desde hace cinco décadas son vanguardia en ello. No faltó Eddie, la mascota, que apareció dos veces, una con campera de cuero y un hacha en la mano y la otra vestido de soldado británico con una espada en la mano, en la interpretación de “The trooper”, donde Dickinson hizo flamear la bandera Argentina, tal vez para que no se pudra como en 2001 pero la hizo flamear y de todos modos no faltó gente, al menos en el campo, que de todas formas cantó “El que no salta es un inglés”. Y si, venimos del mundial y el trapo de la Scaloneta “Las Malvinas son Argentinas” y de la batalla del 6 de agosto contra la extranjerización de las tierras, esas cosas no se olvidan incluso en un momento de disfrute.
El show fue espectacular. Hubo clásicos de los discos “Powerslaves” como el tema que le da el nombre al disco, “Aces high” y el recontra temazo, “Rime of the ancient mariner”. Las tapas de los discos adornaban toda la puesta en escena, asi que vimos a un Eddie faraón y oscuro, al Eddie en el hielo con “Seventh son of a Seventh son”, al Eddie antibélico denunciando la maquinaria engrasada de guerra con “2 minutes to midnight» y más porque, sinceramente, fue un show para empacharse y embriagarse ironmaidenistacamente hablando, de hecho siento que le debo un buen sanguche de bondiola a cada integrante incluyendo al batero Simon Dawson, que en esta gira reemplazó a la leyenda Nicko Mcbrain.
Los tres violeros se lucieron: Dave Murray que está en la banda desde 1976, Adrian Smith desde 1980 y regresó junto al vocalista en 1999 y finalmente Janick Gers que se sumó en 1990, o sea recién en los últimos 26 años. Con semejante bandaza ¿cómo no festejar los primeros 50 pirulos, no?
El bajo de Steve Harris es demoledor. Es muy pero muy difícil encontrar palabras para describir a ese tipo, el cerebro creador de la Bestia. Si, como vemos en la portada de “The number of the beast” Eddie maneja como una marioneta al mismísimo diablo y éste a una persona diminuta, el que maneja a Eddie es Steve Harris, una leyenda. Párrafo aparte merece Bruce Dickinson. El tipo, no solo es un gran cantante. Es un dramaturgo y un gran intérprete, él no canta; te cuenta una historia con el cuerpo, con la gestualidad. Pasó en “Powerslave”, totalmente poseído, interpretando la letra, pasó en “Hallowed be that name”, cantando adentro de una jaula con luces rojas, salió a escena con campera de cuero y en “Fear of the dark”, lucía una galera, un sobretodo negro y un farol, caminando por el cementerio, cantando y contando la historia de porqué tememos a la oscuridad y cada tanto escuchabamos el clásico «Scream for me Bueos Aires… Scream for me Argentina» para que las masas terminen jugando con la locura.
El final del show fue simplemente épico y la viola de Adrian Smith erizó la piel de más de 50 mil personas que, a esa altura, ya estaban (estábamos) simplemente del tomate: “Wasted years” que nos viene a recordar lo importante, no buscar en los años dorados porque lo importante es no perder tiempo en los años pasados “Cara arriba, ponte de pie / Y date cuenta de que estás viviendo en los años dorados”. Y te lo dice Maiden con 50 años de vida.
Las masas se rompieron las manos aplaudiendo e hicieron cuernitos al cielo encapotado. En el público una familia tenía sus propias casacas hechas especialmente para la ocasión. En la espalda se leía: “Iron Maiden: Abuelo”, el del medio “Iron Maiden: Hijo” y el tercero “Iron Maiden: Nieto”. Todo con la caligrafía de la Doncella de Hierro. Una postal que, de alguna manera, resume que la pasión por la Doncella de Hierro a través del tiempo es invencible.

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