Dos pianos: sentimientos confusos y desbordados

Mathias (François Civil), hoy un hombre, es un concertista de piano que otrora fue un niño prodigio. Los últimos conciertos que dará en Lyon, su mentora Elene (Charlote Rampling), son la excusa que lo trae de regreso después de un tiempo de autoexilio en Japón, donde daba clases de piano. La situación del retorno a partir de una llamada está planteada en la historia de fantasía que conecta y empuja a reencontrarse a una mujer y a su esposo geográficamente separados, que Pierre (Jeremy Lewin), un pianista, le cuenta a su esposa Claude (Nadia Tereszkiewicz), antes de ir a una fiesta en honor a Elena. Paulatinamente, a través de encuentros casuales que va teniendo Mathias durante los días de ensayos para el concierto, se va develando la trama oculta del pasado por la que este abandonó su prometedora carrera como pianista solista. Se trata del tormentoso amor clandestino que mantuvo con Claude mientras ella era la pareja de Pierre. Se instala así el tópico del melodrama romántico, un amor anómalo que trasciende las geografías y el paso del tiempo, donde la música que se va interpretando al piano va marcando el arco emocional de Mathias desde el tormentoso reencuentro con el pasado (la oscuridad de Bartok), hasta la serenidad de poder reencontrarse consigo mismo (que transmite la pieza de Bach que ejecuta en el final). En este regreso al pasado, Matthias descubre que en el trío de melodrama, si Claude no le eligió frente a su amigo Pierre e incluso le ocultó que Simon era su hijo, fue porque la inestable volatilidad de la pasión de su amor, le daba miedo; frente a la estabilidad del amor tradicional que podía brindarle Pierre. Es que, como bien dice Elena, ellos, como músicos dotados y virtuosos, están hechos para ser unos monstruos, por ende solitarios; en el punto en que la excelencia en la profesión les exige resignar la vida tradicional en familia. El retorno es entonces una segunda posibilidad de vivir la pasión romántica imposible, ahora porque Claude está viuda y aún en duelo, y de encontrarse con su destino como pianista heredero de Elena, tras su retiro profesional. Los dos pianos del título hacen referencia a la relación profesor-alumno o mentor y heredero, por un lado, pero también al trío de melodrama, pues tanto Pierre como Matthias son pianistas, dos hombres amigos, pero rivales en la atracción hacia la misma mujer. Incluso el piano, como símbolo de la pasión, da cuenta de para qué está hecho cada personaje, donde la intensidad y la virtuosidad de la manera como se toca dan cuenta de su manera de amar y de si ese arte es posible o no de ser compatibilizado con una vida cotidiana tradicional. La interpretación minimalista y contenida de Charlotte Rampling como la profesora y mentora exigente, atormentada además por las marcas que el paso del tiempo comienza a dejar en su cuerpo, está muy bien construida. Y también Nadia Tereszkiewicz construye muy bien la vacilación histérica de Claude entre la seducción y la sustracción, que tan caótico y confuso vuelve a Matthias. Por momentos, esta línea puede ser un tanto irritante, pero obedece a los códigos del género del melodrama, donde la atracción deseante y el amor pasión, lejos de ser un bien, es un mal que quema. Es por ello que los protagonistas del melodrama no pueden estar juntos, pero tampoco separados. La solución que encuentra la singular pareja romántica de Matthias y Claude para escapar al destino trágico del amor pasión es la distancia geográfica, lo que se alinea con la carrera de Matthias como pianista solista, aunque quedando en la incertidumbre si se tratará de una solución permanente o momentánea. Dos pianos de Arnaud Desplechin es un melodrama elegante y sobrio, cuyo mayor acierto está en la música y las interpretaciones, que logran transmitir el peso de la irrupción de las oscuras pasiones que danzan oscilantes entre el desborde y la contención.

Ficha técnica

Deux pianos. Género: drama romántico. Reparto: François Civil, Nadia Tereszkiewicz, Charlotte Rampling. Director: Arnaud Desplechin. Guion: Arnaud Desplechin y Kamen Velkovsky. Música: Grégoire Hetzel. Duración de 115 minutos, Origen: Francia, 2025.

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