Presentación del libro Memorias del apagón en el festival “Jujuy no se apaga”

El encuentro sucedió en el marco de la inauguración de la muestra permanente y festival Jujuy no se apaga, una experiencia novedosa en pleno centro de San Salvador de Jujuy en la casa de política y cultura socialista La Comuna. Participaron con sus obras actores y actrices, estudiantes de artes visuales, cine e historia, músicos, docentes, entre otros, en una convocatoria que sigue abierta para llevar la muestra a distintos puntos de la provincia. “La represión en Jujuy: 1974-1983” es el subtítulo del libro escrito por Delia Maisel. A 50 años de los apagones genocidas en Ledesma, la presentación contó con la investigadora y autora, junto al militante setentista y dirigente del PTS, Carlos “Titín” Moreira. Compartimos aquí algunas reflexiones necesarias para un presente cada vez más sórdido.

“Los hechos muestran el desprecio que los Blaquier tienen por los campesinos, indígenas y a ese médico que se atrevía a desobedecer las órdenes del Ingenio Ledesma” [1], decía Adolfo Pérez Esquivel en el prólogo escrito a 30 años de aquellas noches de terror. Hace 50 años se desató en Argentina una de las cacerías de brujas más grandes de la historia nacional. Las reflexiones y el contrapunto que aquí compartimos se vuelven urgentes frente al carácter de tipo feudal del poder que ejerce la empresa Ledesma sobre la provincia desde su fundación. El gigante cuenta con estrechos lazos con el poder de turno en el Estado, con grandes inversiones en medios de comunicación y hasta financian proyectos culturales poniendo sus tentáculos en todos los ámbitos de la vida. El genocidio sobre nuestra clase trabajadora nos pide que luchemos por memoria, verdad y justicia para que exista un futuro posible de libertad, sin explotación ni opresión. Nuestro presente nos ha cacheteado una mejilla, el advenimiento de Milei y Villarruel al gobierno retomó el camino de utilizar los recursos del Estado para negar lo sucedido. Temen que los sin derechos un día se levanten. En el mundo del genocidio en Gaza, de las manos ensangretadas de Trump y Netanyahu, de los jefes de nuestro presidente. En Jujuy, el gobierno radical de Sadir no dista mucho de los anhelos de la clase empresaria. Desalojan comunidades; responden directamente a los intereses de la familia Blaquier del Ingenio Ledesma dejando correr más de 330 despidos en 2025; le roba el sindicato a las maestras de ADEP; paga salarios de miseria y ofrece nuestros bienes comunes naturales como moneda de cambio para beneficios de unos pocos. Haría fácilmente “match” con Peter Thiel. Cinco décadas atrás la familia Blaquier fue parte activa del golpe y del terror ejecutado por las fuerzas armadas de conjunto, al igual que participaron sectores de la Iglesia Católica y empresarios extranjeros. Los llamados “apagones” reabrieron una herida que ya estaba allí marcada con sangre indígena. En rigor, “Ledesma” es el nombre de uno de los generales españoles que masacraron y esclavizaron a las comunidades que vivían en las yungas. Martín Ledesma y Valderrama cumplió su objetivo de “fundar una reducción indígena para reclusión de los salvajes” [2].

Hay que combatirla, porque la impunidad genera más impunidad

La muestra permanente y festival “Jujuy no se apaga” fue un espacio liberador. Pudimos reírnos y llorar con la literatura y el teatro, escuchar música en vivo, bailar, agitar, apreciar los salones con hilos de historia y pinturas que nos ayudan a recordar. En nuestra vida cotidiana es cada vez más difícil concretar tiempo para actividades recreativas. “La muestra está muy bien explicada a través de los recortes, las fotos y los cuadros. Está para pasarse horas leyendo y enterándose de cosas, sobre todo para quienes quizás no tienen mucho conocimiento. Yo quizás donde más me detuve, porque es algo que me toca muy personalmente, es en la cuestión del Operativo Independencia, en Tucumán. Ver los decretos firmados y cómo sucedió todo esto… Y quizás va a sonar un poco exagerado, pero cuando leía y recordaba, hasta escuchaba el ruido de los helicópteros encima de las casas durante los allanamientos y el ruido de los camiones llevándose a los compañeros”, decía Oscar Alfaro, ex detenido en la última dictadura, que compartió con nosotros.
También estuvieron presentes Lucía Torres (ex detenida), Virginia Díaz (hermana de desaparecidos) y María Reales que trajo su cartel de siempre que exige justicia por su hermano secuestrado en Calilegua. Los pasillos fueron recorridos por activistas de Adep, Cedems, estudiantes de terciarios de artes, de la UNJu, que se mezclaban con las familias y los aplausos. El festival [3] no se podría haber hecho sin el teatro de Juan Castro y Fernanda Uzqueda, las pinturas de Coyaart, Salei Art, Tomas Maya, Rita Cruz, Dai Sudañez, Benjamín Farfan y Romina Senas, la lectura viva de Miguel Ángel Quinteros y Teresa Báez, la memoria y la música de las bandas Alabastrio, Luna Delirante, Katú y Nor Questa. Como todos y todas las que colaboraron en cada detalle de esta gran expresión cultural contra la impunidad.
Esta puesta en pie de una muestra permanente en pleno centro de San Salvador de Jujuy, en nuestra casa de cultura socialista La Comuna, y un festival itinerante, se da en el marco del crecimiento de la izquierda, del lanzamiento en todo el país de más de 160 comités. No es casualidad que Myriam Bregman sea una abogada defensora de los derechos humanos que enfrentó a los genocidas en la justicia y fue abogada de Julio Lopez, desaparecido por segunda vez en democracia en 2006. La lucha y la vigencia de nuestros reclamos empalma con la necesidad de construir un partido de la nueva clase trabajadora que tenga esta perspectiva ante tanto negacionismo. Pasaron más de doscientas personas el día del festival, muchos jóvenes participaron, colaboraron artistas y estudiantes de arte en la puesta en escena. Fue un abrazo al alma entre tantos ataques, y es parte de organizar la bronca.
Con estas palabras Alfaro retrataba que “al estar en este evento, uno siente que, después de 50 años, tiene compañeros que siguen levantando las banderas de Memoria, Verdad y Justicia. Uno se siente acompañado en eso y sabe que lo que ha pasado, incluso antes del golpe de Estado, no hay que olvidarlo. En Ledesma, desde 1974 o 1975, ya había compañeros detenidos, como contaron algunas compañeras en sus testimonios. Todo esto que ha pasado tiene que servirnos para aprender y para levantar las banderas de aquellos compañeros que, en ese momento, luchaban por una sociedad más solidaria, por los valores humanos más altos, y buscaban ponerlos en práctica”. Un detalle no menor. Las salas inauguradas siguen abiertas al público, con un recorrido histórico que va del Cordobazo a los apagones, como también la cobertura periodística [4] de los hechos más relevantes y de las indagatorias del juicio al que escapó Carlos Pedro Blaquier (conoció la muerte luego de que la justicia frenara durante casi diez años su causa) [5]. Y vale recordar que esta muestra sigue en construcción, si estás leyendo esto y te interesa sumarte a la lucha por la memoria, verdad y justicia, escribinos a nuestro instagram: @lacomunajujuy.

La charla, el debate

Para Delia Maisel, los apagones de julio de 1976 no pueden entenderse sin reconstruir lo que había sucedido en Jujuy durante los años previos. Antes del golpe, la represión ya había comenzado a encarcelar y perseguir a los dirigentes del movimiento obrero, como Melitón Vázquez, Jorge Weisz y Carlos Patrignani, parte de la dirección del sindicato azucarero recuperado en el ´73. El estudiantado también estaba muy politizado y fue golpeado posteriormente luego de desarmar e intervenir el sindicato. Durante la semana del 20 al 27 de julio de 1976 la región se transformó en un territorio de persecución. “En total, se estima que hubo 400 personas detenidas durante aquella semana en Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar, muchos eran jóvenes estudiantes que volvían a ver a sus familias en vacaciones de invierno. Otros empleados u obreros de la empresa, o con actividad sindical y como ha investigado Victoria Basualdo fueron secuestrados docentes, médicos, abogados y estudiantes debido al extendido control de la empresa no solo de la actividad fabril sino de gran parte de la infraestructura social (hospitales, escuelas, viviendas y servicios básicos), lo que distintos investigadores han descrito como un “sistema de fábrica con villa obrera”” [6].
Los apagones fueron, además, un hecho particular de Jujuy, único en el país. La combinación entre el corte de luz (realizado por las usinas del ingenio), los secuestros y las camionetas de Ledesma utilizadas por las fuerzas represivas mostró de manera brutal la relación entre la empresa y el terrorismo de Estado. El testimonio de Raúl Bartoletti, recordó Maisel, fue clave para conocer la existencia de listas confeccionadas por la propia empresa Ledesma con nombres de personas que luego serían perseguidas. Uno de los momentos centrales de la charla, que aún retumba, fue el debate sobre por qué ocurrió el golpe de Estado y cuál fue su finalidad. Delia planteó que la dictadura buscó instaurar un modelo económico favorable a los grandes capitales nacionales y extranjeros. Titín Moreira introdujo un contrapunto: “¡Ojo! El sistema económico no cambió mucho. Ellos siguieron elaborando papel, azúcar, alcohol, distintos derivados de la caña de azúcar, etcétera. Y eso no cambió con la dictadura. Más allá de que haya avances en la tecnificación”. Incluso el menemismo antes y el mileísmo hoy “están transformando más la economía», acotó luego. La pregunta, entonces, era otra: “¿Los militares vinieron a cambiar un proyecto económico o vinieron a liquidar a una vanguardia que estaba poniendo contra las cuerdas a los Ledesma y amenazaba con quitarle el poder?”, dice Moreira. Veamos algunos hechos. En julio de 1974 muere el general Perón. En marzo de 1975 el gobierno constitucional de Isabel Perón “pasa por encima al sindicato de Villa Constitución, con muertos, desaparecidos y toda la dirección presa. Y acá en Jujuy, al mismo tiempo, intervienen el sindicato azucarero de Ledesma, rodean el pueblo, Melitón Vázquez logra escapar pero arrasan con el sindicato y meten presa a toda la dirección”, resume Carlos y aclara que meses después, la clase obrera tiene fuerza para salir a enfrentar al plan de ajuste brutal de Celestino Rodrigo, en el llamado “Rodrigazo” y hacen una huelga general en todo el país que se la imponen a la CGT y derrotan al gobierno [7]. La derrota no es sólo en lo económico, sino en lo político. “Se tiene que ir López Rega que era el ministro político y verdadero jefe de la AAA, como también se tiene que ir el ministro de economía C. Rodrigo, Isabel entra en crisis y pide licencia porque su gobierno estaba contra las cuerdas por parte del movimiento obrero. Luego Ítalo Lúder -que va a ser candidato del peronismo en el 83-, es uno de los firma los decretos de “aniquilamiento» de Isabel Perón junto con otro -que sale en televisión todos los días ahora-, Carlos Ruckauf que era ministro de trabajo después del “rodrigazo”. Entonces la memoria tiene que ser completa, no puede ser parcial. El genocio comenzó mucho antes que el ´76. El apagón fue después, pero el ataque a los obreros de Ledesma quedó más que claro que empezaron antes”, concluye el militante setentista.

Azúcar amargo

Así recordaba aquellos años agitados el dirigente azucarero Melitón Vazquez, luego de recuperar el sindicato, “llevamos una lucha contra el Pacto Social [8] junto a los compañeros de Tucumán, de la FOTIA. (…) Hicimos una huelga de unos quince días y el gobierno tuvo que retroceder y conseguimos aumento. Después vino la intervención de la FOTIA con cualquier cantidad de policías de la Federal” [9]. Con la unidad de la vanguardia antiburocrática [10] y la recuperación del sindicato habían demostrado la fuerza que podían alcanzar los trabajadores cuando se organizaban. Para Titín, la represión buscó destruir esa experiencia y a su vanguardia. Ratificando la tésis de Maisel, la intervención de Virginia Díaz, hermana de dos delegados de la empresa Ledesma desaparecidos en Calilegua (Carlos y Guillermo Diaz), recordó además que allí hubo secuestros incluso antes de los “decretos de aniquilamiento” firmados durante el gobierno de Isabel Perón. La dictadura no apareció de la nada el 24 de marzo de 1976, seguimos viendo, fue precedida por una represión que ya venía descargándose sobre los sectores más combativos. Se recordó también que la derrota de la FOTIA en Tucumán y el Operativo Independencia del 1975 fueron la antesala más brutal en el NOA, y es en la “Escuelita de Famaillá” que se instaura el método de los centros clandestinos [11]. Pero introdujo otra discusión: aunque existieron guerrillas, para marzo de 1976 ya se encontraban prácticamente derrotadas. Entonces, ¿por qué fue necesario un golpe militar-cívico-empresarial-eclesiástico de semejante magnitud? El objetivo, según el contrapunto desarrollado en la charla, era derrotar una experiencia mucho más amplia, una generación obrera y popular influenciada por la Revolución Cubana, el Mayo Francés, la derrota de Estados Unidos en Vietnam y los grandes procesos de lucha que atravesaban el mundo. Desde el Cordobazo en adelante, una nueva vanguardia había puesto en cuestión el poder de las patronales y del Estado. La ofensiva fue continental. Chile con Pinochet fue uno de sus anticipos. Los apagones de Ledesma fueron una expresión particular de esa estrategia: imponer un terror que no buscaba disciplinar solamente a quienes estaban vivos entonces, sino dejar una marca sobre generaciones enteras, para que nunca más levantaran la cabeza.

Sin memoria, verdad y justicia: no hay presente ni futuro

El puente con el presente apareció inevitablemente. Frente a los ataques actuales, Titín planteó que empieza nuevamente a crecer una conclusión: que la clave está en construir fuerza en los lugares de estudio y de trabajo, pero fundamentalmente en la calle. En ese sentido, recuperar la memoria no significa solamente mirar hacia atrás. Los testimonios que Delia Maisel reunió en Memorias del apagón son una herramienta para discutir el presente y el futuro. Porque sin memoria no hay futuro, pero tampoco lo hay sin justicia. Y esa justicia, como surgió de la charla, no llegará sola, tendremos que conquistarla con organización y lucha. Hoy, esa perspectiva empieza a encontrar un nuevo punto de apoyo en una juventud, mujeres y trabajadores que ven en Myriam Bregman una esperanza y una referencia. Por su magnitud y alcance, se trata de un fenómeno inédito: más de 10.000 personas comenzaron a organizarse en comités [12]. Esta nueva vanguardia puede ser la base para construir una organización independiente del Estado y de los distintos sectores burgueses, y avanzar en la construcción de un movimiento histórico de la nueva clase trabajadora. Porque una de las grandes lecciones de los años 70 es que no alcanzó con la enorme combatividad y organización que desplegaron trabajadores, jóvenes y sectores populares: faltó un partido revolucionario de la clase trabajadora que pudiera enfrentar al poder de la burguesía y disputar una salida propia. Ese es el desafío que tenemos por delante.

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NOTAS AL PIE
[1Maisel, Delia. Memorias del Apagón. Ed. Nuestra América. 2007
[2Nelli, Ricardo. La injusticia cojuda. Buenos Aires: Puntosur, 1988, p. 15.
[4Investigación y curaduría de estudiantes de historia de la UNJu, Leonel Quispe y Cintia Vargas.
[5“El laberinto judicial montado para proteger a los responsables económicos de la dictadura demuestra que la Justicia opera con una clara selectividad de clase. Junto a otras como Acindar, Ford, los Blaquier difícilmente puedan ser olvidados como uno de los grupos empresarios responsables del golpe de 1976. Los procesamientos contra Carlos Pedro Tadeo Blaquier, y su gerente operativo, Alberto Lemos, en la Causa 296/09 en la que se imputa al Directorio completo y su dueña, Nelly Arrieta de Blaquier, se dictaron en 2012, cuyos nombres se conocen a partir de la causa Luis Aredez, desaparecido en el año 1977. Estuvo frenada por más de diez años. Un fallo de la Cámara Federal de Casación Penal, impidió que Blaquier vaya a juicio oral, en marzo del 2015. La persistencia del poder económico de la familia Blaquier y la subordinación política de los sucesivos gobiernos constitucionales funcionaron como un mecanismo de impunidad, que lo eximió de dar cuentas a la justicia hasta el último día de su vida”. Liliana O. Caló y Kevo W. en “A 50 años del Apagón de Ledesma, no olvidamos, no perdonamos” disponible en https://www.laizquierdadiario.com/A-50-anos-del-Apagon-de-Ledesma-no-olvidamos-no-perdonamos
[8Un acuerdo entre el gobierno, los empresarios y la CGT, un pacto por dos años por el cual no podía haber aumento de salarios. Con abierta represión a quienes lo enfrentan, un artículo incluso aclaraba hasta 6 años de cárcel.
[9Nelli, Ricardo. La injusticia cojuda. Buenos Aires: Puntosur, 1988, p. 69.
[10También era destacado lo que ocurría en la Quebrada y en Mina El Aguilar, así como las luchas del movimiento docente encabezado por Marina Vilte: tanto Avelino Bazán como Vilte fueron detenidos y permanecen desaparecidos desde la última dictadura.

Kevo W.

Periodista y docente. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social (UBA). ENERC NOA. Miembro de Contraimagen Jujuy.

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