Francho Aijón: «Creo que la izquierda de verdad tiene que asumir su labor de ancla. Seguir firme en sus postulados. La gente, tarde o temprano, llegará»
Un compañero que en esta casa conocemos muy bien por su lucha activa e incansable contra cualquier forma de fascismo. Y no son pocas las formas en las que se manifiesta hoy esa lacra a lo largo y ancho del mundo, lamentablemente. Como coordinador de Antifascismos de Podemos, ha conectado con el Tablero múltiples veces para hablar de diversos casos, principalmente de uno que él ha seguido muy de cerca, la injusticia flagrante contra el derecho de manifestación frente a la ultraderecha que supuso la detención y la condena de los llamados ‘6 de Zaragoza’, uno de los cuales es su hijo, Javitxu. Lo que algunos despistados aún no saben es que además de su labor militante valiosísima, a lo que él se dedica en cuerpo y alma es principalmente al arte. Actor, cómico, escritor y activista, entrevistamos a Francho Aijón, a propósito de su nueva obra de teatro, ‘El derrumbe del amor’. ¿De qué fisura abierta en el universo de Francho nace la necesidad de escribir esta obra? Nace desde un impulso de honestidad. Yo necesitaba abrir ese debate, en el momento en que inicio la escritura del texto. El debate del amor. ¿Qué es el amor? ¿Cómo nos enfrentamos a él? ¿Cómo nos acercamos a él? Yo no vengo de una familia estructurada, que digamos. Freud estaría encantado de analizar mi relación con mis padres. Entonces, he tenido siempre una relación con el amor un poco rara. Podemos decir que tóxica, incluso. Y llegó un momento en que yo creo que estaba relativamente sanado, curado de esa toxicidad, pero necesitaba encontrar una respuesta, o al menos nuevas preguntas, de por qué el amor se había expresado en mi vida de aquella forma y ahora sin embargo de otra, creo que menos nociva. ¿Qué era eso del amor, capaz de presentarse con diferentes caras? ¿Era más amor una forma que la otra? ¿Había una verdadera y otra falsa? ¿Cómo se ama? ¿Cómo nos dejamos amar? ¿Qué es lo que juega alrededor del amor para que suceda, qué lo condiciona? ¿Cómo y por qué nace el amor? ¿Cómo y por qué se acaba, muere, se derrumba? ¿Es el amor cuando se apaga algo así como una fábrica abandonada? ¿Cuánto hay de literal en esta obra, cuánto de metáfora? Yo veo, como poco, tres planos. La historia literal que se narra, una metáfora del amor más en abstracto o en general, y una metáfora quizás del momento abismal al que se enfrenta la especie humana. Lo de la fábrica abandonada me parecía una imagen poética que me gustaba. También situé ahí a los dos protagonistas porque les necesitaba aislados. Pero, conforme iba escribiendo, me di cuenta de que era clave establecer la importancia que tiene en las relaciones de amor, o en el impulso de tener según qué tipo de relaciones, el determinado entorno social en que se dan. Lo material, al fin y al cabo. Intento trabajar, sobre todo en algunos de los monólogos del texto, la implicación que tiene el constructo que la propia sociedad te empuja a seguir. Los protagonistas se casan porque ella se queda “embarazadísima” y, aunque los dos se piensan muy libres y muy hippies en un momento dado de la vida, terminan casándose en un juzgado, no en Las Vegas disfrazados de Marilyn y Elvis, como proyectaban. Sí que creo que juegan esos tres planos que nombras. Dentro del debate del amor, era necesario establecer la relación personal entre ellos, para que hubiera un hilo en la historia, pero al final son un recurso para plantear preguntas honestas sobre las maneras que tiene el ser humano de adentrarse en el amor. Se juega una tensión de fuerzas constante en la obra en la que el amor y el odio se presentan de algún modo como dos caras inevitables de una misma moneda. ¿Es esto así en esencia para el ser humano o tiene bastante que ver con este sistema capitalista salvaje en el que jugamos al amor en esta coyuntura histórica contemporánea, y podríamos quizás soñar con otras formas diferentes de amarnos? Una de las cosas que me gustaría que quede claro, con esta obra, es que para mí las expectativas son las que generan normalmente un peor amor. Un amor demasiado ligado a lo externo, que no te permite vivir con la otra persona, convivir, cohabitar, de una manera sana. Cuando ves cómo se persiguen ciertas formas de amar que no cumplen con determinadas expectativas sociales hegemónicas, te lleva a pensar que será por algo, porque incomodan quizás, porque los poderes fácticos no quieren que nos atrevamos a vivir el amor de una forma mucho más libre. Puede resultar peligroso para ellos, para su entramado. Claro que si las relaciones sistémicas fueran otras diferentes a las que plantea e impone la sociedad capitalista, las formas de amar podrían ser más libres y mejores. ¿Cómo llega Francho Aijón a la interpretación y a la escritura? Lo que siempre he querido hacer es escribir. Conté en un poema cómo llegué al mundo de la literatura. Mi padre era camionero. Cargaba y descargaba en Badalona papel. A veces me llevaba con él en el camión, cuando era niño. Ibas ahí y había una montaña. Ediciones Bruguera, Ediciones no sé qué, editoriales que tiraban libros tarados, libros que tenían una página del revés, que sobraban. Mi padre me dejaba rebuscar allí y yo iba cogiendo cosas. Eso hizo que de niño leyera libros bastante extraños para mi edad, como ‘La dama de las camelias’, por ejemplo. Había muchas cosas que no entendía en absoluto. Me acerqué a la literatura así, de forma muy anárquica. A partir de ahí, empecé a escribir compulsivamente. Pero no me dio por estudiar. Me alejé de los estudios oficiales. Después de un tiempo de búsquedas y de pérdidas, me surge de pronto la oportunidad de actuar, concretamente desde el oficio de payaso. Aprendí el noble arte de ser payaso y eso fue lo que me llevó a amar cada vez más la interpretación. Luego vino la escuela de teatro y ahí se fusionaron la interpretación y la escritura teatral. Empecé a madurar en ambas disciplinas. Moviéndonos a tu lado más militante antifascista, pero haciendo referencia a cierta pregunta que sobrevuela también la obra. ¿Se puede reescribir el pasado cuando se está al borde de la muerte? ¿O es ya demasiado tarde? ¿Seremos capaces de darnos cuenta de lo que está pasando en esta sociedad protofascista a tiempo, o nos cogerá el toro en una repetición-farsa de la historia un siglo después? ¿Nos cogió ya y hace tiempo que el proto-fascismo ya tiene poco de proto? A ver, ¿cómo sonar mínimamente optimista? Creo que el toro ya nos ha pillado. Es lo que pasa sobre todo cuando la socialdemocracia agacha las orejas y acepta seguir reformando aquello que ya no es reformable. Las cosas han cambiado. Tenemos que entenderlo. Hay una propuesta de cambio de paradigma de los neoliberales, o llámalos como quieras, en la que no quieren regresar a nada que se acerque a aquello que se hacía llamar “estado del bienestar”, que ya era corto, sobre todo dado que implicaba a muy pocos países. Pues ahora ya ni eso. Estamos en otra fase. Yo creo en las anclas. Creo que la izquierda de verdad tiene que asumir su labor de ancla. Seguir firme en sus postulados. La gente, tarde o temprano, llegará. Porque la gente se va a decepcionar, como se decepcionó del fascismo del siglo pasado. Desde luego, la lucha tiene que librarse en todos los frentes. Hay que ejercer una lucha en la política institucional, en los medios, en la cultura, y sobre todo en la calle. La calle tiene que ser nuestro lugar. A partir de ahí, veremos si podemos equilibrar las cosas lo antes posible. De eso va. Estos fachas más visibles de ahora son de los que se van a ir con las orejas gachas. Mientras haya un desequilibrio a su favor, van a estar muy envalentonados, pero volverán a las cuevas. Cuando vuelvan a esconderse, ojalá hayamos aprendido por fin algo de lo que nos dice la Historia. Uno de los grandes problemas es que en el siglo pasado, después de lo ocurrido, a los fascistas se les dejó bastante tranquilos, mucho más de lo que merecían. Hicieron lo que hicieron, toda aquella mierda mundial terrorífica, y a los empresarios alemanes que lo financió no se les puso más que pequeñas multas, por ejemplo, que además muchos dejaron de pagar al poco; el colaboracionismo francés; el ataque a las izquierdas posterior en Italia; se permitió que continuara el fascismo español y el portugués: en Inglaterra se hizo como si allí nunca hubiera pasado nada; en EEUU más de lo mismo… Eso es lo que más me preocupa, que no seamos capaces de reaccionar de mejor manera que entonces, una vez que se vayan desinflando. Confío en la bonhomía, en la bondad de las personas por naturaleza, y en que las cosas cambiarán a nuestro favor. Confío en que entonces estemos a la altura. No puedo no preguntarte por ese caso paradigmático que has vivido de manera especialmente intensa y personal. ¿En qué momento está el caso de Los 6 de Zaragoza? ¿Cómo está Javitxu? Lo primero es recordar que hay dos chicos en la cárcel aún. Uno con un tercer grado, pero que sigue teniendo que ir. Hubo un indulto, que no es una amnistía. Eso implica, entre otras cosas, que quedan antecedentes penales y multas costosas que pagar. Significa que es una victoria, pero es una victoria pírrica. Tendríamos que hacernos mirar como sociedad. Por otra parte, en el caso de Javitxu y su entorno, ha servido para que tengamos todavía más consciencia de lo que es el fascismo actual y de cómo funciona metido en vena, tanto en las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, como en la judicatura. Dicho esto, estamos tranquilos dentro de lo que cabe, en lo personal. Cada vez que veo a Javitxu en una manifestación, eso sí, me pongo muy tenso y nervioso. Pero entiendo que es lo que hay que hacer, porque lo hace con total consciencia. Él está ahora trabajando también con la organización Transmuros, una organización a la que hay que apoyar, que se dedica a reclamar los derechos de las personas presas, que es otra problemática muy serie que tenemos en nuestras sociedades, a la que se presta insuficiente atención. La dejadez que hay en ese ámbito. ¿Qué papel desempeña para ti el arte, la cultura en general, y el teatro en particular, en cuanto a dar la batalla política? Decía el compañero Quequé el otro día en una entrevista que si le querían juzgar con espectáculo, ahí iba él, porque ese era su terreno. En una sociedad tan espectacularizada, esta ‘sociedad del espectáculo’ de la que hablaba Debord, creo que tenemos un rol bastante importante. Sabemos movernos en ese terreno, somos profesionales, podemos hacerlo mucho mejor que ellos. También porque tenemos a nuestro favor la literatura como arma. Bertolt Brecht, Augusto Boal… Tenemos la mejor literatura ahí y tenemos que volver a ella. Tenemos que volvernos a esa literatura, volvernos más radicales. Son tiempos para ello. Dejar de jugar tanto a la ambivalencia con los discursos del entretenimiento mass media. ‘Comedia X el Indulto’. Háblame un poco de esta propuesta arriesgada, capaz de aunar la comedia con la reivindicación frente a injusticias durísimas. ¿Cómo se te ocurre esto y cómo se ha ido desenvolviendo? Empezó con mi hijo en la cárcel. Hicimos un primer bolo en el mítico Picnic de Madrid. Salimos muy contentas. Y luego fuimos a Zaragoza, donde pude organizarlo con mi socio de la Compañía Sin Flow, Gerald B. Filmore. El planteamiento al principio fue extraño, porque con la compañía siempre hemos hecho un humor muy gamberro y el tema era delicado. Él me preguntaba todo el rato cómo enfocarlo, muy inquieto. Yo también le estuve dando vueltas. Estaba la mamá de Javitxu, la abuela, la pareja… Al final decidí que teníamos que hacer lo de siempre. Se hizo humor sin miedo, sin miramientos, pero también se leyó la carta de Javitxu, y se reivindicó con todo. Queríamos demostrar que era compatible una cosa con la otra. La gente cuando salió nos dijo que les habíamos hecho reír, llorar, armarse de rabia, emocionarse… Vinieron todos los cómicos de Zaragoza. Fue un encuentro muy bonito. Los cómicos son los primeros que agradecían poder participar en algo así. Corremos el peligro de que, si no tienen el lugar para expresarse en determinados sectores culturales políticamente, no lo van a hacer. Eso fue lo que me hizo pensar en que había que replicarlo también con otras luchas, otros casos. Y ahora estamos en la Taberna Garibaldi una vez al mes. Hemos hecho ya Comedia X el Indulto con las 7 de Somosaguas, con los 4 de Rebeldía, con los del Sindicato del Metal de Cádiz, con las 6 de la Suiza, Transmuros… Vienen a contar en qué están trabajando, qué están reivindicando, el dinero íntegro de la taquilla va para ellas, y los cómicos y las cómicas acompañan en un lugar que les emancipa de tener que hacer siempre open mics en sitios donde parece que si te muestras “demasiado político” te miran mal.
Puedes ver el contenido completo de la entrevista aquí:
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