La Peña Permanente: arte, organización y comunidad en Merlo

Una crónica sobre los primeros pasos de un espacio cultural y político que busca convertir el arte en una herramienta de encuentro, organización y transformación social.

Desde el primer comité

Fue el 6 de junio cuando nos reunimos por primera vez y dimos los primeros pasos para poner en marcha nuestro Comité de Merlo. Con el tiempo, su crecimiento permitió también la creación de nuevos comités en Moreno y Libertad.
Estábamos atravesados por el entusiasmo de lo nuevo y por las expectativas de conocer a tantas personas que comenzaban a acercarse. Llegaban con ganas de escuchar, pero mucho más con ganas de decir, discutir y proponer. Sobre aquel primer encuentro también sobrevolaba una noticia que había golpeado especialmente al mundo de la cultura: la reciente partida del Indio Solari. Entender el arte como fundamento de la «ranchada», en todas sus expresiones, es uno de esos tantos legados que dejó el Indio. Fue Fernando, profesor de música, quien junto a Colix, artista callejero y músico, puso en palabras una inquietud que atravesaba a muchos: «»Estamos desencantados con las políticas que llevaron al derrotero eterno de la oposición peronista. Por eso nos acercamos a este Comité de Merlo por Myriam Bregman.»»
Entre la avalancha de propuestas, una idea comenzó a cobrar fuerza: había que enfrentar las políticas que considerábamos nefastas y antobreras del gobierno de Javier Milei utilizando una de las herramientas más poderosas de transformación social: la cultura. Música, danza, teatro, pintura, radio abierta, poesía, murales. Todo podía formar parte de un espacio donde generar comunidad, encontrarnos y hablar de aquello que nos sucede todos los días.
Y entonces apareció una propuesta que terminaría convirtiéndose en nombre y propósito: La Peña Permanente. Recuerdo aquel regreso con frío en el tren, después de haber participado de una actividad frente a la Embajada de Bolivia, cuando trabajadores y campesinos expresaban su rechazo al gobierno de Rodrigo Paz. Desde el comité recién formado en Merlo surgía también la necesidad de acompañar las luchas populares.
«Que se sumen los artistas que quieran participar». «Tiene que ser un espacio que tenga continuidad, para que la gente venga no sólo a escuchar música, sino también a hablar de política». «Tiene que ser La Peña Permanente.» «Nos gusta ese nombre, ¿eh?»

Y surgió la Comisión de Arte y Cultura

El sentido de la organización colectiva no podía convertirse simplemente en un eslogan vacío. El propósito era construir un espacio nuevo para las y los laburantes, enfrentando una idea profundamente instalada en el sentido común: el individualismo. Principalmente, buscábamos que ese espacio pudiera contribuir a elevar y transformar la conciencia de una nueva clase trabajadora a través del arte, el debate de ideas y la acción colectiva y solidaria.
Así nació la Comisión de Arte y Cultura de los Comités de Merlo, Libertad y Moreno.
Jóvenes y otros no tanto. Artistas, músicos y trabajadores. Cada uno fue aportando ideas, sugerencias, sus manos, sus vehículos y, sobre todo, muchas ganas de hacer realidad una gran Peña Permanente. La premisa comenzó a sintetizarse en una frase:
Que el arte sea una herramienta de transformación política y social donde podamos atrincherarnos para mantener el espíritu y la conciencia en alto. Y entonces la idea comenzó a tomar forma.

Y finalmente llegó el día de la Peña permanente

Feria americana, fanzines, dibujos, música y mucho arte. Los trabajos de Jorge engalanaron las paredes de la Casa Cultural. Pero, sobre todo, comenzó a construirse un fuerte sentido de pertenencia hacia un lugar donde la palabra fuera de todas y todos.
Y cuando la lluvia mostró su peor versión, aparecieron las respuestas colectivas. Allá estaba Celes armando un techito para la parrilla. Más allá, Hernán llegando con el gazebo para aliviar las «pausas de hidratación». Los pibes preparando el sonido. La barra trabajando a pleno. Y muchas compañeras y compañeros sumándose para colaborar. Fuimos más de noventa quienes participamos de este primer paso de Las Peñas Permanentes —sí, las, porque vamos a seguir haciendo muchas más—. La jornada comenzó con Florcita, recitando poesías en apoyo al pueblo palestino, acompañada por los chicos de Nuria. El momento nos conmovió profundamente a quienes tuvimos el privilegio de escucharlos. Después llegó la música. Sonaron Nuria, Che Ernesto, Colix, Mariano y tantos otros. En medio de la jornada apareció una escena que sintetizó el espíritu que comenzaba a adquirir la Peña. «Che, pasé con mi hermano y nosotros tocamos. Sabemos que acá están con Myriam Bregman y pensamos igual que ustedes, siempre del lado de la lucha. Nos gustaría tocar, si se puede.» Y claro que sí. Así comenzaron a sumarse también nuevos artistas. Personas que empiezan a descubrir que existe un espacio que puede convertirse en un faro de referencia, no solamente para encontrarnos y disfrutar del arte, sino principalmente para organizarnos colectivamente y decir presente en cada lucha.
Por eso, compañeras y compañeros de los Comités de Moreno, Merlo y Libertad tomaron la palabra para compartir sus experiencias de la marcha del 6 de agosto y contar cómo la movilización popular había logrado hacer retroceder parte del proyecto de ley de extranjerización de tierras. El entusiasmo colectivo también se expresó en la invitación a participar de la próxima reunión del Comité de Merlo y, sobre todo, en la propuesta de que cada participante multiplicara la convocatoria.
Porque la idea de «permanente» no podía quedar solamente en el nombre. También hubo espacio para difundir la preparación de la próxima Marcha de la Bronca, convocada por Myriam Bregman y prevista para el 19 septiembre. Porque no sólo la Peña es permanente. También queremos que sea permanente nuestra construcción de una herramienta poderosa que represente a las y los trabajadores. Fernando lo resume de esta manera: «»El arte sana, transforma y eleva a las personas en momentos en los cuales el Estado cercena derechos, entre ellos el derecho a la salud mental. Estas iniciativas nos ofrecen momentos de encuentro con el otro, nos permiten romper el aislamiento y enfrentar el individualismo que nos quiere imponer el gobierno de Milei.»» La primera Peña Permanente terminó. Pero la construcción recién comienza. Porque quizás el verdadero escenario no sea solamente aquel en el que suena una guitarra, alguien recita un poema o se levanta una bandera. Quizás el verdadero escenario sea ese momento en que dejamos de estar solos, nos reconocemos en el otro y descubrimos que también podemos organizarnos para transformar aquello que nos rodea. La Peña Permanente es, entonces, mucho más que una peña. Es un intento de convertir la cultura en encuentro, el encuentro en organización y la organización en una herramienta colectiva de transformación.
Y como alguna vez dijo el Indio Solari:
«Reforzar y cuidar nuestro estado de ánimo es revolucionario.»

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