La revolución como fábula

El palacio azul de los ingenieros belgas Fulgencio Argüelles Acantilado. 320 páginas
El trasfondo de El palacio azul de los ingenieros belgas es la revolución asturiana de 1934. En la novela se narra el final de la decadente dictadura de Primo de Rivera, así como la llegada y los primeros años de la II República para finalizar con el intento de revolución que se produjo en Asturias. El narrador-protagonista relata su historia personal y la de sus allegados y, a través de ellos se vislumbran las posibles posiciones en torno a una situación política y económica que no tenía más salida que la de la revolución o la rebelión, entendida esta de diferentes formas. La situación social y económica demanda una respuesta por parte de los personajes. La realidad descrita en la novela interpela a los personajes, tal y como sucede con cualquier realidad y cualquier persona. Nalo, el narrador, asiste a todo lo que acontece como un espectador con poco margen para la acción, arrastrado por las decisiones de otros. Así, los personajes de la novela se posicionan de diferentes maneras, preparándose para los hechos decisivos de 1934. El gusto por el lenguaje preciso y bello del narrador se debe a la adquisición de conocimientos a partir de la lectura de la enciclopedia. Este interés le surge a Nalo por las demostraciones de erudición de Eneka, el jardinero junto con el que comienza sus días como trabajador en el palacio de los ingenieros belgas. La enciclopedia recupera así su primer sentido: el de albergar todos los conocimientos humanos y estar disponible para todo aquel que desea desentrañar el misterio de la sabiduría. Esto representa un primer acercamiento a la revolución entendida, en este caso, como revolución cultural, ya que la cultura es privilegio de unos pocos y popularizarla es el camino para alcanzar la libertad, no a través de la acción, pero sí por la senda de la sabiduría y el entendimiento. En Eneka esto se funde con el gusto por la poesía, y así llama a sus amantes por el nombre de las musas, primero a su mujer, Clío, y luego a la hermana de Nalo, a la que da el nombre de Calíope, enamorada de la poesía. Juega siempre el narrador con la idea de que las musas son hijas de la memoria, Mnenósine. La memoria, la poesía, el conocimiento van de la mano y son indivisibles. Pero desencadenan una revolución contemplativa, individual y estéril, a juzgar por el contenido del libro. Frente a ellos, está el abuelo de Nalo, antiguo capataz de las minas, persona práctica y formada en habilidades técnicas y manuales, que decide mejorar la vida de la gente realizando un proyecto que consiste en la canalización de agua para generar energía eléctrica y llevar agua corriente a todas las casas de los pueblos de la región. Después de haber conocido décadas de inoperancia, refugiado en el alcohol para hacer frente a las desgracias familiares y personales, renace en un periodo de actividad febril con la llegada de la II República, en la que consigue fondos para realizar todos sus objetivos, contando con el apoyo del pueblo, del gobierno civil e, incluso, de los terratenientes, aunque cada uno de ellos le ayuda por distintos motivos e intereses, evidentemente. Esta es una revolución de carácter técnica y consciente de las dificultades a las que se enfrenta. De hecho, ante la llegada de la II República y la algarabía generalizada, el abuelo responde a Nalo con las siguientes palabras: «Nalo, éstas son fiestas inútiles, el poder sigue ahí, con otros trajes y con otros nombres, pero con todos los vicios que siempre tuvo el poder». Por último, el primo de Nalo, Alipio, el violinista Caparina y el ruso Basilio toman el camino de la lucha sindical y las armas, para intentar combatir la violencia de la sociedad dentro de las minas y las fábricas para tomar el poder y construir un mundo nuevo, más justo, equitativo e igualitario. Pero todos ellos son derrotados por las armas y la violencia del estado y el ejército, con toda su crudeza, pues, como adelantaba el abuelo de Nalo, el poder seguía ahí, con otros trajes y otros nombres. Nalo, Alipio, Caparina y Basilio reciben varias palizas en el cuartel de la Guardia Civil, mientras se les demandan nombres de los líderes de los diferentes comités de los que formaron parte los días que duró la revolución, y, tras esto, se exiliarán o continuarán con sus vidas, ya destrozados moral y físicamente. El abuelo de Nalo muere en un bombardeo intentando realizar la obra de su vida, que también es destruida por las bombas. Eneka y Lucía/Caliope continúan con sus planes de poner en marcha una librería, como si la cultura fuera el último y único refugio posible para la disidencia.
En la novela se narra el final de la dictadura de Primo de Rivera, los primeros años de la II República y el intento de revolución que se produjo en Asturias. El narrador-protagonista relata su historia y la de sus allegados, con sus posiciones en torno a una situación política y económica que no tenía más salida que la de la revolución o la rebelión
Al margen de esto, en la novela se tratan otros temas interesantes, como que los hombres embrutecidos son, finalmente, maltratadores (el padre de Nalo, el marido de Lucía) y los hombres idealistas acaban siendo maltratados, como si no fuera posible escapar de la violencia, sufrida o ejercida sobre otros. Lo mismo sucede con las mujeres: están condenadas a sufrir violencia en cualquiera de sus formas, a no ser que se enfrenten a ella, con el mismo o diferente lenguaje. Así sucede con la madre de Nalo o su abuela, que sufren durante toda su vida; con Lucía, que se deshace de su marido, o con la hija de Eneka, que participa en las revueltas. Ellas y sus relaciones también plantean una dicotomía en cuanto a las relaciones personales: en la novela, estas se dividen en amor cruel y violento o amor liberador. Frente a estos personajes, de profunda dimensión psicológica, aparecen los ingenieros belgas y la alta sociedad, representando la degradación moral y la certeza de que el poder sobrevive a cualquier revolución o desastre. Apena pensar en la ficción con la perspectiva de un siglo. Estos personajes estaban condenados a encontrarse con una guerra civil y otra mundial apenas unos años más tarde. Sin embargo, las posiciones a tomar frente a un mundo injusto siguen siendo las mismas: todos nos enfrentamos a situaciones que exigen un posicionamiento, acciones de rebeldía. Por ello, hay que saborear las pequeñas victorias de cada día porque tendría que darse una cadena de milagros para conseguir cambiar las cosas.

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