Un mapa de resistencias: «Los sueños que compartimos»

Con la frase «es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo», atribuida al filósofo británico Mark Fisher, es posible sintetizar el espíritu crítico de la película Los sueños que compartimos, la ópera prima de la directora mexicana Valentina Leduc Navarro, que se estrenó en la Cineteca Nacional de la Ciudad de México. Tres historias de resistencia que transcurren en México, España y Alemania, atravesadas o inspiradas por el movimiento zapatista, son las que reúne este documental, el cual hace un llamado urgente para defender los recursos naturales a través de la participación de comunidades que plantean otras formas de relacionarse con su entorno muy distintas a las del capitalismo voraz. En entrevista para Diario Red América Latina, Valentina Leduc sostiene que la frase que originalmente formuló el filósofo Frederic Jameson, al sentenciar que «parece ser más fácil para nosotros hoy imaginar el deterioro total de la Tierra y de la naturaleza que el colapso del capitalismo tardío», configura una crítica demoledora y contundente frente al sistema político y económico imperante en el que hoy vivimos. «El capitalismo está tan metido en nuestras vidas, que nos parece imposible vivir de otra manera, bajo otro esquema económico –dice Leduc–, así como imaginar otra relación, en general, con el trabajo y el medio ambiente. Pero hay mucha gente en el mundo creyendo que necesitamos ir en otra dirección, ver otra posibilidad de relacionarnos. Me parece que esa creencia está dejando de ser utópica, naíf, y se está volviendo una emergencia mundial».
Leduc asegura que cualquier problema del que podamos hablar, ya sea ecocidio, genocidio, tiene que ver con la propiedad privada, pues la vida no importa bajo la lógica de la acumulación
Leduc Navarro retrata las consecuencias de un ecocidio global y pone ante la mirada de los espectadores la devastación del suelo en tres escenarios globales que son clave para mostrar cómo el capitalismo alienante sigue produciendo repercusiones nefastas a nivel individual y colectivo. De este modo, el documental recupera el caso de la empresa Bonafont, que bajo su mano extractivista estaba dejando sin acceso al agua a la comunidad de Santa María Zacatepec, en el municipio de Juan C. Bonilla, en Puebla. Asimismo, la directora nos lleva hasta España para conocer el proyecto de rescate de los activistas que trabajan en la recuperación de los bosques frente a las plantaciones de eucalipto que han deforestado el entorno natural a causa de la industria del papel. Dos historias que dialogan desde la resistencia con la de los activistas medioambientales que en Lützerath, Alemania, se enfrentaron también a la mayor mina de carbón a cielo abierto de Europa. Las tres situaciones invitan a cuestionarnos sobre la necesidad de imaginar un sistema económico distinto, es decir, nos llevan a pensar en un proyecto que ponga en el centro de la política la vida en común, y a ponderar el impacto global de decisiones que repercuten lo mismo en una comunidad indígena en México que en distintas zonas geográficas de Europa. En ese sentido, Valentina asegura que el zapatismo ha tenido una influencia muy grande en muchos colectivos europeos y mexicanos: «Es un movimiento que ha logrado avances concretos, tangibles, en sus comunidades. Y están muy vivos, con propuestas vanguardistas a nivel político. Su propuesta parte del trabajo en común. Por ello, con las tierras que recuperaron en los años 90, han planteado proyectos para otras comunidades no zapatistas, trabajando con otros pueblos originarios para abrir clínicas de salud, educación, etc.
Las alternativas al capitalismo voraz deben abandonar el individualismo y poner en el centro de la política a la vida en común
Sin embargo, el problema al que se están enfrentando es que quieren privatizar sus tierras. Hoy la propiedad privada es lo que está causando el daño. Cualquier cosa que podamos hablar, ya sea ecocidio, genocidio, tiene que ver con la propiedad privada, con la acumulación, porque ya no importa la vida humana, ni las vidas de otros seres, ni de los bosques…Y el problema con eso es, como dicen los zapatistas: “¿Qué vamos a comer cuando no haya agua, oxígeno, árboles, de qué vamos a vivir todos?”». La gira zapatista por Europa en el 2021 fue la que motivó a la realizadora mexicana a seguir la ruta y las conexiones entre los integrantes de este movimiento y otras comunidades internacionales que han puesto el ojo crítico en el concepto de la propiedad privada. Por ello, concluye: «Si queremos dejar otro mundo a las nuevas generaciones hay que salir de la individualidad, pensar en lo común y colectivo. Si logramos abrir este imaginario político, que es por donde tenemos que empezar, podemos pensar en el mundo que realmente queremos». Pero, mientras la relación del hombre con el mundo continúe cimentada en el sistema capitalista, la humanidad seguirá extraviada y condenada en su propia tierra. Valentina Leduc ha sido ganadora de cuatro premios Ariel, otorgados por la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas, por su trabajo como editora y realizadora de cortometrajes. Después de su paso por el Festival Internacional de Cine de Morelia y por la gira de documentales Ambulante, su primer largometraje como directora ha llegado a la cartelera de la Cineteca Nacional.

Fuente: Enlace original

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *