A la sombra del ‘Kaiser’: Virginie Viard ajusta cuentas con el machismo y la crueldad de Chanel

Durante más de treinta años, Virginie Viard trabajó en el corazón de Chanel sin apenas aparecer ante las cámaras. Llegó a la firma en 1987 y permaneció junto a Karl Lagerfeld hasta la muerte del diseñador, en 2019. Durante todo ese tiempo fue una de las personas que hacía posible que las ideas de Lagerfeld acabaran convertidas en colecciones, prendas y desfiles. Cuando él murió, Viard heredó su puesto y pasó a dirigir la creación de una de las marcas más poderosas del mundo. Cinco años después, en junio de 2024, Chanel prescindió de ella. Ahora ha decidido contar su versión en Un regard: Une vie chez Chanel, publicado en Francia durante la Semana de la Moda de París. El libro recorre su relación con Lagerfeld, su trabajo dentro de la ‘maison’ y los meses posteriores a su despido. Pero también habla de algo más difícil de medir. Del lugar que ocupa una mujer que ha pasado décadas trabajando a la sombra de uno de los grandes nombres de la moda y que, cuando finalmente ocupa el primer plano, puede quedar fuera de la historia oficial con una facilidad sorprendente. Viard utiliza una palabra para explicar lo que sintió después de abandonar Chanel. «Paréntesis». Meses después de su salida leyó en la prensa especializada una reconstrucción de la historia de la casa dividida en tres etapas. Primero Gabrielle Chanel, después Karl Lagerfeld y, a continuación, el futuro representado por Matthieu Blazy. Los cinco años de Viard al frente de la dirección creativa quedaban prácticamente fuera de ese relato, como una pausa entre dos nombres. Para ella, aquel artículo fue una humillación y su respuesta fue escribir su propia historia. Viard llegó a Chanel en 1987 y durante más de tres décadas trabajó junto a Lagerfeld. Su posición dentro de la empresa era muy distinta a la del diseñador convertido en personaje público. Lagerfeld había construido una identidad alrededor de su propia figura. Sus gafas, sus declaraciones provocadoras a la prensa, sus fotografías y su aspecto formaban parte de la imagen que Chanel vendía al mundo. Viard trabajaba en otro lugar. Su trabajo consistía en convertir ideas en prendas y coordinar a las personas que participaban en el proceso de producción. Era una tarea esencial para que las colecciones salieran adelante, pero quedaba lejos de los focos. Lagerfeld tenía el nombre y la firma. Viard estaba mucho más cerca de los talleres y de las personas que convertían aquellas ideas en ropa. Esa diferencia entre quien aparece como autor y quienes hacen posible el producto recorre buena parte de sus recuerdos en las páginas del libro. Cuando Lagerfeld murió en febrero de 2019 a causa del cáncer de páncreas que padecía, Viard tuvo que ocupar su lugar. La tarea no fue fácil. Tenía que dirigir la creación de una casa cuya identidad llevaba décadas ligada a una única persona. En el libro recuerda aquella relación profesional con sentimientos contradictorios. Habla del afecto que sentía por Lagerfeld, pero también de la dependencia que había marcado su carrera y de una relación de poder que, según cuenta, nunca llegó a equilibrarse. El final llegó el 5 de junio de 2024. Un mes antes, Viard había presentado en Marsella una colección de crucero que no recibió la respuesta que Chanel esperaba. Poco después fue invitada a almorzar con uno de los propietarios de la firma, la familia Wertheimer. Viard evita identificarlos directamente en el libro, probablemente condicionada por las obligaciones de confidencialidad que acompañaban su relación con la empresa. La conversación fue breve. Le comunicaron que su etapa al frente de Chanel había terminado. Al día siguiente, una empresa de mudanzas recogió sus pertenencias. Tres semanas después, Chanel presentó en el Palais Garnier su nueva colección de alta costura. El nombre de Viard había desaparecido de las notas de prensa. La colección aparecía atribuida al «Estudio de Creación de Moda». El capítulo dedicado a Lagerfeld probablemente sea el más complejo y revelador del libro. Viard le escribe una carta de trece páginas en la que mezcla afecto, dolor y reproches acumulados durante treinta años. Habla de sus últimos años, de sus problemas de salud, de sus visitas al hospital y de las rutinas que rodeaban al diseñador. El retrato se aleja del personaje público que durante décadas apareció en revistas y campañas publicitarias. Detrás del Kaiser aparece un hombre enfermo y vulnerable. Pero Viard no convierte el recuerdo en una declaración de admiración. Habla de las ocasiones en las que lloró después de un desfile. Recuerda la frustración de ver cómo su trabajo quedaba en segundo plano y describe una relación profesional marcada por una enorme desigualdad de poder. Hay algo especialmente incómodo en esos recuerdos. Viard pasó buena parte de su vida profesional junto a una persona a la que quería y admiraba, pero que también podía ejercer sobre ella una posición de poder que le causaba dolor. Cinco años al frente de Chanel pueden parecer poco cuando se comparan con la historia de una casa que lleva más de un siglo construyendo su propia memoria. Viard intenta evitar que ese periodo desaparezca de una historia en la que tuvo que mantener la maquinaria creativa de la firma después de la muerte de Lagerfeld. Defiende las colecciones que realizó y reivindica una manera de trabajar centrada en el oficio y en la continuidad de la casa. También deja ver una industria que necesita durante años el trabajo de determinadas personas y que puede prescindir de ellas sin miramientos cuando decide cambiar de rumbo. Viard pasó tres décadas junto a Lagerfeld y cinco años al frente de Chanel. Él murió convertido en un mito de la moda. Ella salió de la casa prácticamente en silencio. Ahora ha decidido escribir su propia versión. En el relato oficial, los años de Viard pueden haber quedado reducidos a un paréntesis pero ella ha decidido que su historia no termine ahí.

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