Por qué los Javis y Santiago Segura no “salvan” al cine español: las verdaderas cifras de nuestro cine
Cuando escribo este artículo, las recaudaciones en las salas de cine de La bola negra siguen siendo un milagro, una locura colectiva, un fenómeno histórico. Se dirige a los 30 millones de euros y ya ha superado las cifras de Torrente Presidente, que acumuló en salas 28,2 millones. La bola negra ya es la cuarta película española más taquillera de la historia, solo por detrás de Ocho apellidos vascos, Lo imposible y Ocho apellidos catalanes. Mejor dejar para otra ocasión el análisis del porqué del extraño exitazo de una gran producción (15 millones de presupuesto) tan lenta como artificiosa, pero hacía años que no conocíamos casos de entregados espectadores que ven hasta dos y tres veces una película para analizarla, como si estuviesen proyectándoles El verdugo o Viridiana. Y no tengo nada contra tal entrega y pasión fílmica, pero el fenómeno social y cultural de La bola negra es claramente analizable por lo desmedido y hasta delirante en algunos casos.
Lejos del exagerado boom de Los Javis, la realidad es que las salas solo se llenan con productos respaldados por los mediosLejos del exagerado boom de los Javis, tan mediáticamente engordado, la realidad es que las salas solo se llenan con productos respaldados por los medios, los grandes grupos, las plataformas y grandes empresas de marketing y publicidad. Esos productos este año han sido principalmente de Atresmedia (la nueva de Torrente), Mediaset (la nueva de Tadeo Jones y Aída y vuelta) y Movistar Plus+ (La bola negra, El ser querido y Amarga navidad). Entre esta élite no hay un título que no sea una franquicia o de un realizador famoso como Santiago Segura, los Javis, Paco León, Rodrigo Sorogoyen o Pedro Almodóvar. Muy lejos de las cifras de los Javis y Segura, Tadeo Jones y la lámpara maravillosa logró 7,47 millones de euros, Aída y vuelta 5,03 y El ser querido 4,19 (y siempre hay que recordar que los exhibidores se llevan casi la mitad del dinero recaudado en salas, el resto se reparte entre distribuidora y productora). Las demás películas españolas están muy por debajo de estas cifras. La realidad (la del ICAA, Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales) nos ofrece otras cifras, números que desmienten que el cine español “se salve” gracias a cinco o diez exitosos títulos.
Habría que preguntarse qué es eso que llaman «el cine español» fuera de las peliculas que financian y promocionan los grandes gruposPrimero, claro, habría que preguntarse qué es eso que llaman “el cine español” fuera de las películas que financian y promocionan los grandes grupos. Lejos de las confrontaciones artificiales que inventan los medios con titulares amarillistas (“La bola negra arrasa y desbanca a Torrente”, “La bola negra aplasta sin piedad a Santiago Segura”, “Los Javis destronan a Santiago Segura” …) y de los hitos financieros que “salvan” al cine español, merece la pena detenerse en otra cifras. Por ejemplo en las de Yo no moriré de amor. Presentada por Filmin como la “Flamante triunfadora del Festival de Málaga y última gran sensación del cine español”, esta película de Marta Matute, con una subvención de 800.000 euros, solo recaudó 171.249 euros en los cines. La luz, de Fernando Franco, una de las película más interesantes del año, y con una subvención de un millón de euros, logró en salas 477.260 euros (88.823 espectadores). A Pioneras. Solo querían jugar, de Marta Díaz de Lope Díaz y Premio del Público en el Festival de Málaga, le fue mucho peor: logró también un millón de ayuda ministerial, pero recaudó 132.720,25 euros. Solo en cuatro meses pasó al catálogo de Movistar Plus+. Hay cifras mucho más demoledoras. Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa, ganadora del Teddy Award (dedicado a películas con protagonistas lesbianas, gais o trans) en el Festival de Berlín y con dos premios en el Festival de Málaga, solo convocó a 10.758 espectadores, recaudando en salas 59.828 euros. Su subvención fue de 777.000. También de temática trans, Mi querida señorita, adaptación libre de la película homónima de Jaime de Armiñán de 1972, solo la vieron 3.029 personas en cines. Su director, Fernando Molina, tuvo más suerte con Cronos, sobre el atentado de 2017 en Barcelona, con un millón y medio de recaudación en cines. Otras películas de generoso presupuesto y ambición comercial que salvaron los muebles son La fiera, de Salvador Calvo (casi un millón recaudado) y Balandrau, viento salvaje, de Fernando Trullols (179.357 espectadores).
Islas, de Marina Sereseski y con Ana Belén de protagonista, la vieron exactamente 289 personasOtro gran batacazo fue el de Islas, de Marina Sereseski y con Ana Belén de protagonista. Tras su paso por el Festival de Sevilla, la vieron exactamente 289 personas. Sí, han leído bien, hay funciones de fin de curso con más afluencia. También la anodina Lo que sé de Kim, de Ángeles González Sinde, fue un tremendo fiasco: solo 8.372 espectadores para una película que también logró una subvención de un millón de euros. En este grupo de los grandes desastres de taquilla del 2026 destaca especialmente Auri, de Violeta Salama. La película, con Karra Elejalde y Cristina Marcos y un presupuesto de, ojo, más de cinco millones de euros, ingresó 8.505 euros (interesó solo a 1.626 personas). Tampoco se libró Juanma Bajo Ulloa, que se ha pasado al bando que la lucha contra “la dictadura woke” y ha ido a llorarle a Iker Jiménez pero sigue sin contar con el respaldo del público. El Mal, un thriller pasmosamente cutre, reunió a poco más de 5.000 espectadores. Pero hay todavía más desastres que recordar. Pizza Movies, espantosa “comedia” de Carlo Padial con Berto Romero, reunió en las salas a poco más de 15.000 personas. Caminando con el diablo, mediocre thriller rural de Rubén Pérez-Barrena, con un millón de euros de subvención, solo juntó a 7.112 personas en los cines. La olvidable Hugo 24, de Luc Knowles, solo logró 4.068 espectadores. Todas las películas citadas son solo algunos ejemplos, pero sirven para recordar un problema del que los medios, la “industria” y los responsables culturales ocultan: el cine español es un espejismo. Porque en realidad no es cine, es televisión. La gran mayoría de las películas españolas están destinadas a ser ignoradas en las salas para pasar directamente a ser explotadas como “contenido” en las plataformas.
El cine español, más que películas, produce tv moviesEn España más que películas se producen tv movies y las salas de cine desechan la mayoría del cine español en su segunda semana en cartel. Los cines siguen sufriendo la reducción del tiempo entre el estreno en salas y su llegada a plataformas y la subida del coste de la vida y prefieren llenar butacas con los blockbusters de los grandes estudios o con franquicias seguras como Torrente presidente, espantosas comedias familiares como Abuela tremenda e inesperados fenómenos de masas como La bola negra. Las salas de cine siguen siendo solo un primer escaparate. Para poder acceder a alguna subvención, muchas pequeñas o medianas producciones realizan un estreno de pocos días en algunos cines para cumplir los requisitos legales de explotación antes de pasar a su nicho real: las plataformas. Pero tarde o temprano llegará la explosión de la burbuja de las plataformas (Netflix ha caído un 26% en bolsa en 2026). Ni hay dinero para sostener la sobreproducción de ficción ni hay tiempo ni vida para ver todo lo que ofrecen las plataformas, un modelo de consumo bulímico que rebaja el valor de cada película, que las convierte en productos de usar y tirar, de ver con gula y desidia mientras consultas el móvil.
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