Irantzu Varela: «Siempre he tenido claro que la violencia que yo vivía no era por mí, era por el discurso que yo trasladaba y el discurso es colectivo.»
Periodista, cómica, comunicadora, escritora, referente internacional e intergeneracional del activismo y la militancia feminista revolucionaria contemporánea. Katana rebanando lengua de señoro. Tornillo clavado en rodilla de machirulo. Bomba de deconstrucción masiva. Entrevistamos a Irantzu Varela, a propósito de la publicación de su nuevo libro, su primera novela, ‘Darle fuego a Bilbao’. ¿Cómo estás, Irantzu? ¿Cómo te encuentras? Irantzu: Bien. Estoy contenta. Vengo promocionando el libro. Me empieza a gustar esta tesitura de “escritora”. Me lo empiezo a creer. La semana pasada leí un artículo tuyo. “Llevo dieciséis años preparando mi venganza. Me voy a reír”, afirmabas en él. ¿Contra quién o contra qué ha llegado la hora de vengarse para ti? ¿Hay algo de eso en este libro? Irantzu: No sé de quién era aquella frase que decía: “nuestra venganza será la alegría”. Era algo que repetíamos allá por 2015 o así. Yo me la creía bastante. Llevo muchos años, sobre todo desde que empezó ‘El Tornillo’, viviendo una violencia constante. No solo la estructural que vivimos todas las mujeres, que también, sino una añadida como periodista visible feminista y queer en redes y medios. Una violencia que muchas veces no sé qué hacer con ella. Creo que con el paso del tiempo algo he aprendido. Y lo que voy a hacer ahora es pasármelo bien yo, disfrutar, y coger todo ese dolor y toda esa rabia para generar cosas que nos hagan sentir bien, a mí y a las demás. Entonces, de alguna manera, la venganza es ese gozármelo y generar de algún modo discursos, no solo desde la pedagogía, que ya estoy un poco cansada de eso, sino desde el espectáculo, desde artículos, libros… Cultura. Me parece un poco grande esa palabra. Pero sí, generar cultura desde un sitio en el que nos riamos de los que nos joden. Para mí es un poco como el cuento ese en el que una niña se da cuenta de que le emperador está desnudo. En el original es una niña. Todas las violencias que vivimos son muy reales, pero están basadas en relatos completamente abstractos e inventados. La masculinidad, el capitalismo, el colonialismo, la supremacía blanca, la supremacía cristiana. Son relatos inventados y en gran medida ridículos. Lo que tenemos que hacer es ahondar en ridiculizarlos, como merecen, y reírnos. Me parece que es un ejercicio curativo, es restaurativo y es divertido. En ese sentido, he escrito un libro en el que dos tías se conocen en Bilbao y se lo pasan bien en la mejor semana del año en esa ciudad. Haciendo un juego de ideas así un poco arriesgado y pedante, quizás, con los títulos de tus dos últimos libros, ‘Lo que quede’ y este ‘Darle fuego a Bilbao’, me vino la frase mítica de Cocteau: “Mi casa se estaba quemando y solo podía salvar una cosa. Decidí salvar el fuego”. ¿Era necesario de algún modo soltar todo lo que supuso aquel libro para poder escribir este? Irantzu: Seguramente sí. Ese libro, el anterior, ‘Lo que quede’, lo tenía que escribir cuando lo escribí. Aunque parezca una obviedad. Tenía que estar yo bien por dentro para poder contar toda la mierda que había vivido. De alguna manera, contarlo fue bastante sanador. Tampoco diría catártico, porque yo tiendo mucho a la épica, pero luego resulta que en la vida las cosas mejores suelen ser menos épicas de lo que yo imaginaba. Me quedé muy ancha, muy tranquila, después de ese libro. También sé que le generé un poco de congoja a la gente. Es un libro que atraviesa. Este nuevo, ‘Darle fuego a Bilbao’, también es un libro con sus cosas duras, porque me hace gracia que todo el mundo se fija sobre todo en la farra, la diversión, los cuidados, pero es un libro complicado en el que también hay violencia en la calle, autodefensa, y cosas que pueden resultar problemáticas. Pero es cierto que ahora quería reírme más y mejor. Me gusta esa frase del fuego que citas de Cocteau. Resulta que me he quedado con la parte buena del fuego. Igual ha sido una decisión inconsciente. Toda la violencia que he vivido y que sigo viviendo cada día, y que viven por ejemplo compañeras como Laura Arroyo y otras mujeres muy visibles, sobre todo las que son feministas y de izquierdas, hay que hacer algo con ella. Porque si no, te vas apagando. Tenemos que coger ese fuego y prender con ello en otro sitio. Además, creo que necesitamos este tipo de lecturas, lecturas queer, optimistas y divertidas. Hemos leído ya demasiadas tragedias, demasiados suicidios, bollodramas, o historias en las que tu identidad es la que te mata. Mira, se puede ser bollera en Bilbao y pasártelo bien. Una de las preguntas que me asaltan tras leer el libro: ¿otro amor romántico es posible, uno que no sea tóxico? Irantzu: Yo creo que sí. Es un tema que en el feminismo llevamos pensando desde los setenta, y puede que antes, pero creo que con nuestras vidas, aun pegándonos muchas hostias, recibiendo y provocando heridas, estamos aprendiendo. La discusión sería si es “romántico” o no. Yo sé que esta historia que cuento es bonita, es sana y que engancha. Si a eso lo queremos llamar “romántico”, claro que se puede. Sin sufrir, sin hacer sufrir, sin generar daño, claro que se puede construir un relato de amor que te dé muchas ganas de leer y que te dé muchas ganas de vivir. Se puede hacer amor romántico sin dramas. También lésbico. Bollotramas sin necesidad de bollodramas. “Costumbrismo lésbico”, es una de las formas en que han definido tu libro. Irantzu: Esto lo dijo Katixa Aguirre, que es la mejor. Una escritora increíble. Muy amiga. En la presentación en Bilbao me dijo que había hecho costumbrismo lésbico. Me pareció precioso. ¿Este libro, de alguna manera, es una carta de amor a Bilbao también, a tu Bilbao? Irantzu: A mí me gusta mucho Bilbao. Pero, claro, me gusta el Bilbao que yo vivo y el Bilbao con el que yo sueño, por el que muchas peleamos. La Semana Grande, la Aste Nagusia, que es la fiesta de Bilbao en agosto, se parece mucho al Bilbao que a mí me gusta. Muy callejero, muy kinki, muy punki, donde la gente se mezcla mucho. Salen a tomar algo familias con crías y críos y se juntan con todo tipo de personas, de manera muy intergeneracional. Bilbao ha sido y todavía puede ser una ciudad muy punki. Yo amo ese Bilbao. Imagínate. Yo vivo en Bilbi, me muevo en Sanfran o en El Casco. Soy un poco más joven que una de las protagonistas del libro, pero yo también me he montado en el metro y se han subido los de Eskorbuto. O he ido a un bar y estaban tocando La Seta Pasote, o me he tomado una caña con Las Vulpes. El otro día estuvimos viendo a Ketekalles con una de ellas, de Las Vulpes. Eso es una suerte. Eso hay que contarlo. Hay que vivirlo y que contarlo. A Bilbao lo han contado casi siempre desde la perspectiva maniquea de un conflicto que muy poca gente ha entendido y mucha menos ha querido explicar bien. Y a Bilbao se le puede contar de muchas otras maneras. “Una semana en Bilbao, si se duerme poco, da para mucho” Irantzu: Sí. La gente que conoce las fiestas de Bilbao, sabe que son unas fiestas muy peculiares. Son unas fiestas súper politizadas. Muy, muy populares. Construidas con el trabajo militante de un montón de gente durante mucho tiempo. “La única semana que tiene siete días y nueve noches”, se suele decir. Es un contexto perfecto. Cuando te estás enamorando, vives como en una burbuja. Bilbao en Aste Nagusia genera otra burbuja muy peculiar, muy punki y muy cañera. Quería juntar esas dos burbujas. No es casual que la novela transcurra en el año 2018. ¿Qué supuso aquel año para el movimiento feminista? ¿En qué momento dirías que estamos para el feminismo mundial, haciendo balance de lo que ha ido ocurriendo desde entonces? Irantzu: 2018 fue el año de la explosión y de una cierta candidez. Lo digo con mucho cariño, porque estaba allí y formé parte de ello. Hubo esa explosión de consciencia tan brutal, que para mí era heredera de las manifestaciones de 2015, cuando nos querían quitar el derecho al aborto. Era un trabajo que venía de ahí. Se prendió del todo con el 8 de marzo de 2018 y con la sentencia de “la manada” un mes después. Se generó como una tormenta, no sé si perfecta, pero de explosión. Los movimientos sociales, las revoluciones, nos encanta contarlos desde la explosión, pero las revoluciones no se construyen desde la explosión sino desde mucho antes. Creo que ahora estamos aprendiendo de todo lo que creíamos que estaba ya hecho en 2018. He querido situar la novela en ese año, porque ese año pasaron cosas que ahora quizás nos parecerían de ilusas. Creíamos que ya lo habíamos conseguido, que solo teníamos que ponernos a ello, creíamos de verdad que la calle ya era nuestra, que no iba a haber reacción, o al menos no de esta magnitud, y lo que estamos aprendiendo ahora es que los procesos de tanto calado como este tienen muchas más aristas y vaivenes muy complejos. Ha habido una toma de consciencia masiva. Ahora hay cosas que parecen de sentido común, que en 2018 eran motivo de pelea. Y no te cuento ya diez años antes, por ejemplo, en 2008. Hemos conseguido avances muy significativos, poniendo mucho el cuerpo, muchas, y ahora lo que tenemos que hacer es sostenerlo, seguirlo peleando, organizarnos de una manera colectiva, inteligente y estratégica, contra los que se han dado cuenta de todo lo que hemos avanzado y nos están intentando reprimir con todo. El hecho, por ejemplo, de que estos días que empieza junio, el mes del Orgullo, las grandes empresas no se pongan ya arcoíris porque se han dado cuenta de que la furia queer va en serio, lo mismo que la trasnsfeminista. Se han dado cuenta de lo que estamos consiguiendo y ya no les parecemos solo una pegatina. Pero el feminismo está en un momento histórico en el que tenemos que seguir peleando. Todas las que tenemos a chicas, chiques y chicos muy jóvenes alrededor, sobrinas, sobrines, vemos que hay muchas cosas que les parecen de total sentido común y que nosotras las tuvimos que pelear. Eso significa que vamos bien. Lo que pasa es que es agotador, porque la reacción es muy violenta. Pero ya sabíamos que estábamos en una lucha en la que no existe la victoria final, en la que solo tenemos el camino, como dice Yayo Herrero. Vamos a intentar pasarlo bien por este camino. Has sido una de las figuras públicas más violentadas de este país de países, por tierra, mar y aire, en redes, en persona, verbal y físicamente, por tu manera de incomodar los resortes del orden heteropatriarcal hegemónico. Sinceramente, si pudieras volver a empezar, cuando te ofrecieron hacer El Tornillo. ¿Volverías a hacerlo? Irantzu: Absolutamente sí. Tengo claro que todo esto empezó con El Tornillo. Otra cosa es mi labia, mi capacidad de comunicación, que pueden estar ahí, pero tengo claro que mi explosión de visibilidad empezó con El Tornillo, que nos pilló a todo el mundo de sorpresa, tanto el éxito que tuvo como las hostias que recibimos, sobre todo yo, en una época en la que no sabíamos aún las que nos esperaban en el futuro. Pero absolutamente volvería a hacerlo, porque la palabra que más me dice la gente cuando me la encuentro, chavalas súper jóvenes a veces, señoras como yo y mayores, es: “gracias”. Lo que más me dicen es eso, y también: “yo me hice feminista contigo, por ti, gracias a ti”. Que yo siempre respondo que no, coño, que tú ya eras feminista y yo en todo caso te cogí y te puse frente a un vídeo de tres minutos que te contaba eso que estabas pensando, pero a lo que aún no le habías puesto nombre. Me siento muy afortunada de haber tenido esa oportunidad y de haberla aprovechado. He tenido una visibilidad y una posibilidad de hacer una pedagogía con humor. Me lo he pasado increíble, he conocido a personas alucinantes, que para mí eran señoras a las que admiraba mucho y ahora son mis amigas. Principalmente, he conocido a muchas, muchas, sobre todo mujeres pero no solo, que han sentido que lo que yo hacía conectaba con su inquietud. Y así se ha construido el feminismo. Lo de la violencia me lo podía haber ahorrado, la verdad, pero por supuesto que sí, lo volvería a hacer. También soy consciente de mi irrelevancia, de que si no hubiera sido yo hubiera sido otra. Han habido miles y seguirá habiendo miles. Si yo mañana me voy a vivir a Chichiribiche, que es un sitio de Venezuela que amo, no va a pasar nada y el feminismo va a seguir, por supuesto. Pero repito que me alegro de haber dicho que sí en aquel momento, porque he podido estar ahí, con el pico y la pala. Y pasándolo muy bien, porque yo me lo he pasado muy bien haciendo el Tornillo. Ha habido muchas veces que he tenido que parar para reírme. Y otras me reía y seguía grabando. Ha sido muy bonito. No me lo imaginaba, que fuera a ocurrir. Si me lo llegan a contar de pequeña, que esta iba a ser la deriva de mi vida, me hubiera felicitado muy contenta. Habrá quien piense que con el tiempo se te ha ido endureciendo la piel y que ya no te hacen daño los insultos y demás. ¿Siguen haciendo daño? Irantzu: Aprendes a desarrollar estrategias de defensa. Y sobre todo aprendes a encontrar amigas que te acompañen. Siempre cuento que me preguntó una chica una vez en una presentación: “Irantzu, ¿cómo aguantas?”. Y yo le contesté: “porque me sostenéis”. Luego me la encontré en las fiestas de Bilbao y nos abrazamos. Siempre he tenido claro que la violencia que yo vivía no era por mí, era por el discurso que yo trasladaba y el discurso es colectivo. No soporto a la gente que en cuanto tiene un poco de visibilidad se cree que la cosa va de ella o de él. Yo a lo colectivo me remito. No hay que perder nunca la calle. Hay que tener marco teórico y calle, pero a falta de una de las dos, calle. Siempre. Y yo calle tengo mucha. La sigo teniendo. Para mí, se ha tratado siempre de buscar una red. Tengo a muchas tías, a cada vez más tíos también, todo el movimiento queer, que están ahí para sostener. Y en la vida personal también, gente que entiende que si tienes a una persona cerca que vive algo como esto, no basta con decirle que apague el teléfono, hay que sostener de verdad. Me ayuda mucho, por otro lado, que tengo amigas de toda la vida a las que “Irantzu Varela” les importa una mierda, porque para ellas he sido, seré y soy Iran, y me dejan que les cuente mis milongas pero luego se habla de las de ellas con el mismo peso. Eso me gusta mucho. A mí me daba mucho miedo creérmelo y volverme imbécil. Creo que no ha pasado. Es lo que me ha tocado. Lo intento llevar con humor. Y me ha cuidado mucha más gente de la que parece, organizaciones internacionales, medios de comunicación, amigas visibles. Me siento muy cuidada. No les pasa a todas, lamentablemente. A veces veo a gente que recibe una ola de violencia de pronto y, si tengo su contacto, suelo llamarles o escribirles, porque es muy difícil vivir violencia públicamente estando sola. Es muy difícil de llevar. El libro que te hizo amar la literatura y querer ser escritora. Irantzu: Quizás suene muy poco espectacular, pero siempre que quiero crear un alter ego, se apellida March, porque yo quería ser como Josephine, la de ‘Mujercitas’. Me lo leí de muy pequeña. Luego he leído mucho señoro norteamericano contemporáneo, que no me apetece citar. ‘El acontecimiento’, de Annie Ernoux, puedo decir también que hace no tanto me ha puesto a renacer el deseo de ser escritora. El libro que todo el mundo debería leer una vez. Irantzu: Aunque parezca una obviedad, creo que todo el mundo se debería leer ‘Teoría King Kong’, de Virginie Despentes. Es facilísimo. Te lo lees rápido. Te lo puedes leer en el metro. Es obligatorio. Hay que leerlo y luego hablamos. También me volvió loca ‘Devenir perra’ de Itziar Ziga. Desde luego, mi forma de escribir viene de ahí, de tías escribiendo crudo y hablando de lo que les sale del coño. El libro que quizás la gente no espere que te guste. Placer culpable. Irantzu: ‘Lolita’ de Nabokov. Me van a matar… A mí no me parece que Nabokov sea un misógino. Es algo que podemos discutir. Recuerdo que lo leía y pensaba: “nunca voy a escribir así”. Yo siempre he querido escribir. Y esta cosa de: “algún día escribiré libros, pero yo nunca podré escribir así”. Me pasó con ese libro. ¿Qué ha supuesto para ti el Manólogo? ¿Qué te permite esa Irantzu que quizás otras no? Irantzu: Soy bastante histriónica. Uso bastante el humor, en plan Chandler Bing. Soy muy de reírme de lo que no soy capaz de digerir. Entonces, ser cómica en este contexto sociopolítico me parece una solución bastante buena. Puedes decir a veces cosas que no se pueden decir en serio. De hecho, digo muchas cosas que si las dijera en serio me habrían resultado problemáticas. Además, puedes desbarrar mucho. Y sabes que una tía que quizás te diría en serio eso que acabas de decir tú, cuando se lo dices en broma, se ríe. Sabes que con esa risa, te está diciendo: “estoy de acuerdo contigo. Me parece una burrada, pero bueno, como solo me tengo que reír…”. Se puede hacer vanguardia política desde el humor de una manera muy potente. Estoy pensando incluso en hacerme cantante como siguiente paso. Las letras de La Furia, por ejemplo, son mucho más punkis que mis textos, pero como las canta, entran de otra manera. Ella canta bien y yo mal. Eso también está ahí, pero… De momento canto un poco mal, pero se puede arreglar. Dado que hemos tenido estos días aquí al Papa, León XIV. ¿Qué me dices de este supuesto giro espiritual de la cultura pop, casos como el de Rosalía, la película ‘Los Domingos’ de Alauda Ruiz de Azua o ciertos giros de la serie ‘Euphoria’? ¿Qué hacemos con esto? Irantzu: No tengo ni idea. Con todo el respeto, me he metido bastante con este giro último de Rosalía, a pesar de que me parece una artista increíble. Me parece brutal. Además, que es una tía que estará flipando con todo lo que está pasando a su alrededor en el mundo, porque ser tan centro de atención, siendo una mujer, bisexual hasta donde yo sé, tiene que ser bastante complicado. Pero para mí hay algo que tiene que ver con que evidentemente estamos en un momento bastante apocalíptico. Creo que estamos demasiado cerca del abismo y todo el mundo entiende que hay que posicionarse. Posicionarse en el lado correcto (que para mí es el único), posicionarse en el anticapitalismo, en el antifascismo, el feminismo con todas sus implicaciones, en la defensa de Palestina, en el lado de ser una persona humana que crea en la defensa del bien común, se va pagando cada vez más caro. Entonces, mi teoría es que hay mucha gente que en vez de posicionarse activamente en favor de este bien común, prefiere el escapismo. La religión, en cierto sentido, siempre ha sido escapismo. Entiendo que todas tenemos necesidad de una espiritualidad y un ansia de trascendencia. Pero enfocarlo hacia una religión con estructura, es escapismo. En vez de decir si estás a favor o en contra de determinadas cosas, si eres una persona que cree en el bien común o en la salvación individual, te apuntas a “Dios”. Dios no existe. Todas esas personas que se refugian en “Dios” desde ahí, no me interesan. En nombre de ese “Dios” están ahí la pederastia, todos los genocidios, el de América Latina y todos los demás, la misoginia, la homofobia. La mayoría de los movimientos que han destruido los derechos humanos, sobre todo en las poblaciones vulnerables, tenían a ese “Dios” en la boca y en la espada. La caza de brujas, por poner otro ejemplo. Yo me río con eso ahora de la defensa del Papa de los valores y demás. Cariño, el cristianismo fue el que quemó entre trescientas mil y un millón de mujeres a lo largo y ancho de esta “civilizada” Europa durante tres siglos. Me parece genial si tu quieres creer en Dios, si mi amiga me echa el tarot y la otra pone una piedra de no sé qué, porque estamos todas en esas. Yo estoy a punto, estoy a nada de poner un altar en casa. La espiritualidad me parece necesaria. Pero las religiones como estructuras siempre han sido, las tres monoteístas fundamentalmente, aparatos de destrucción, misóginos y en contra de las minorías. Cuando tu primera creencia es que Dios solo hay uno y hay otros dos diciendo también que el suyo es el único, y que tú eres el pueblo elegido, empezamos mal. Si te inspira uno de estos tres dioses desconfío de ti y me pareces una persona potencialmente dañina. Rosalía canta genial, sí. Su puesta en escena es absolutamente increíble y sé que es una tía culta, inteligente y buena artista, sí. No sé si ha sido un flush que le ha dado o marketing. Ojalá vuelva de ahí. Pero bueno, ella verá. No me parece Rosalía el problema. El problema normalmente son señores mayores blancos, contando el dinero. Pon altares, reza, vete a hacer reiki, lo que te apetezca, todas necesitamos creer en algo trascendente, pero si es una máquina de asesinar desde hace veinte siglos, no es que no me interese, es que estoy en contra. “La única iglesia que ilumina es la que arde”, que decía aquel. ¿Te vale como titular? ¿De quién será esa frase? “Mañana cuando estemos serenas, te voy a decir que te quiero- le digo de camino a casa. Y es cierto” -Irantzu Varela, ‘Darle fuego a Bilbao’
Enlace a la entrevista completa en el programa Fisuras, de Canal Red, aquí:
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