Los Magos: el rock de barrio que no pide permiso

Hay imágenes que parecen volver de otra época. En el público que se acercó al Matienzo aparecían los clásicos flequillos, camperas de jean y toppers que remiten a un pasado no tan lejano. Arriba del escenario, los seis integrantes salieron vestidos con enteritos negros, en el que se podía ver en pequeño “Los Magos” en rojo, casi como un uniforme de trabajo. Sin detenerse demasiado a explicarlo, el show se remitió a hacer lo que como premisa de este disco se expresa: hacer música en vivo. Quedarse solamente con la idea de que “volvieron los 2000” sería perder de vista una diferencia importante. Los Magos no están intentando reconstruir exactamente aquella época. 1 es, de hecho, presentado por la propia banda como un reinicio: una nueva etapa después de los trabajos publicados desde 2016 y de su recorrido como Ale Cares y Los Magos Farciar. El disco es también el más rockero de la formación hasta ahora, con canciones más cortas, un sonido directo y una búsqueda de mayor crudeza. Lo que aparece entonces no es tanto una vuelta en sí misma sino que puede verse como una continuidad.
1 nació en Merlo y la propia banda lo define como un disco que refleja la realidad cotidiana desde su propia experiencia. Las canciones atraviesan el barrio, los vínculos, el desamor, los excesos, la búsqueda de un futuro en la música y las dificultades que atraviesa hoy la juventud en la que sistemática e históricamente se intenta aplacarla. Escucharlo puede llevar a imaginar en un viaje por el conurbano atravesando de lleno en la Ruta 200 arriba de la línea de colectivo 336 que conecta Morón con Paso del Rey, pasando por el Hospital Malvinas, la fábrica Pirelli y siguiendo hacia los barrios. Es desde ahí que los títulos de las canciones ayudan a construir ese imaginario cercano: “Matando el tiempo”, “Otro día más sin vos”, “Quiero” o “El remis del 40”. No existe una distancia impensada entre las canciones y la vida que las rodea. El rock aparece como una forma de contar eso que pasa mientras se viaja, se trabaja, se espera, se sale, se vuelve y se intenta encontrar algún lugar desde donde imaginar el futuro. “El remis del 40” es el último tema del disco desde el cual, en esta construcción que busco armar la banda, se introduce la posibilidad de pensar entre rupturas y continuidades que no pasan únicamente por la música. En el conurbano de los años 90 y principios de los 2000, el cierre de fábricas y la destrucción del empleo empujaron a miles de trabajadores hacia distintas formas de supervivencia. Durante el auge del neoliberalismo las remiserías en los barrios cobraron protagonismo ante la creciente desocupación: un auto convertido en herramienta de trabajo ante la creciente ola de despidos. Hoy el panorama no es una fotocopia exacta, pero la precarización se vuelve a profundizar y aparece bajo otras formas de la mano de aplicaciones que transformaron el “rebusque” . Si bien no es lo mismo un remisero de principios de los 2000 que un trabajador de aplicación en la actualidad pero existe una continuidad que puede encontrar puntos en común ante la necesidad de encontrar una forma de generar ingresos cuando los puestos de trabajo junto con los derechos conquistados están cada vez más en juego. El rock barrial de los 90 y los 2000 construyó buena parte de su identidad alrededor de esa vida cotidiana y la relación que las bandas construían con su público. En ese sentido también había algo más: el recital como espacio de identidad y pertenencia. Por eso la imagen del público rodeadas de camperas de jean con parches de los stones en el Matienzo puede producir una sensación de volver a la idea de que “lo viejo funciona”. Hay ciertos códigos que siguen existiendo pero eso no significa necesariamente que se esté hablando de cierta nostalgia sino que eso que hoy aparece como “neo-rolinga” puede surgir como una experiencia vuelve a necesitar respuesta. La industria musical tampoco es la excepción: hoy una banda puede grabar, distribuir y promocionar sus canciones de formas que eran impensables dos décadas atrás. Pero al mismo tiempo sostener un proyecto musical independiente, conseguir espacios para tocar y construir un público sigue siendo una tarea cuesta arriba en la que los propios artistas necesitan de trabajos extras para poder sostenerse.
Y acá hay puntos de conexión entre la música y la vida diaria en la que hacen que canciones como “Matando el tiempo” cobran otro valor. Una canción que habla no solo desde el imaginario, sino también de la necesidad de poder disfrutar bajo el sol ante la falta de tiempo para el ocio, el disfrute, la creatividad. En ese sentido si algunos códigos del rock barrial reaparecen, entonces, quizás no sea porque quienes los recuperan sientan una necesidad de querer volver al pasado sino que se vuelve más complejo al pensar el presente que vuelve a generar preguntas parecidas. En ese punto es cuando el vivo se transforma y adopta otra dimensión más. Los Magos presentan 1 como un disco atravesado por la pasión por tocar en vivo. El recital pasa de que esas experiencias sean meramente individuales a una instancia compartida. Una canción sobre un vínculo, una frustración, una noche cualquiera o un viaje puede dejar de ser solamente la historia de quien la escribió cuando quien la escucha las toma como propias, las transforma y las canta desde abajo del escenario. Ese aspecto también fue una de las fuerzas del rock barrial: construir comunidad alrededor de algo que excede a la canción. Hoy, en medio de una vida cada vez más atravesada por la precarización, el constante scrolleo y la infinidad de plataformas; compartir un recital, reunirse alrededor de una banda puede parecer una actividad más, pero es ahí donde hay que poner también el foco: encontrarse, compartir un espacio y reconocerse en otros a través de la música también puede ser una forma de respuesta. 1 es el comienzo de una nueva etapa para Los Magos. Son diez canciones que la banda define desde la honestidad, la crudeza y un rock más directo. Quizás por eso pueda escucharse menos como el regreso de algo y más como la aparición de una respuesta. Una respuesta hecha desde Merlo a Capital, con guitarras al frente, canciones, escenarios y una comunidad que, aunque en otro contexto, todavía busca y encuentra razones para juntarse.

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