Vivas nos queremos: las imágenes que vuelven de la calle
“Vivas nos queremos” rescata una construcción producida en las calles. Trae al presente discusiones sobre las formas, los modos de ocupar el espacio, de nombrar lo que durante mucho tiempo permaneció escondido, prohibido o convenientemente ignorado. No es un registro de lo anecdótico, aunque algunas imágenes puedan sugerirlo en una primera mirada. Es, más bien, una forma de observar el cambio mientras el cambio todavía está sucediendo. viernes 11 de septiembre de 2026 | 19:47hs.
Una de las expositoras está ansiosa. “Somatizo todo. Las cosas pasan por mi cuerpo”, dice. Afuera, o adentro —a esta altura ya no se sabe muy bien— los minutos avanzan y el lugar comienza a llenarse. Las imágenes están ahí, colgadas, quietas en esa forma engañosa que tienen las fotografías de parecer detenidas cuando, en realidad, vienen cargadas de movimiento.El público señala, comenta, pide permiso para pasar por delante de quienes miran. Hay algo de reunión familiar, aunque nadie se parezca demasiado a nadie. Una reunión para repasar la historia de las que hacen la historia, de las que estuvieron en las calles, de las que pusieron el cuerpo cuando todavía no estaba claro qué nombre tendría aquello que estaban haciendo.No es solamente una muestra de fotografías. O, mejor dicho, es una muestra de fotografías que no se resigna a ser solamente eso.Muriel toma la palabra y cuenta algunos entretelones de la llamada Marcha de las Putas y de otras movilizaciones vinculadas con la defensa de la integridad y los derechos de niñas, adolescentes y mujeres adultas. Antes, Elena Maidana, la profe, la formadora de tantas generaciones, ese faro que aparece en la vida de los otros sin necesidad de anunciarse como tal, abrió la jornada y dejó planteadas algunas de las preguntas que seguirían flotando durante la noche.Porque lo que se ve en las paredes es apenas una parte. Debajo de las imágenes hay discusiones, desacuerdos, conquistas, retrocesos, nombres propios, ausencias. Hay una historia reciente que todavía no terminó de encontrar su forma definitiva.Las más privilegiadas ponen lo que tienen que poner por las que no tienen la misma fuerza, ni la misma llegada, ni las mismas posibilidades de hacerse escuchar. Y también hay una conversación entre privilegiadas, una especie de llamado de atención hacia adentro: el compromiso no se agota en la consigna ni en la fotografía del momento. Se trata, acaso, de qué hacer con lo que se sabe.Hay carteles, rostros, cuerpos, pañuelos, colores, consignas. Hay recordatorios que funcionan como pequeños cenotafios. Hay imágenes que documentan una marcha y otras que parecen preguntarse qué queda de una marcha cuando la multitud ya se dispersó, cuando las voces se apagan y la ciudad vuelve a sus asuntos.En algún momento, la noche hace una pausa para recordar a ese huracán llamado Mariana Pizarro. No como una nota al pie, sino como una presencia que todavía atraviesa la memoria de quienes estuvieron allí.La música de DJ Anacaona y Las Perras de Parra matiza la jornada. La exposición se mueve entonces entre la memoria y el presente, entre el documento y la celebración, entre la rabia y esa persistencia extraña de quienes siguen haciendo cosas aun cuando el cansancio parece una forma razonable de rendirse.“Vivas nos queremos” rescata una construcción producida en las calles. Trae al presente discusiones sobre las formas, los modos de ocupar el espacio, de nombrar lo que durante mucho tiempo permaneció escondido, prohibido o convenientemente ignorado. No es un registro de lo anecdótico, aunque algunas imágenes puedan sugerirlo en una primera mirada. Es, más bien, una forma de observar el cambio mientras el cambio todavía está sucediendo.Nada está terminado. Las revoluciones, como los astros —si se permite la cita— avanzan sin prisa pero sin pausa. Aunque también habría que decir que cada segundo importa. Porque mientras se discuten las formas, mientras se organizan las marchas, mientras se arman las muestras, hay vidas que siguen siendo arrancadas de manera violenta por hombres educados en la idea de que una mujer puede ser una propiedad, un territorio disponible, un cuerpo sobre el que ejercer dominio.Una mujer del público lo resume sin necesidad de levantar la voz: “Siempre es bueno visibilizar lo que sigue pasando y está mal”.Otra agrega: “Una muestra necesaria. En tiempos donde el odio al feminismo se planta como bandera de ‘batalla cultural’, responder con una muestra que, a través de fotos, busca darle continuidad a una lucha que sigue vigente, es importante para recordar cada pedido, las injusticias y a las mujeres que ya no están”.La frase queda suspendida entre las fotografías. Quizás porque una muestra como esta no pretende clausurar una discusión, sino mantenerla abierta. Recordar que las imágenes no son únicamente aquello que ocurrió, sino también aquello que todavía reclama una respuesta.“Vivas nos queremos” reúne fotografías de Ana Espinoza y Natalia Guerrero, además de otros elementos que completan ese archivo sensible de la calle, la memoria y la militancia. Puede visitarse en Tanta Tinta, Belgrano 1771.Las fotografías permanecen allí, como suelen permanecer las cosas que importan: sin hacer demasiado ruido, esperando que alguien vuelva a mirarlas.
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