Salvador Simó: “La animación ‘Guardiana de dragones’ abrió una puerta a futuras colaboraciones entre China y España”
Entrevistamos al director español Salvador Simó, codirector junto a Li Jianping de ‘Guardiana de dragones’, la primera película de animación coproducida entre China y España. Bienvenido de nuevo a China, director Simó. Quiero contarle un pequeño secreto. Hace dos años estuve personalmente en Beijing en el estreno de Guardiana de dragones, la coproducción de animación entre China y España. En aquella ocasión entrevisté únicamente al equipo chino. Me quedé con la pena de que usted no hubiera podido venir a China y con algunas preguntas pendientes. Así que me alegra mucho poder hacérselas por fin, dos años después. A mí también me hace mucha ilusión volver a China después de aquel proyecto. La verdad es que estoy muy contento de estar aquí. Han pasado ya más de dos años desde que terminó la producción de Guardiana de dragones y esta vez ha venido a Xi’an como miembro del jurado de la sección de animación. Mirando hacia atrás, ¿cómo valora aquella experiencia de colaboración con el equipo chino? Muy positivamente. Creo que fue complicado, fue difícil. Es verdad que tuvimos la pandemia de por medio y eso complicó un poco las cosas, pero fue un primer paso. Creo que aprendimos mucho sobre cómo colaborar, sobre lo que hicimos bien y lo que hicimos mal. Fue una lección muy grande. Y, a pesar de todo, creo que la película quedó muy bien. Estoy muy contento con la película y con el trabajo con mis colegas de China. Creo que abrió una puerta a un futuro de colaboración que, bien hecho, puede funcionar muy bien porque, al final, no somos tan diferentes. La animación, tanto en China como en España, es lo mismo. Y a nivel de personalidad, de cómo somos las personas, creo que España y China se parecen bastante. Usted dijo en la conferencia de prensa algo que me pareció muy interesante: la animación es animación en cualquier parte del mundo. Pero Guardiana de dragones tuvo un proceso creativo bastante particular. El guion procede de la novela de una escritora australiana y en la producción participaron equipos de China y España. Aunque la historia se desarrolla en un contexto chino y tiene elementos mitológicos, participaron creadores procedentes de culturas diferentes. Me imagino que durante el proceso creativo, al discutir el diseño de los escenarios, la forma de interpretar determinadas situaciones o el desarrollo de la historia, surgieron desacuerdos. ¿Recuerda algún ejemplo concreto en el que se hiciera especialmente visible una diferencia cultural? ¿Cómo encontraron finalmente un lenguaje común? Es verdad lo que dices. De hecho, recuerdo un elemento en el que al final tuvimos que pensar no tanto en lo que nosotros creíamos o no creíamos, sino más en la audiencia. Esta es una película que no estaba destinada solo a China, sino a todo el mundo. Por ejemplo, había un momento en el que Ping, la protagonista, abraza a su maestro. Hablando con el codirector, el señor Li, él nos decía que culturalmente en China la gente no se abraza tanto. En España nos abrazamos mucho y en Occidente también. Pero en ese momento tuvimos que pensar no tanto en nuestras culturas, sino en qué era lo que los personajes tenían que transmitir y qué era lo mejor para la audiencia. Llegamos al acuerdo de que era mejor que, en ese momento, Ping abrazara a su maestro y que su maestro se sintiera incómodo por ese abrazo. Porque ese abrazo venía de la inocencia, no tanto de una cultura china o española, sino de la propia inocencia del personaje. A veces, si entendemos por qué el personaje hace lo que hace, ya no depende tanto de la cultura, sino más de las sensaciones y los sentimientos de los personajes. Y eso es común a cualquier cultura. En los últimos años se habla cada vez más de si la animación tiene ciertas ventajas naturales a la hora de superar barreras lingüísticas y culturales, en comparación con el cine de ficción o el documental. Usted tiene una larga experiencia en el sector de la animación. ¿Está de acuerdo con esta idea? Creo que la animación te permite romper muchas barreras. En el mundo real, en una película de ficción, cuando empieza la película ya sabes que hay unas reglas, unas normas. Si coges una manzana y la sueltas, va a caer al suelo. Hay un mundo que todos conocemos. En animación, ese mundo lo creamos nosotros desde el principio. Por lo tanto, puedes crear todas las reglas que quieras dentro del mundo que estás creando. No hay un problema de culturas, no hay un problema de racismo, no hay ningún problema que tú no quieras crear. Los problemas culturales que pueda haber los va a definir la historia, nada más que la historia y lo que sienten los personajes, que son, de alguna manera, el motor de esa historia y los que la hacen avanzar. Yo diría que la cultura, en una película de animación, es el envoltorio de esa historia. Porque, al final, los temas de las películas son cuatro. Si sintetizamos mucho todos los temas de todas las películas, llegamos a una historia de amor, una historia de amigos, los temas típicos que después se van enriqueciendo y van mutando para hacer cosas diferentes. Pero el envoltorio de una historia de amor puede estar en China y esa historia va a ser muy diferente de una historia de amor contada en España. Es la cultura la que hace que esa historia de amor sea especial. Es ese envoltorio. Precisamente por eso me interesa saber cómo funciona una colaboración de este tipo. A primera vista, Guardiana de dragones es una historia ambientada en China, pero en el fondo transmite sentimientos que pueden ser compartidos por personas de China, España o cualquier otro país. ¿Cómo incorpora el equipo español su propia experiencia y su visión creativa dentro de una historia con una apariencia y un contexto tan chinos? En una película de animación trabajan cientos de personas. En cualquier película pueden llegar a trabajar muchísimas personas. Es un proceso tremendamente colaborativo, es un trabajo de equipo. Llevo 36 años trabajando en el mundo de la animación y he trabajado con gente prácticamente de todo el mundo. Cuando trabajaba en Inglaterra, Francia o Estados Unidos había gente de muchos países, muchas culturas, y todos trabajábamos al mismo tiempo, todos remábamos en una misma dirección. Quien marca esa dirección es el director o los directores. De alguna manera, todo el equipo creativo sigue una sola voz. Da igual que sean españoles, chinos o franceses. Si los directores tienen claro lo que quieren, el equipo ayuda a sacar adelante esa visión. Por eso no es tan complicado. Creo que es muy importante dejar muy claro desde el principio cómo va a hacerse esa colaboración. Estamos hablando de una maquinaria, es como un reloj con muchas piezas. Tenemos que tener muy claro qué va a hacer cada pieza para que no se tropiecen entre ellas. Por eso decía que este primer paso que dimos con la película Guardiana de dragones empezó a colocar las piezas en su sitio. A veces había piezas que no encajaban y tenías que moverlas para que encajaran mejor. Aprendimos mucho sobre cómo una colaboración entre dos países que están tan lejos puede funcionar, puede encajar bien y puede hacer que un proyecto salga adelante como salió Guardiana de dragones. Pero en esta película había dos directores. Cuando surgían opiniones diferentes, ¿quién tenía la última palabra? Creo que no se trata tanto de quién tiene la última palabra, sino de qué es lo mejor para la película. Los dos lo teníamos muy claro. Había momentos en los que quizá el señor Li pensaba una cosa y yo pensaba otra. Entonces nos sentábamos y pensábamos: ¿qué es lo mejor para la película, esto o esto? Recuerdo que uno de los primeros conflictos, o más bien uno de los primeros problemas que tuvimos, fue que en la novela original los dragones tienen alas, mientras que en la cultura china normalmente los dragones no aparecen con alas. Entonces, con el equipo del señor Li, empezamos a buscar cómo podíamos encontrar una solución. A través del equipo chino encontramos documentación que decía que, cuando un dragón alcanzaba los 1.500 años, empezaba a tener alas dentro de la propia cultura china. De esta manera conseguimos encajar la historia dentro de la cultura china. Era un problema común, porque era un problema de la película. No era un problema de egos, de que yo quisiera una cosa y otra persona quisiera otra. Se trataba todo el tiempo de pensar qué era lo mejor para la historia.
Si podemos colaborar con otros países que tienen otras visiones, parecidas pero quizá con un poco más de distancia respecto al proyecto, pueden hacernos ver cosas interesantesGuardiana de dragones obtuvo reconocimiento tanto en premios como entre el público. Si ahora tuviera otra oportunidad de realizar una coproducción de animación con un equipo chino, después de la experiencia acumulada con esta película, ¿cree que existe alguna fórmula o alguna experiencia que pueda aplicar a una futura colaboración? No creo que haya una fórmula. Creo que depende de las personas. Lo primero que haría sería sentarme con el equipo chino y ver cómo podemos hacer esa colaboración de la manera más feliz para ambos: qué quiere hacer el equipo chino, qué quiere hacer el equipo español y cómo podemos buscar la manera de comunicarnos y encajar esas piezas. Porque no hay un solo equipo chino. Hay muchos equipos chinos, muchos estudios en China. Cada estudio tiene su punto fuerte. Hay estudios o directores a los que les gusta más una cosa y otros a los que les gusta más otra. Tenemos que buscar cómo podemos comunicarnos. Creo que se trata de sentarse a hablar, comunicarse, llegar a un acuerdo y entonces empezar a plantearse hacer la película. Lo primero que haría sería sentarme a hablar, intentar comunicarnos y ver cuál es la mejor manera de trabajar juntos. Esperamos que muy pronto tenga otra oportunidad de realizar una coproducción con sus colegas chinos. Será un placer, un verdadero placer. Esta vez ha venido a Xi’an para asumir un papel totalmente diferente, como miembro del jurado de la sección de animación del Festival Internacional de Cine de la Ruta de la Seda. Como jurado, ¿qué es lo que más pesa para usted a la hora de valorar una película de animación? Para mí, lo que más pesa es cómo el director ha comunicado lo que quería hacer. Normalmente siempre hay algo que comunicar, pero la cuestión es si esa propuesta llega al espectador. Yo intento verla como espectador, no como alguien que trabaja en el sector, y preguntarme: ¿me llega lo que esta persona me quiere decir o no? Siempre lo comparo con la poesía. Si lees una poesía que te llega, que te hace sentir, está bien comunicada, está bien hecha. A lo mejor el lenguaje puede ser más o menos bonito, pero te llega lo que hay dentro, el sentimiento, la comunicación de ese autor. Hay veces que no te llega, que esa sensación no está bien comunicada o no está bien ejecutada. Para mí, eso es lo importante. Al fin y al cabo, la animación es un arte, y el arte no deja de ser un medio para transmitir una sensación, un sentimiento. Además de las coproducciones de cine de ficción, en el mundo hispanohablante también vemos cada vez más proyectos de animación realizados entre distintos países. ¿Cree que esta tendencia hacia las coproducciones internacionales es positiva para la creación de animación? Creo que la colaboración entre países y la colaboración en las producciones siempre es buena. Como director, me gusta escuchar a mis colegas de otros países y saber qué piensan. A veces tú, como director, ves las cosas de una manera y que haya alguien que te diga: «Esto no lo entiendo», te hace pensar. Te hace reflexionar sobre si realmente está funcionando, si quizá el problema es tuyo como director y no has sabido comunicarlo bien, o si realmente estás seguro de lo que haces y decides seguir adelante. Pero creo que está bien dar un paso atrás y reflexionar. Eso es lo que aporta la colaboración entre varios equipos. Cuando alguien de tu propio equipo te dice: «Oye, creo que esto no funciona», paras y piensas: «Pues es verdad, no funciona. Vamos a arreglarlo». Por eso decía antes que la animación, en general, siempre es un trabajo de equipo, un trabajo colaborativo. Todo el mundo intenta aportar algo para mejorar la película. Y si podemos colaborar con otros países que tienen otras visiones, parecidas pero quizá con un poco más de distancia respecto al proyecto, pueden hacernos ver cosas interesantes. Por curiosidad, ¿ha visto «Ne Zha 2»? El año pasado tuvo un enorme impacto tanto en China como a nivel internacional. Todavía no. Tengo muchas ganas de verla. Vi la primera y me sorprendió muchísimo. Estaba muy bien, muy divertida. Para terminar, quiero enseñarle algo. Hace dos años, cuando asistí al estreno de Guardiana de dragones, me regalaron un póster de la película. Después hice este dibujo inspirado en él. Arriba está el póster y abajo está mi dibujo. No sé si le gusta. ¡Qué bonito! Sí, mucho. Es muy parecido, está muy bien. Es acuarela, aunque esta parte de la falda está hecha con marcador. Es una combinación de técnicas. Está muy bonito, muy bonito. Felicidades. Muchas gracias. Le compartiré la foto. Muchas gracias. Muchas gracias a usted.
Fuente: Enlace original
