“Y si soy comunista, ¿qué?”: Israel Rojas, cantante de Buena Fe (II)
—Ustedes un tiempo fueron a Miami a grabar y, en parte, fueron bien acogidos, aunque después muy atacados. ¿Nos puedes hablar de esta experiencia? —Sí, fuimos porque en la época de Barack Obama hubo esa apertura. Una parte de los que estaban detrás de organizarla, nos tenían localizados como artistas “alineados”, con una postura crítica del gobierno, entonces nos abrieron las puertas y nosotros lo aprovechamos. Esto fue porque, en primer lugar, en los Estados Unidos vive una parte de la cubanidad que ojalá un día se integre al proceso de construcción nacional, que ojalá tenga esa voluntad, porque hay mucha gente allí con un respeto por su nación, por sus tradiciones, que reconoce lo bueno que todavía se hace en este país. Y lo creo porque lo viví, lo conozco. Por otro lado, también fue una manera de reconocimiento del otro, de aprender del otro. Como decía un intelectual cubano, combatiente ya fallecido, Armando Hart: no existen choques de civilizaciones, existen choques de ignorancias. Las civilizaciones que han desarrollado una alta cultura cuando se encuentran desde la cultura, no hacen más que reconocerse, empatizan, se retroalimentan. Pero cuando chocan desde la ignorancia, viene la violencia, la negación, todas las desgracias. La ignorancia es la madre de todas las desgracias, decía él. Entonces, para mí era importante llegar a Estados Unidos desde la perspectiva del que va a dar para aprender. Para mí fue un proceso hermoso, constructivo. Era un momento en que se hablaba de diálogo, de reconstrucción, de entendimiento. ¿Cómo yo voy a estar en contra de eso? Y más también nosotros que hacemos un tipo de música que, aunque tiene mucho música cubana, también tiene de música gringa, de batería, guitarra eléctrica. Yo soy un amante de lo mejor de la cultura norteamericana, que es universal. Y también de los grandes valores de la Revolución Norteamericana, de sus grandes ideas que tienen como herencia la Revolución Francesa. La pregunta es, ¿quién no se enamora de eso? Habría que ser un idiota para no enamorarse de eso. Hasta José Martí se enamoró de eso. Hay un doctor de apellido Berlanga, creador del Heberport-P, el medicamento del pie diabético. Cuando tú entras a la ciudad de Bayamo, ciudad héroe y maravillosa, ves nuestros grandes mambises, próceres, vallas, pancartas, estatuas. Yo digo que el día que entres a Bayamo y veas un “usted ha llegado a la ciudad de Berlanga y de Pablo Milanés”, de gente así, la revolución va a tener un gran impacto, porque necesitamos héroes más cercanos, no solamente los que hicieron cosas maravillosas en aquellos años. Tenemos que reivindicar a nuestra gente que ha hecho maravillas en los últimos años, tener una lectura más cercana para que las nuevas generaciones sientan de las heroicidades no pasaron hace 60 o 70 años, cuando este es un país que todos los días pare momentos de heroicidad. Los nuevos líderes a nivel comunicacional se quedan desamparados, desprotegidos económicamente en materia de reconocimiento. El resultado es que la mayoría de nuestros buenos periodistas no están en los medios públicos. Hemos cometido torpezas descuidando a nuestra mejor gente. La revolución sí necesita un nuevo diálogo que nos lleve a un nuevo pacto social. ¿Tú crees que alguien va a poner bravo con un mipimero [MyPime, Medianas y Pequeñas Empresas], con un atleta, con un artista, con un comunicador, con un obrero, con un emprendedor, con un racionalizador, inventor que haya logrado una cosa importante en el país porque esa gente le vaya bien en la vida? No, nadie se pone bravo con eso. Al contrario, lo correcto es que el reconocimiento social y el económico casi vayan de la mano para que se vuelvan paradigmas, para que las nuevas generaciones quieran aprovechar la escuela para llegar a hacer eso mismo.
“¿Y si soy comunista qué? Yo vengo de una familia de cultura comunista de toda la vida. Lo que para ti es mala palabra, para mí es normal y no pienso pedirte disculpas por eso”.El problema es después, cuando ves que para sustentar eso, debajo encuentras todas las catástrofes internas de codicia, de odio, de violencia, de xenofobia, de colonialismo… ahí te da un cortocircuito en la cabeza y tú dices: “Coño, esto no es lo que se vende”. Por eso es un imperio y tienen esa actitud imperialista, y esta es la parte con la que nunca me identificaría. Ojalá ellos fueran todo lo que dicen que son, sería un país maravilloso y yo quisiera y hasta estaría de acuerdo en tener relaciones con Estados Unidos, por su belleza, grandes escritores y artistas. Fuimos a Miami con esa perspectiva, pero el problema es lo otro que no demoró en surgir rápidamente. Tuvimos choques con esa rivalidad, ese rencor histórico, de que “si no piensas como yo entonces eres comunista”. ¿Y si soy comunista qué? Yo vengo de una familia de cultura comunista de toda la vida. Lo que para ti es mala palabra, para mí es algo normal y no pienso pedirte disculpas por eso, porque no te he quitado nada ni te he hecho ningún daño. Históricamente me comprometo con lo que pasó en este país y con sus errores. El gobierno de hoy, por ejemplo, está dispuesto a sentarse con Estados Unidos y a realizar las compensaciones a las familias que no cobraron su compensación en los años 60 y Cuba estaría dispuesto a valorar eso [en 1958, había 551 empresarios cercanos al dictador Fulgencio Batista, cuyas empresas fueron expropiadas y la Revolución Cubana les ofreció una compensación, en ese entonces varios no la aceptaron creyendo que regresarían pronto]. Fíjate hasta donde se llega, entonces sí hay una voluntad de ese entendimiento. Es que sí, a mucha gente le quitaron sus propiedades porque venían con corrupción, pero hubo otra gente que tenían propiedades bien ganadas de abuelos que vinieron de España, o de cubanos que trabajando se hicieron una farmacia y luego dos o tres. Obviamente que esa gente tiene motivos muy serios para estar molestos con Cuba. Esto te pone en los pies de aquel y dices, “coño, era el contexto, pero si pudiéramos sanar eso, ¿por qué no hacerlo?”. Es parte de ese proceso de conocimiento del otro. La cuestión es qué pasa cuando descubres que hay gente que tiene un rencor visceral. — Esa agresividad de la derecha o procesos contrarrevolucionarios, de la gente que comentas con ese rencor visceral ¿Cómo es vivirlo en la música y cómo afecta directamente, no solo a tu producción, sino también como persona? —Eso es terrible, terrible. Para empezar, porque condiciona una manera de proyección artística. Si hoy quieres ser músico cubano con alguna posibilidad de ser internacional, tienes que meterte en el molde de una percepción de tu país que no corresponde ni con tu formación, ni con tu experiencia de vida. O sea, las dificultades que en cualquier país serían más o menos normales, como que un manager te maltrató, una empresa que no te comprendió, una dificultad baladí, sería algo comprensible.
“Los que tienen la llave del gran mercado nos piden la absolutización, la negación de tu gente y la sublimación de todo lo malo para caerles bien.”Pero a nosotros nos piden la absolutización, la negación de los maestros que te dieron clase, la gente que te preparó, los compañeros de barrio, la de tus padres… el sistema te exige la negación de todo eso y la sublimación de todo lo malo, politizándolo para caer bien a los que tienen la llave del gran mercado. Ese sistema pasa por una parametrización, una medición de tu calidad política. Por otro lado, desde la perspectiva de la izquierda no existe una promoción artística y cultural, por lo que seguimos bebiendo de la misma industria cultural que no tiene alternativa. (…) No existe un aparato, una estructura desde el progresismo que diga: “Este tipo de arte es comprometido y es buen arte.” No existe. Eso es muy difícil. La internalización soñada quedó en Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Hoy es lo que dice Pascual Serrano: no hace falta matar a Víctor Jara ni exiliar a Antonio Machado, sencillamente te bajo el volumen, la gente no te conoce y es como si no existieras.
“Cuando llegas a otro país hay gente esperándote para boicotearte los conciertos y crearte un problema. Eso a lo único que te lleva es a la creación y la lucha: tu lucha es crear y hacer conciertos para no permitir que te maten.”Lo peor es que no se queda solo en bajarte el volumen. Hay descalificaciones, influencers que intoxican tu trabajo, críticos diciendo que tu trabajo es una mierda aunque la vida demuestre que es valioso. Tratar de negar la calidad poética de un artista como Raúl Torres, es para mí un sinsentido, pero por decir que es revolucionario ahora resulta que su obra es una mierda. Lo mismo con Annie Garcés, que tiene un registro espectacular y afinación perfecta, pero la ridiculizan porque ser un artista revolucionario es casi una condena. Porque no tienes mercado y cuando llegas a otro país tienes gente esperándote para boicotearte los conciertos, para crearte un problema. Entonces es muy, muy difícil. Eso a lo único que te lleva es creación, creación, creación, y lucha. Tu lucha es crear, es seguir haciendo conciertos, el no permitir que te maten. El gran problema es que el fascismo lo tenemos tan en la cara que cualquier cosa moderadamente de sentido común parece un acto revolucionario. Por ejemplo, yo no he oído mucho la música de Bad Bunny, pero con su música y eso que hizo reivindicando su origen de Puerto Rico ha logrado que las generaciones por debajo de mí lo conozcan. Lo que hace es loable, porque podría no hacerlo. Sin embargo, me parece que no está haciendo nada radicalmente extraordinario, sino que es tan grosero lo que está sucediendo en este mundo que tener una postura medianamente coherente parece una cosa de otro planeta. Porque para esa industria, los que son verdaderamente comprometidos no triunfan, triunfan los Paul McCartney, no los John Lennon, porque a esos les dan un tiro en la cabeza. Hay excepciones como Roger Waters de Pink Floyd o Bruce Springsteen, pero la mayoría están para venderte el próximo perfume. E incluso los que venden perfumes se han dado cuenta que hablar de Palestina es “cool”, o criticar al ICE es “cool”, porque es demasiado, lo que estamos viviendo es tan horrible. —¿Qué es para ti hoy la Revolución y cómo percibes a los jóvenes? ¿Se necesita una renovación de la Revolución? —Sí, sí. Mira, una revolución es un permanente y constante estado de renovación, de actualización. Revolución que se queda estancada, se pudre. Y la revolución cubana, hay que reconocer, que ha tenido momentos de ortodoxia y rigidez. Se podría decir incluso, y para mí es lo más triste, de desconexión entre los que dirigen al más alto nivel y el pueblo llano. Yo creo que la revolución tiene la obligación de transparentar los procesos de selección de nuestros dirigentes. Tiene la obligación de abrirse a los discursos y a otras narrativas. Tiene la necesidad de contarse a sí misma sin ninguna vergüenza, porque no tiene por qué tener vergüenza. No podemos seguir haciéndole creer a nuestros jóvenes, que los héroes y mártires, así como los sucesos importantes de este proceso maravilloso que ha sido la revolución, son los que pasaron entre el 59 y el 65. Es como si en los 70, 80 y 90 no hubiera pasado nada. Y eso no es verdad.
“La vida nos pende de un hilo y ese es mi caso: si aquí pasa algo yo voy a salir a defender a la Revolución, conmigo no hay inventos. Yo me voy a morir por la Revolución.”La revolución es diseño, planificación, concertación, transparencia, diálogo, democracia, debate. Hay cosas que no se pueden transparentar porque tienen un enemigo ahí que está todo el tiempo soplando en la nunca, pero hay cosas que nosotros estamos obligados a hacerlo, porque la revolución se hizo para eso. Yo soy socialista, creo como nadie en la capacidad que tenemos los seres humanos de tener objetivos comunes. Pero hemos descuidado la subjetividad, además de la economía que es terrible, en la subjetividad siempre hemos sido fuertes. Y en tiempo de redes sociales y todas estas mierdas, es de vida o muerte, sino la enajenación, el egoísmo te va a matar como sociedad. La revolución tiene esos retos y que cuenten conmigo 100% para hacerlos. Mira, la mayoría de nuestros videoclips hablan de temas sociales, útiles para la sociedad, como la vejez, la intoxicación mediática, la guerra. Pero eso no se pone en los medios ni está de moda. No se difunde, y lo que hay que hacer es tratar de poner de moda a eso. Nosotros hace mucho tiempo que no generamos producción simbólica. Por ejemplo, cuando Silvio Rodríguez pone un textito en su blog personal, se vuelve un fenómeno, porque nuestra producción simbólica es tan exigua que un ícono como Silvio se ve más. Por supuesto, no quiero decir con esto que Silvio hizo mal, no, él es maravilloso. Como dicen algunos amigos: “donde Silvio esté, es donde hay que estar.» O sea, que hay un poeta que es referente moral y político es hermoso. ¿Y qué va a pasar cuando Silvio no esté más? Hemos descuidado la producción simbólica y los sujetos que generan esa producción simbólica. Eso es terrible para la producción. Eso es un síntoma inequívoco de necrosis. —Me dijiste que hay un nuevo disco. ¿Me puedes adelantar algo? —Sí estamos muy entusiasmados con eso. Se llama Trineo y saldrá entre julio y agosto. —¿Algo que quieras adjuntar? —Solo agradecerte a ti y a todos los que han venido en este momento con este esfuerzo gigantesco. Te lo digo sin protocolo. Su presencia aquí es importante para que quede huella de cómo se vivieron estos momentos del cerco petrolero, que sepan contarnos como quien contó Numancia [ciudad celtíbera -hoy España- que resistió 20 años el asedio de los romanos en el siglo II a.c. y prefirieron suicidarse antes de ser esclavos]. Porque sabes que la vida nos pende de un hilo y ese es mi caso: si aquí pasa algo yo voy a salir a defender a la Revolución, conmigo no hay inventos. Yo me voy a morir por la Revolución.
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