Un poeta: desigualdad social, acceso a la cultura y representación en el cine de Simón Mesa Soto
La película es una comedia dramática narrada desde el realismo social, que, a partir de poner el foco en la esfera íntima y en el humor irónico, se corre de la clásica representación que se ofrece de la marginalidad latinoamericana, que la iguala fácilmente, a un realismo crudo que tiene que hablar de la miseria, la violencia y el narcotráfico para adecuarse a la mirada que demanda el mercado. Además, está filmada en 16mm, lo que es una declaración de principios como realizador, ya que le permite lograr una textura más cercana al documental y al cine artesanal, que a la nitidez y a la espectacularidad de las cámaras digitales. Un poeta está organizado en un prólogo y cuatro partes, lo que dialoga con lo literario como tema de la película y con la idea de la vida misma como una poesía con diferentes cantos, que corresponderían a las variaciones de un mismo tema a lo largo de una vida. La película sigue entonces a Oscar Restrepo (Ubiemar Ríos), un hombre adulto de clase media que vive con su madre anciana, que se encuentra desempleado y se solventa de la pensión de ella. Oscar se siente un poeta, ha escrito un par de libros de poesía exitosos durante su juventud y ha quedado anclado a la nostalgia de ese pasado. Admira a José Asunción Silva (1865-1896), poeta colombiano que fue uno de los precursores de la poesía moderna en Hispanoamérica, a quien tiene como el ideal del poeta romántico que alcanzó prestigio por la singularidad de su escritura, sin tener que involucrarse en la impureza del mercado para sostener su vida. Pero la poesía, el arte en general, hoy no tiene el mismo lugar en la sociedad que en aquel entonces. Por lo tanto, Oscar no puede sino representar el estereotipo del artista decadente, que se regodea en la miserabilidad de su propio fracaso y que se entrega al alcohol como intento fallido de paliar sus penas. De ahí la referencia intertextual que aparece en la película con el escritor estadounidense Bukowski, con quien se encuentra identificado. Así, a través del personaje de Oscar Restrepo, como su alter ego, Mesa Soto pone en escena su propio tironeo como artista, entre su amor por el cine y los apremios de la vida, que se pone en juego en la pregunta acerca de cómo lograr vivir del cine, sin tener que traicionarse completamente frente a las exigencias del mercado. Oscar, además, es padre de Daniela (Allison Correa), que está preparándose para rendir los exámenes para entrar a la universidad. Con ella tiene una relación esporádica e inestable, ya que, dado el tipo de vida que lleva entregado al nihilismo decadente, resulta una fuente de vergüenza y de rechazo para ella. El hecho de que la madre de Oscar se encuentre enferma acelera la decisión de su hermana de ayudarlo a salir de esa situación de estancamiento. Le acerca entonces la posibilidad de que trabaje como profesor de literatura en una escuela de un barrio vulnerable. Dando clases, Oscar descubre el talento de una de sus alumnas, Yurlady (Rebeca Andrade), de 15 años, que escribe y dibuja en un cuaderno lo que siente, más en la línea de una suerte de diario de una joven de esa edad. Yurlady vive en la misma vivienda junto a su abuela, su tío, sus hermanas y sus pequeños sobrinos. Su mamá es empleada doméstica y el sostén económico de la familia. Yurlady la ve en su franco de los domingos, mientras que con su padre no tiene relación, pues la ha abandonado desde pequeña. La poesía de Yurlady está en las antípodas de la imagen cliché del poeta torturado y melancólico, pues, dentro de las frustraciones económicas que atraviesa, no dejan de ser esperanzadoras. Oscar ve en el prodigio de Yurlady la posibilidad de resolver sus frustraciones como poeta y como padre. Se propone entonces como su tutor para convertirla en su poeta discípula. Se trata para él de una manera de crear con ella, y a través de ella, la gran obra de su vida. En este punto, Mesa Soto une con acierto la creación artística y la paternidad, pues el padre no es el padre biológico ni el padre proveedor, sino aquel que es capaz de hacer una transmisión desde el entusiasmo por aquello que ama, lo cual lo hace digno del amor de un hijo. Oscar ama a la poesía y a su hija, pero es incapaz de hacer de ello una causa entusiasta por la que luchar; se ha derrotado rápidamente bajo el peso de las frustraciones de la vida. Oscar propone a Yurlady como candidata a la Escuela de Poesía de una Fundación, pero los poetas snobs y consagrados que la dirigen no la aceptan y le proponen que participe en el Festival de Poesía que organizan, donde podría ganar cierto dinero en caso de triunfar. Aquí Mesa Soto, a través de estos personajes narcisistas y soberbios, realiza una aguda crítica a las instituciones que dirimen quién tiene acceso a la cultura y quiénes no, y también qué es considerado o no como poesía legitimada por el canon. Realiza también una crítica a los festivales culturales, que desde una mirada burguesa aceptan al nuevo talento marginal con fines puramente utilitarios y que, al mismo tiempo, le exigen acomodarse a la mirada que ellos determinan como válida de los márgenes y lo nuevo, en una suerte de exhibicionismo patético de la miseria de la vida en condiciones de vulnerabilidad. El escándalo de la borrachera de Yurlady y de Oscar y el malentendido de un posible abuso sexual que suscita, provoca la denuncia de la familia de Yurlady ante las autoridades del colegio y del Festival. Mesa Soto muestra la miserabilidad de todos los estamentos institucionales que orbitan alrededor de Yurlady. Ni a la escuela (que responde con el protocolo escolar), ni al Festival de Poesía (cuyos organizadores responden ofreciendo dinero para detener la denuncia), ni a la familia (que está dispuesta a aceptar el dinero que les ofrecen), les interesa el bienestar de Yurlady; prueba está de que ni siquiera la escuchan y actúan desde sus propios prejuicios o conveniencias. A diferencia de estos personajes, Oscar es un hombre torpe e inmaduro que se ha equivocado al creer que sus frustraciones como poeta podrían resolverse a través del éxito de Yurlady y que la poesía podía ser un modo de cambiar la realidad socioeconómica de ésta, pero que conserva cierta nobleza en sus intenciones. De ahí que, en su desborde emocional, impida el pacto económico que compra un silencio y la obscena filmación de la exoneración familiar, que funcionaría como garantía del pacto. Este gesto de haberse interesado genuinamente por ella es algo que Yurlady pesca y que de algún modo agradece y devuelve intercediendo en el maltrecho vínculo entre Oscar y su hija. En este punto resulta interesante que se trate de un cuaderno (que Yurlady había tomado de Daniela) aquello que Yurlady pone a circular como objeto mediador, que restituye la palabra entre una hija y un padre. El detalle de que este cuaderno tenga una tapa con brillos es sumamente significativo desde la puesta en escena. Es por ello que este mismo cuaderno, ahora en manos de Oscar, a través de Daniela, lo devuelve a éste a sus orígenes, al entusiasmo del encuentro con la página en blanco para escribir un nuevo poema, ahora un poema feliz, con el que se abre una luz de esperanza al final del túnel. Es claro que, para poder dedicarse al arte, primero hay que tener resueltos los derechos básicos de acceso al techo, a la comida y al vestido en condiciones dignas, y también es cierto que, en los barrios vulnerables, hay menores oportunidades de acceder a la cultura. También es cierto que el acceso al arte puede ser una herramienta de transformación social, pero esto puede ser una aspiración netamente burguesa. Por eso Mesa Soto también muestra que no hay nada indigno en querer llevar, como Yurlady, una vida con objetivos sencillos como tener un oficio, ayudar a la familia o tener hijos. En Un poeta, Mesa Soto también nos transmite que no se trata de bajar los brazos frente a las adversidades ni de caer en el desánimo cuando el arte ya no tiene el mismo valor, en el imperio de un mercado de mercancías. Se trata, en cambio, de seguir intentándolo, a pesar de todo. Porque no se trata de la grandilocuencia del reconocimiento ni del éxito, sino de apostar a que la palabra, incluso diría que el amor por la palabra y que el detenerse a mirar y escuchar al otro en tanto diferente, pueda ser el pequeño destello que impacte cambiando una vida, y que en ese pequeño gesto podamos insospechadamente transformarnos a nosotros mismos. Ficha técnica: Título original: Un poeta.
País de origen: Colombia, Alemania, Suecia.
Dirección y guion: Simón Mesa Soto.
Reparto principal: Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona.
Año: 2025.
Duración: 120 minutos.
País de origen: Colombia, Alemania, Suecia.
Dirección y guion: Simón Mesa Soto.
Reparto principal: Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona.
Año: 2025.
Duración: 120 minutos.
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