La Odisea: lograda épica antibelicista

La Odisea es el poema atribuido a Homero, que data del siglo VIII a. C., que canta y narra el periplo de 10 años que le llevó al general Odiseo, Rey de Ítaca, regresar a su tierra luego de los 10 años que le tomó al ejército griego poder vencer en la Guerra de Troya. El poema versa sobre temas universales como la memoria, la identidad, el paso del tiempo y las consecuencias morales de los actos humanos, que coinciden con los intereses que Christopher Nolan ha venido desplegando y reversionando a lo largo de su filmografía. Por otra parte, tratándose de la hazaña épica del regreso del héroe Odiseo a su hogar, su trasposición al cine requiere un tratamiento majestuoso desde las formas, que resulta idóneo para este realizador que ha sabido combinar y equilibrar, a lo largo de toda su obra, el diseño formal a gran escala con la profundidad filosófica y psicológica desde el contenido, sin perder la impronta autoral. Dentro de la filmografía de Nolan, su Odisea es la película narrativamente menos rebuscada y laberíntica, aunque conserva los flashbacks hacia el pasado que reponen información y que están presentes en el original. Y si bien se toma algunas licencias narrativas, se trata de una versión que sigue bastante fielmente la narración original y que principalmente se mantiene fiel al espíritu que busca transmitir la épica homérica. El primer cambio para destacar es el abordaje desde el realismo psicológico que realiza de la epopeya. Por ello, los dioses se plantean como el marco simbólico que organiza la vida en la sociedad griega y no tienen presencia encarnada, tomando decisiones, interviniendo desde lo sobrenatural o acompañando directamente a los humanos, a diferencia del poema homérico. Siguiendo esta línea, Atenea, la diosa de la sabiduría, de la guerra y de las artes, que es protectora de Odiseo, aparece como referencia en la estatua del templo de Troya o en el broche que Penélope (Anne Hathaway) le da a su amado para que no la olvide y para poder identificarlo. Además, toma la apariencia de la sacerdotisa del templo de Atenea (Zendaya) que sus hombres mataron en Troya como retorno fantasmagórico-alucinatorio que se le aparece a Odiseo (Matt Damon) sin nunca hablarle directamente, y que desde el realismo psicológico expresa el retorno del mal que ha hecho y que lo persigue como culpa. Otros cambios son la inclusión del personaje de Sinon (Elliot Page), que pertenece a La Eneida de Virgilio y el recorte narrativo del episodio de los lotófagos, que se superpone con el de Calipso y la estadía de Odiseo entre los feacios, que obedecen a razones de economía narrativa de tremenda epopeya. Como en el original, la película arranca in media res, esto es, a mitad del periplo de Odiseo, que aquí se encuentra cautivo de la ninfa Calipso (Charlize Theron). La ninfa ha intentado conquistarlo, anestesiando los recuerdos de su mente, pero el corazón de Odiseo, que clama por el regreso a Ítaca, es indomeñable, no responde a manipulación posible. Mientras tanto, bajo el montaje paralelo, en Ítaca reina el caos con los pretendientes acosando a Penélope para que se case con uno de ellos, a la vez que se aprovechan de su hospitalidad devorando sus bienes, y un joven Telémaco (Tom Holland), hijo de Odiseo, no consigue imponer entre esos galanes la memoria y el respeto hacia ese padre a quien no conoció y del cual no se sabe si está vivo o está muerto. Un detalle importante del comienzo es la presencia, en el banquete que se da en el palacio para los pretendientes, de un cantor (el rapero Travis Scott), que narra la gloria de Odiseo como el héroe de Troya que con su ardid del caballo como ofrenda logró la caída de dicha ciudad. Nolan evoca así el espíritu del original en tanto leyenda épica transmitida por vía oral. La historia de Odiseo es la del héroe que, admirado por su inteligencia (fue el ideólogo del famoso Caballo de Troya), se cree dicha fama y en su soberbia desafía a los dioses, por lo que es castigado por estos a un tormentoso retorno a Ítaca. Se trata del héroe moderno, caído en desgracia, que debe superar distintas pruebas para lograr regresar a su hogar. Cada prueba le presenta, bajo diferentes formas, una tentación, el empuje a un goce absoluto, frente a la cual tendrá que ingeniárselas para sustraerse a este influjo. A diferencia de Aquiles, que es el héroe que se sostiene en la fuerza física, Odiseo es aquel cuya heroicidad se sostiene en su ingenio, en un saber hacer para idear artilugios que le permitan superar las distintas peripecias a las que va enfrentándose. El viaje geográfico entre las islas del Mediterráneo se configura, entonces, como un viaje interior, como un camino de aprendizaje que puede equiparse a un psicoanálisis, por el cual Odiseo consigue volver a Ítaca, pero como otro que aquel que fue, pues la experiencia vivida opera en él una transformación subjetiva. El mundo griego tiene una lógica muy diferente de la nuestra. Se trata de un mundo ordenado por las leyes de los dioses (la prohibición de profanar templos, el deber de enterrar a los muertos, la prohibición de incendiar ciudades, que implica impedir al enemigo la posibilidad de un regreso a su origen identitario, y el deber de hospitalidad con el extranjero, pues podría tratarse de un dios), cuya transgresión es castigada férreamente por ellos. Y es precisamente la transgresión de estas leyes que lleva a cabo Odiseo en Troya al transformar la lucha en una cacería, rompiendo el pacto social entre los pueblos, la que despierta la ira de los dioses y desata su ruina. Se trata de un mundo que exige una renuncia al goce absoluto, a la desmesura de querer igualarse con un Dios, para poder convivir en sociedad de manera armónica. En nuestra época ya han muerto los dioses e incluso se ha producido la declinación de la ley simbólica que ocupaba su lugar, ya no se trata entonces de transgredir la ley para acceder a un goce prohibido, pues todo está permitido y vivimos asediados por el empuje del imperativo del mercado que ordena un goce todo, un goce obsceno, impúdico que se expresa en las ganancias exorbitantes de los tecno-magnates, en el empuje del imperativo del consumo y de la productividad e incluso en el empuje a la expresión del odio que instala el algoritmo en las redes sociales. En este contexto, si La Odisea es un clásico que sigue resonando en el presente, es porque Odiseo es el héroe moderno, caído en la ruina, que consigue regresar al hogar porque, al verse confrontado con las consecuencias de sus actos, con el tremendo costo humano y de tiempo (la muerte y el tiempo como dos dimensiones de lo imposible de recuperar) que ha significado su soberbia en los campos de Troya, decide hacerse cargo de las mismas y renunciar al goce de la lucha y del dominio; para poder seguir vivo, para alcanzar la vejez junto a su amada Penélope. La vida en una sociedad civilizada exige una elección forzada entre la fama o la vida. Si el héroe quiere seguir vivo, debe renunciar a la fama que solo se alcanza en la muerte en la batalla. Es así como Odiseo en el final cede el trono a su hijo Telémaco y se exilia junto a Penélope; depone las armas, renuncia a continuar la lucha contra la venganza de los parientes de los pretendientes a los que ha masacrado, para conquistar la paz de la vejez. Que para poder vivir una vida entre otros hay que aceptar que lo posible es un goce acotado, limitado; es una de las importantes transmisiones del poema homérico en nuestro presente alienado en la algoritmización de todas las áreas de la vida. Se plantea así la necesidad de reintroducir la dimensión de la pérdida, de la cesión o renuncia al goce, todo como condición para recuperar la potencia del deseo y del amor. Por eso, la confesión de Odiseo, todavía como mendigo, ante Penélope, que está del otro lado de la puerta enrejada que los separa, reconociendo la barbarie como algo propio, más que proviniendo de otros pueblos externos, visiblemente afectado por el peso de la culpa que carga sobre sus hombros, que se arrepiente de sus atrocidades y ha elegido cambiar, es uno de los puntos altos de la película. Otra cuestión interesante del poema homérico es el tema del regreso al hogar (nostos), a la tierra como punto de anclaje de nuestra identidad cifrada en los afectos y en la memoria compartida. Odiseo supera las pruebas por su inquebrantable decisión de volver a recuperar su identidad, pues sin tierra queda reducido a ser un paria, a un extranjero, que no siempre será bien recibido. Es un tema menos desarrollado en la película, respecto del antibelicismo, que tiene resonancias en nuestra época que promueve la figura del consumidor global, uniforme; en contraposición a la singularidad del sujeto marcado por un origen en la familia y en la tierra. Por otra parte, si bien el protagonismo es de Odiseo, es interesante cómo construye Nolan el lugar de las mujeres en la película. Ellas son claramente las más perjudicadas durante la guerra. Esto se aprecia en los personajes de Circe y de Penélope, dos mujeres que quedan solas y que resisten ante el bárbaro asedio de los hombres que solo pueden tratarlas como objeto de satisfacer sus apetitos de poder, como pueden, y de manera diferente. El punto del acoso hacia lo femenino sigue encontrando plenas resonancias en el presente. Circe, como hechicera, los convierte en lo que son: en unos cerdos, para evitar su barbarie. Penélope, lejos de ser representada solo como la abnegada esposa en nostálgico duelo (lo que traduce el color rojo como afectación en su vestimenta), muestra el carácter de su experiencia como soberana ante su hijo, la astucia de ganar tiempo tejiendo y destejiendo y la estrategia de una prueba para los hombres que la pretenden, que sabe que ninguno podrá superar, inteligente frialdad que es transmitida por su vestimenta de color azul. La Odisea como épica tiene un final feliz, pero que no es 100% feliz, pues es profundamente antibelicista y es esta dimensión la que Nolan en su película consigue hacer resonar en nuestro presente, donde la guerra y el exterminio de los pueblos parecen no tener fin. Desde lo formal, esto se logra a través del uso de una iluminación oscura en los recuerdos de la guerra de Troya o de las distintas pruebas atravesadas y en la barbarie que es el presente en el palacio, que se contrapone a lo luminoso de los momentos de paz, como son la estadía junto a Calipso y el final del descanso del guerrero. También es interesante el coqueteo de Nolan con el terror en la sola presencia imponente e inquietante de Agamenon (Benny Safdie) e incluso explorando subgéneros como el gore en la escena del Ciclope (de inspiración en Saturno devorando a sus hijos de Goya), los zombies en la escena del Hades, el body horror en la escena de Circe. Estos elementos están muy bien acompañados de un diseño sonoro a cargo de Ludwig Göransson que abreva en gongs, liras y aulos, creando una atmósfera de tensión inquietante. A esto se agrega que, al estar filmada en formato Imax, inmersivo, Nolan apunta a que el espectador pueda vivenciar la experiencia física del temor al castigo, del esfuerzo en la epopeya, de la pérdida progresiva de compañeros e incluso del desgaste que conlleva el paso del tiempo. En tiempos de virtualidad digital en que insultar, acosar, humillar y matar es sin consecuencias, porque se pierde la materialidad del cuerpo y del paso del tiempo, y en que el belicismo, la ciencia y la tecnología rechazan la posibilidad de un límite, no es poca cosa la maravillosa experiencia cinematográfica que propone Christopher Nolan. Con un buen equilibrio entre acción, reflexión y emoción y un elenco a la altura de las circunstancias, La Odisea, nos brinda la posibilidad de volver a conectar con el sentido trágico de nuestra existencia y de dejar de ser solitarios consumidores o usuarios por un rato para volver a ser humanos en la experiencia comunitaria, efímera e irrepetible de un cine que exuda amor por el cine como arte y que por ello está concebido para ser apreciado en pantalla grande. Ficha técnica: The Odyssey. Filmada con cámaras IMAX. Elenco: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Samantha Morton, Zendaya, Charlize Theron. Guion: Christopher Nolan, Producida por Syncopy (Emma Thomas y Christopher Nolan). Dirección: Christopher Nolan. País: Reino Unido. Duración: 172 minutos. Año: 2026.

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