Pensar y luchar: el “Antirracismo” que se organiza en América Latina

El libro «Antirracismo. Pensamiento y praxis en clave afrolatinoamericana», compilado por Federico Pita, reúne artículos de gran potencia teórica y política que invitan a profundizar el debate sobre el racismo como problema estructural. Lejos de ser una herencia del pasado o una anomalía contemporánea, el racismo atraviesa todas las épocas históricas y se inscribe en las matrices mismas de nuestra modernidad, adaptándose y resignificando en cada contexto. Esta compilación, publicada por la Editorial Nido de Vacas -a quien agradecemos el envío del ejemplar-, aporta herramientas clave para desnaturalizar su persistencia. Compartimos con nuestros lectores y lectoras la “Introducción” de la obra, que la editorial ha tenido la gentileza de poner a disposición y puede leerse completa en este enlace. Al tratarse de una compilación, si bien hay varios temas para reflexionar, lo cierto es que todos los artículos están atravesados por un eje ordenador teórico-analítico y político: el antirracismo en clave afrolatinoamericana. Esto es así porque las y los autores dan cuenta del problema del racismo en América Latina y el Caribe y también de las respuestas de lucha desde su implantación en la historia, desde la era colonial hasta el presente. La compilación de este volumen estuvo a cargo de Federico Pita, que es politólogo (UBA), activista, fundador de Diaspora Africana de la Argentina (DIAFAR) y editor del Suplemento Negrx de Página/12. También escriben Juliana Góes, Mónica Rey Gutiérrez, Ochy Curiel Pichardo, Agustín Lao Montes y Melquiceded Blandón Mena. A continuación, reseñamos algunas claves de “Antirracismo” para su lectura, no sin antes señalar que la tapa del mismo presenta un puño cerrado como símbolo de lucha y a la vez encierra dentro de su contorno la imagen -brutal- que ilustra cómo viajaron desde África hacia América las personas esclavizadas en los “barcos negreros”.

¿Qué es el racismo?

En su artículo “¿De qué hablamos cuando hablamos de racismo? La necesidad de una perspectiva étnico-racial en el desarrollo, implementación y evaluación de políticas públicas”, Federico Pita se propone analizar el caso argentino y presenta un estudio de caso y plantea que: “El racismo es un fenómeno social, político y cultural que se cimenta sobre tres niveles: estructural, institucional e interpersonal; es un fenómeno que se produce de arriba hacia abajo, es decir, que está en las estructuras mismas del sistema-mundo, que es parte nodal de las relaciones sociales, culturales y políticas con las que se organizan nuestras sociedades capitalistas modernas” y luego el autor agrega: “El racismo es una ideología que consiste en afirmar la superioridad racial blanca y la inferioridad racial negra. No existen múltiples racismos; el racismo es un único fenómeno” (p.115-116). Esta definición orienta al lector sobre el tema que aborda el compendio: el racismo como fenómeno sociohistórico y su contrapartida política: el antirracismo. Vale decir que, más allá del caso argentino, es una definición amplia que viene bien para analizar y comprender los demás artículos que se proponen demostrar el largo recorrido de los pueblos afrolatinoamericanos, sus sufrimientos particulares y, por supuesto, las rebeliones, estallidos y formas de lucha contra la opresión a lo largo de la historia. Para quien no conozca el tema, solo diremos que a raíz de la conquista española comenzó el exterminio de la población nativa; millones murieron a causa del contagio de enfermedades que trajeron consigo los conquistadores europeos (como la epidemia de viruela) y también por las condiciones de superexplotación, lo que terminó por causar el descenso mortal de la población local. Fue en ese momento histórico que comenzó el tráfico de esclavos africanos, fenómeno que también es conocido como la “trata negra”. La trata negra de esclavos proveniente de África se inició en el siglo XVI y finalizó formalmente promediando el siglo XIX. El sistema consistía en una triangulación entre las compañías esclavistas europeas que partían de los puertos del viejo continente hacia las costas atlánticas de África para la compra de esclavos, luego los barcos negreros se dirigían hacia América para su comercialización. El mortífero triángulo se cerraba con el regreso de los barcos esclavistas hacia su puerto de origen para volver a organizar el macabro sistema una vez más, sistema que funcionó durante más de 300 años.
En el compendio leemos la descripción que ofrece Melquiceded Blandón Mena y señala que: “Las guerras contra el secuestro masivo de niños y jóvenes en sus territorios africanos, la toma de barcos negreros, los intentos de escapar que implicaban morir en el mar (…)” empezaban en el minuto cero de la triangulación y una vez en territorio americano -en este caso el colombiano- surgieron las estrategias insurgentes tales como “fugas, suicidios, mutilaciones; abortos provocados, envenenamientos, asesinatos de amos, mayordomos y capataces; asaltos a la producción; quemas, daños y destrucción a las propiedades esclavistas; ataques espirituales; levantamientos masivos; tomas de haciendas y pueblos; construcciones de palenques o territorios libres; en fin, todo un cúmulo de estrategias para socavar el régimen esclavista” (p.159).

Feminismo negro

En “Antirracismo” hay un artículo muy interesante, tal vez uno de los que más se destaca, y fue escrito por Juliana Góes, titulado “Beatriz Nascimento y Léila González: introducción al feminismo negro brasileño”, en cuya particularidad la autora señala que: “Este feminismo negro recorre los rasgos de raza, clase y género y lee a la sociedad a partir de la conexión entre estas opresiones, pero sin subordinarlas”. La autora busca despertar el interés por Beatriz Nascimento y Léila González en cuanto a sus obras y práctica política en torno a la visibilización de la mujer negra en Brasil y brinda una serie de herramientas analíticas para comprender la sociedad contemporánea y, por lo tanto, para su transformación. Además de rescatar la obra de las pioneras del feminismo negro (Nascimento y González), la autora critica el mito de la “democracia racial” acuñado por Gilberto Freyre en los años 30 del siglo XX. Ese mito establecía que Brasil dejaba atrás la división entre negros y blancos porque había zonas de “confraternización”. Sin embargo, Juliana Góes aclara que “esta confraternización se evidenciaba principalmente por el hecho de que los colonos blancos mantenían relaciones sexuales con personas negras esclavizadas y, por consiguiente, por el mestizaje” (p. 82). Donde dice “relaciones sexuales” debe leerse abuso, violaciones y todo tipo de humillaciones sobre las personas esclavizadas. Por eso, la autora plantea que las élites se apropiaron del mito de la “democracia racial” cuando dice que las mismas: “(…) se retrataban como personas misericordiosas que hasta estaban dispuestas a tener sexo con ‘aquellos’”.

Declaración: Ceuta: contra la militarización, las devoluciones en caliente y la Europa fortaleza

En ese contexto aparece el rescate teórico-político de Beatriz Nascimento y Leila González. La primera criticaba que la cuestión racial no podía reducirse solo a la explotación de clase y que en ese sentido hay una especificidad de las mujeres negras que eran consideradas fuerza de trabajo y al mismo tiempo esclavas sexuales, dentro de una estructura jerárquica y patriarcal de la sociedad brasileña dominada por los dueños de las plantaciones, que a su vez eran los dueños de los esclavos negros. Por su parte, la segunda autora en cuestión planteaba que las mujeres africanas y amerindias eran objeto de una triple opresión: de raza, género y clase. Juliana Góes reconstruye que en los años 70 todos estos debates estaban a flor de piel en diversas organizaciones de lucha, de izquierda, de las cuales las mujeres fueron protagonistas, aún bajo las difíciles condiciones que impuso la dictadura.

Antirracismo contemporáneo

El compendio de conjunto es un aporte porque allí se narran diversas experiencias de lucha, organización y debates políticos en torno a cómo afrontar el racismo en las sociedades capitalistas de América Latina y el Caribe. El libro tiene el detalle de narrar avances y dificultades del movimiento negro en cuanto a organización, según las experiencias, desiguales, de cada país. Aparecen discusiones programáticas y de práctica política. En el caso boliviano, por ejemplo, se plantea la necesidad, a través del artículo “Movimiento Cultural Saya Afroboliviana” de Mónica Rey Gutiérrez, de que la comunidad afroboliviana ubicada en las Yungas paceñas se involucre cada vez más “en política”, lo cual está bien en un sentido amplio, pero queda abierta la cuestión de cuál es el programa, método de funcionamiento y participación de las bases. Decimos esto pensando la perspectiva de un sistema de engranajes, cuya independencia política de los partidos patronales es fundamental, para que la lucha antirracista incluya tanto a los pueblos originarios, la comunidad afroboliviana y los trabajadores urbanos. En ese mismo sentido, la compilación de conjunto es muy interesante y obliga -en el mejor de los sentidos- a que el lector tome partido, se involucre, reflexione y haga flamear en lo alto la bandera del antirracismo.

Los mil y un marxismos

Parafraseando a Daniel Besaid en “Marx intempestivo”, existen mil y un marxismos. Decimos esto porque el compendio está atravesado por un cuestionamiento al “marxismo” del tipo: el marxismo subordina la cuestión racial a la cuestión de clase; por ende, cuestionan a quienes se identifican con esa corriente. El problema no es el cuestionamiento “en sí”, que por cierto es discutible, sino que no queda claro a cuál -o a cuáles- de todos “los marxismos” existentes se refieren los autores. Esa precisión espacio-temporal ayudaría al lector a orientarse mejor en la crítica que esbozan. Sin embargo, la única vez que se nombra una organización marxista es en el caso brasilero, del artículo comentado más arriba, en la lucha confluyente del movimiento negro, feminista, junto a las organizaciones de izquierda marxista. Juliana Góes sostiene en su trabajo que: “En el caso del movimiento negro, el embrión del Movimiento Negro Unificado (MNU), creado en 1978, fue una organización trotskista llamada ‘Convergencia Socialista’. En esta organización, había un grupo de activistas negros que pensaban que el fin del racismo solo era posible con el fin del capitalismo porque este se alimentaba de aquel. Así que combinaron las categorías de clase y raza para crear el MNU. Igualmente, el movimiento negro fue aislado de otros grupos de izquierda, acusado de dividir la lucha de clases al abordar la cuestión racial” (p.88). Más allá del balance particular de la experiencia mencionada, en este artículo se vuelve concreto el rol de una organización marxista de orientación trotskista. Qué rol jugó el estalinismo en la cuestión racial y los debates del movimiento negro no queda del todo claro y esa nebulosa una falencia del compendio.

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En nuestro medio hemos difundido algunos debates como “Autodeterminación negra en los EE. UU.” entre C.L.R. James -autor del cásico “Los jacobinos negros”- y León Trotsky, además de la publicación de “La revolución y los negros“ de CLR James y hemos realizado un cortometraje reivindicando la gran Revolución haitiana contra el esclavismo, una de las grandes epopeyas de lucha que los autores del compendio también reivindican. En ese sentido, para el trotskismo, pelear por la conciencia de clase, la independencia política de toda variante patronal va de la mano contra el veneno racista que es funcional al dominio de las clases dominantes. Si la clase obrera es una y sin fronteras, la lucha antirracista es fundamental en esa perspectiva. En ese sentido, nuestro compañero Anasse Kazib, hijo de inmigrantes africanos, simboliza que el trotskismo no sólo está lejos de la “la cuestión racial”, sino que el obrero ferroviario fue llevado a juicio por el imperialismo Frances justamente por defender al pueblo palestino y participar de las movilizaciones contra la xenofobia que impulsa la extrema derecha en el corazón de Europa. Teoría y práctica que se vuelven imprescindibles a la hora de enfrentar la opresión racial y el genocidio.

La pelota no se mancha

Me permito una anécdota personal; cuando estaba leyendo este libro transcurría el Mundial de fútbol. Tras la eliminación de Paraguay vs Francia, leí un tweet de una senadora paraguaya que destilaba racismo contra el capitán de la selección francesa Kylian Mbappé, además de las declaraciones del ex arquero de la selección paraguaya (Chilavert), que dijo que la selección francesa de ahora “son todos africanos”. Nada más despreciable, más aún cuando se trata de un deporte colectivo que -se supone- debería unir a los pueblos, sobre todo a los creadores del deporte, las clases trabajadoras y populares. Pero el capitalismo todo lo que toca lo convierte en negocio. El racismo está a flor de piel en todas partes del planeta. La campaña antiargentina en el Mundial, tuvo el prisma de ser el país más “racista del mundo”. Agustín Lao Montes en su artículo “Modernidad, colonialidad del poder y la invención de ‘razas’ y ‘racismos’” sostiene: “La estratificación racial global y las constelaciones de racismo en el mundo son diversas y complejas, variando desde el antisemitismo, la islamofobia, el orientalismo y los racismos contra los indígenas y los racismos antinegros, cada uno con sus tiempos y espacios propios, a la vez que en relación entre ellos” (p.47). En esa misma tónica que el autor decimos que sea en Paraguay, Francia, EEUU, Argentina o cualquier otro país, el racismo es uno de los peores engendros de nuestra era, del que las clases dominantes se sirven para dividirnos aún más entre todos y todas quienes pertenecemos a las mayorías explotadas y oprimidas, las clases trabajadoras y los sectores populares. Por ello, más allá de las salvedades señaladas más arriba, la publicación de “Antirracismo” es más que bienvenida, se trata de una herramienta para la reflexión y para una lucha no da respiro, dentro y fuera de la cancha.

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