Presley, su foto con Nixon y la chapa del FBI: el Elvis político que Milei omite
En una ronda de entrevistas con comunicadores obsecuentes, las figuras centrales del gobierno argentino entregaron entrevistas ante interlocutores poco dispuestos a la repregunta y más bien interesados en oficiar de reidores. Primero fue Tomás Dente, quien le pidió al ministro de Economía y endeudador serial Luis Caputo que le diera “cátedra” mientras le preguntaba si había visto a la Selección en el Mundial (?). Un día después fue el turno de Mariana Brey con el propio Javier Milei, donde en una especie de acción sincronizada el tópico más relamido volvió a ser el fútbol en el torneo disputado centralmente en Estados Unidos. Consultado por la sábana con la inscripción “Las Malvinas son argentinas” que unos simpatizantes lograron hacer entrar al estadio donde la Selección jugó su partido con Inglaterra y al término del mismo lucieron los propios jugadores ante las cámaras de todo el planeta, el presidente ensayó una respuesta entre extraña y directamente falsa. “Lo voy a hacer con una reflexión del cantante solista que más me gusta a mí, que es Elvis Presley. Él era una superestrella y en un momento, en un reportaje, le preguntan por la guerra de Vietnam. ¿Y sabes que le dice? ’Mire, yo no opino de política, soy alguien que se dedica al entretenimiento’. No está bueno mezclar el agua y el aceite”, desarrolló Milei ante una Brey silenciosa. La respuesta es extraña, ya que utiliza un músico de Estados Unidos para explicar un acontecimiento de deportistas de Argentina, pero es sobre todo falsa: Elvis tuvo no solo expresiones de dimensión política, sino también el deseo de involucrarse en ella. Sucedió el 21 de diciembre de 1970, es decir, siete años antes de que Elvis muriera. El cantante mantuvo una reunión secreta con el por entonces presidente Richard Nixon en el Despacho Oval de la Casa Blanca. La idea había surgido un día antes, luego de que Presley se cruzara con el senador republicano George Murphy en los pasillos del avión que llevaba a ambos a Washington. Allí mismo el músico tomó unas hojas en blanco con el membrete de la compañía aérea y redactó de puño y letra una nota que comenzaba diciendo: “Querido Sr. Presidente: primero deseo presentarme, soy Elvis Presley. Lo admiro y respeto su oficio”. En la carta, Elvis reconocía haber conversado tres semanas antes con el vicepresidente Spiro Agnew en Palm Springs acerca de “flagelos de Estados Unidos” tales como “la cultura de la droga, los elementos hippies, el LSD, los Black Panthers, etcétera”. El objetivo del cantante era conseguir una reunión privada con Nixon, aprovechando su estadía en la ciudad capital, para postularse como “agente federal sin limitaciones”. Tal era su obsesión por obtener la placa del FBI que prometió permanecer en un hotel de Washington “todo el tiempo que requiera obtener las credenciales federales necesarias”. En la mañana de aquel 21 de diciembre del 70, el músico fue personalmente a la Casa Blanca y le entregó la carta escrita en el avión al consejero presidencial Bud Krogh. Pese a que en algún momento creyeron que se trataba de una broma, los asesores Dwight Chapin y Egil Kroghm, junto al secretario general de la Casa Blanca H.R. Haldeman, estuvieron analizando durante dos horas la propuesta. Querían convencerse a sí mismos de que el encuentro con Nixon podía generarle algún beneficio al presidente. Finalmente, la reunión se concretó ese mismo día en el Salón Oval de la Casa Blanca. Nixon lucía un traje gris oscuro. Elvis, en cambio, pantalones ajustados de terciopelo morado, camisa blanca de seda con cuello de pico, un cinturón con sus iniciales, una capa y anteojos de sol. Ni bien ingresó al recinto, repitió el interés por obtener su credencial federal y desparramó sobre un escritorio las que ya tenía de California, Colorado y Tennessee. Fue tal su obstinación al respecto que tuvieron que darle una improvisada chapa para que dejara de insistir. Criticó duramente a The Beatles: “Han sido una verdadera fuerza para el espíritu antiestadounidense. Vinieron a este país, hicieron dinero, y luego regresaron a Inglaterra donde promovieron un tema antinorteamericano”, dijo. El músico confesó también haber realizado “un estudio profundo sobre el abuso de drogas y las técnicas comunistas de lavado de cerebro, y estoy justo en el medio de todo el asunto, donde puedo y quiero hacer lo mejor”. Pese a su prédica antinarcótica, los informantes presentes en la reunión aseguran que Presley estaba bajo los efectos de las pastillas a las cuales era adicto. Antes de retirarse, Elvis le obsequió a Nixon una pistola Colt 45 de la Segunda Guerra Mundial con la que pudo entrar a la Casa Blanca sin que ningún agente de seguridad lo percibiera. El desprecio de Elvis por Los Beatles tiene una primera explicación: el grupo británico se había impuesto con fuerza en Estados Unidos, menoscabando la consideración popular del cantante de Mississippi. Su mitín con Nixon fue el encuentro de dos potencias en baja: el presidente veía tambalear su reputación por la sinuosa incursión bélica de su país en Vietnam y el músico estaba desalineado. Lo cierto es que ambos trazaron un plan que, entre otras cosas, incluía proponerle a Elvis ser consultor del Consejo Publicitario de la Nación para reforzar campañas antidrogas entre la juventud, realizar un especial por televisión al respecto, grabar un tema de rock llamado “Get High on Life” (algo así como “colocate con la vida”) y editar un disco en un centro de rehabilitación de Kentucky. Durante ese mismo año (en el cual había sido nominado como uno de los “Diez jóvenes más destacados de Estados Unidos”) Presley también se habría reunido con Edgar Hoover, jefe del FBI, organismo para el cual Elvis quiso trabajar como informante. El encuentro con Nixon se mantuvo en absoluto secreto durante varias décadas hasta que los archivos fueron desclasificados y generaron un fuerte impacto. Y también mucha inspiración: en agosto de 2016 se estrenó “Elvis & Nixon”, una película que da cuenta de esta reunión con Michael Shannon en el papel del cantante y Kevin Spacey en el del presidente.
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