El patrimonio que no entra en la postal: la silenciosa demolición de Los Angelitos
Un tuit fue el obituario de Los Angelitos. «Demolieron lo que fue el café Los Angelitos. ¿Lo recuerdan?», escribió la periodista Cecilia Ranua a fines de julio, con una foto de la esquina de Rioja y Buenos Aires cubierta de chapas metálicas. No hubo comunicado municipal, no hubo placa, no hubo despedida oficial. Hubo, eso sí, cientos de mendocinos y mendocinas contando en los comentarios que ahí vieron su primera obra de teatro, que ahí cantaron hasta la madrugada, que ahí tomaron una cerveza esperando entrar a una función de improvisación. El duelo llegó, pero llegó tarde: cuando ya no había nada que discutir, solo escombros. Vale la pena detenerse en lo que se perdió, porque no era una cosa sino varias, superpuestas en el mismo terreno. Antes de ser teatro, esa esquina alojó la imprenta de don Gildo D’Accurzio, de la que salieron más de 1.500 títulos que marcaron las letras latinoamericanas, incluyendo las primeras obras de Antonio Di Benedetto y Armando Tejada Gómez. Desde 2002, por una corazonada de Ernesto «Flaco» Suárez, esa misma esquina se convirtió en un teatro bar que durante casi dos décadas fue usina de teatro independiente, comedia y música, con Daniel Quiroga, Marcelo Lacerna, Sandra Viggiani y las distintas camadas de Teatro El Taller sobre su escenario. Y en una de sus paredes principales había un mural pintado especialmente por el artista mendocino Alfredo Ceverino. Imprenta, teatro y mural: tres capas de producción cultural mendocina, ninguna con protección alguna, todas convertidas ahora en un pozo para locales comerciales. Es claro lo under, lo popular, lo bohemio, lo que no genera renta turística ni luce bien en una postal de promoción de la provincia. Frente a eso, el silencio del discurso patrimonial oficial no sorprende: simplemente confirma qué tipo de historias decide contar, y cuáles prefiere no ver. Y ese silencio tiene antecedentes que muestran que no era inevitable. En 2008, la Municipalidad de Capital quiso vender el viejo Teatro Mendoza (el ex Cine Center, inaugurado en 1949) alegando que un informe técnico determinaba que el edificio «no tiene valor arquitectónico». La comunidad artística no se enteró por Twitter cuando ya era tarde: se enteró a tiempo, y actuó. Hubo marchas, reuniones con concejales, presión sostenida durante semanas, hasta que el Concejo Deliberante suspendió la venta. El arquitecto Ricardo Ponte lo resumió entonces con una idea que hoy suena casi profética: en Mendoza no se demuelen los edificios feos, se demuelen los más valiosos. Dieciocho años separan un caso del otro, y la diferencia no es menor: en 2008 hubo tiempo de disputar el sentido de lo que se iba a perder. En 2026, con Los Angelitos, no lo hubo. La política patrimonial mendocina no cambió demasiado en ese tiempo sigue sin tener herramientas para proteger espacios de sociabilidad artística que no son «monumentales», pero sí cambió el momento en que la comunidad se entera: antes se organizaba para frenar una demolición, ahora se entera de que ya ocurrió. Lo que está en juego en estas pérdidas no es solamente un edificio. El patrimonio importa, en el fondo, por las emociones, las experiencias y los recuerdos que produce: es lo que explica que un teatro bar cerrado hace seis años, sin actividad, siga doliendo cuando lo tiran abajo. Ese dolor colectivo revela algo que la normativa patrimonial monumentalista y mercantil de Mendoza no logra ver: que la identidad de una ciudad no se sostiene únicamente en los lugares que el Estado decide declarar patrimonio, sino que se recrea todo el tiempo, de forma activa, en las redes sociales y las narrativas que las personas, las comunidades y hasta los expertos van tejiendo alrededor de esos lugares los declarados y, sobre todo, los que nunca lo fueron. La pregunta que deja Los Angelitos no es solo qué perdimos, sino cuántos «Angelitos» más hay ahora mismo en Mendoza, cerrados, silenciosos, sin ninguna declaratoria que los proteja, esperando el momento en que alguien suba una foto de las chapas metálicas.
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