Soraya González del Rosario: «Cada vez encuentras más sitios en los que pone: ‘prohibido pasar’. Al final el canario tendrá solo la carretera para ir a trabajar y nada más»

Uno de los diez espectáculos mejor valorados por la prestigiosa revista escénica Godot en 2025. Pocas representaciones nos han hecho tanto reír en la última temporada, a pesar de la dureza de la historia que en ella se cuenta. Adaptación del fenómeno literario de la escritora Andrea Abreu, traducido a 18 idiomas, con más de 150.000 ejemplares vendidos en todo el mundo y en proceso de ser llevado al cine, la compañía Delirium Teatro hace posible el milagro canario en escena con ‘Panza de Burro’. Entrevistamos a dos de las personas que lo obran, la actriz y productora Soraya González del Rosario y el director Severiano García. ¿Qué es lo que os fisura profundamente de esta obra literaria, al punto de decidir que vais a llevarla al teatro? ¿Cómo se cruza en vuestra trayectoria este libro? Soraya: Nada más empezar a leer el libro, nos fue imposible no sentirnos muy identificados con lo que cuenta Andrea Abreu. Somos de pueblo, de pueblos de Tenerife, del norte. Algunos pasajes directamente me hacían creer que estuviera hablando de mi propia infancia. Ese momento tan particular de la vida de todos, emotivo y duro a la vez. El paso de la niñez a la adolescencia. Conocíamos a muchos de los personajes de los que ella hablaba. Los tenemos en nuestra memoria. Una novela muy cercana para nosotros. Severiano: Por otro lado, hay una cercanía directa con la autora, con Andrea. Coincide que nuestro diseñador de vestuario estudió con ella en el instituto. Son muy amigos. Él nos puso en contacto con ella.   ¿Cómo recibe la idea Andrea Abreu? Severiano: Nosotros le dijimos que lo íbamos a intentar, con todo el respeto del mundo, y que podía participar del proceso. Ella es muy guasona, muy divertida. Nos respondió que no, que quería ir al estreno y punto. Fue muy bonito ese momento del estreno. Recuerdo que yo estaba en la cabina técnica y cuando ya acabó y sonaron los aplausos, bajé corriendo a buscarla. Yo me decía: “dios mío, ¿le habrá gustado o no?”. Cuando se giró y vi su cara, estaba llorando muchísimo. Me dijo que estaba muy emocionada, porque había visto su vida pasar en una hora y veintitrés minutos, que es lo que dura el espectáculo. Para ella ha sido una experiencia fantástica y para nosotros también. ¿Cómo se trabaja un libro como este para llevarlo a escena? Habladme un poco del proceso Soraya: Desde el principio nos interesaba el tema, la novela. Seve, que es el director y quien se encarga de la puesta en escena, le dio muchas vueltas y estableció un comienzo y un final. Desde ahí empezamos a trabajar. Nos encerramos a hacer muchas lecturas, muchas horas… Era complicado, porque había pasajes tan hermosos, que dejarlos fuera nos costaba mucho. De hecho, en el primer borrador había dos escenas que lamentablemente al final quedaron fuera. Ha sido un proceso muy divertido. Nos reímos mucho. También discutimos mucho. Creo que el resultado, en todos los lugares donde la hemos presentado, está dejando buen sabor de boca. Severiano: Adaptar novelas tiene esa parte que te puede permitir muchas posibilidades para el tipo de teatro que a nosotros nos gusta. Un teatro en que lo físico es tan importante como lo textual. La novela es rica para eso. Aquí había un juego de averiguar cómo. Algo fundamental es encontrar el pretexto, el espacio físico. Decidimos apostar por una rampa. Hay una rampa inclinada que es la que domina. Es casi un personaje más. Es donde se desarrolla todo. La historia sucede en un barrio en las faldas del Teide. Es un barrio muy empinado. O lo subes o lo bajas. Dar con ese espacio es lo que le da un poco unidad a todo el proyecto. Y trasladar la novela a la voz y la visión de un grupo de niños de ese barrio que arropan a las dos protagonistas. Estas dos cosas han sido claves para luego darle a todo ya una unidad como espectáculo.   ¿Cuánto hay de vuestras propias infancias personales en esta obra? Severiano: Muchísimo. La magia de esta novela es que conecta con diversas generaciones. Nos pasa que el público que va a ver el espectáculo es muy diverso. Viene gente de mucha edad y gente muy joven. Se encuentran en el teatro. Eso es muy bonito. Los programadores que deciden programarnos están muy contentos, porque va mucho público joven al teatro. Y ya sabemos todos que el público del teatro está un poco viejuno en general. Aquí no. Eso es uno de los aciertos de la novela. Luego, yo creo que a los artistas, si algo nos engancha, como esta novela, como para decidir llevarla a escena y estar hasta cuatro años con ella moviéndola, que es lo que solemos durar con nuestros proyectos, es porque hay unas implicaciones directas y emocionales. Algo te dice que tú has vivido parte de lo que te están contando. Por ejemplo, en varias escenas se utilizan las cajas de cerveza como si fueran una especie de legos. Con eso se construyen distintos momentos de la obra. En mi infancia, yo tenía un amigo, en mi pueblo, que era el hijo de los dueños de la venta, y siempre recuerdo jugar muchas horas en la trasera de la tienda y ahí, con esas cajas, estar armando estructuras. Las cajas me llevaban a esos momentos de juego. Trato de aplicar ese recuerdo, que se activa, en el espectáculo. Creo que eso es lo más sincero y verdadero que podemos hacer. Pasarlo por nuestro filtro. Supongo que a Soraya le ha pasado algo parecido, ¿no? Soraya: Por supuesto. Es muy curioso lo que ha causado esta novela. Con la puesta en escena de la obra también. Ha arrastrado a un público joven, como decía Seve. Muchos de ellos no habían ido nunca al teatro antes. Pero la curiosidad que les ha despertado el haberse enamorado de la novela es lo que les ha llevado al teatro. Y no solo es que se sientan identificados o se hayan enamorado de la novela aquí en España. Cuando estábamos haciendo el montaje, nos enteramos de que en Austria estaban haciendo otro. Más adelante, nos enteramos que también estaba sucediendo en Suiza. Latinoamérica, ni qué decir. Ahora que vamos a ir a Colombia, por ejemplo, en Latinoamérica ha sido impresionante la acogida. En Uruguay, se agotaron en las librerías. Tiene algo de universal esta novela. Su esencia llega a mucha gente. Severiano: A pesar incluso de ese dialecto canario de la Canarias profunda que se utiliza, que a veces nos cuesta entenderlo hasta a nosotros. Pero da igual. Por encima de todo, la historia se entiende perfectamente y ese dialecto lo que hace es, lejos de alejarnos, al contrario, enriquecernos a todos. Hay varios temas muy duros que se abordan en esta obra y en el libro. Uno central sin duda es la tortura a la que se lleva a las mujeres a la hora de mantener su cuerpo dentro de los cánones normativos, incluso a los diez años. Parecía que se había avanzado desde finales de los noventa y principios de los dosmiles en ese sentido, gracias a las luchas feministas revolucionarias que se han dado en este tiempo y se siguen dando. Sin embargo, y aunque quedara mucho por hacer, estos días parece a veces que vuelve de forma especialmente violenta hacia atrás la cosa, con el tema del Ozempic y la nueva super delgadez enfermiza en redes sociales y demás. ¿Cómo ha sido para vosotras abordar este asunto tan sumamente común entre las mujeres, pero que en pocas ocasiones se expone de la forma en que vosotras lo hacéis? Soraya: Evidentemente, nos basamos en lo que ya cuenta la novela. Son temas que, tratados con cierto cuidado, creo que llegan. En efecto, ahora mismo la tiranía del cuerpo, en las redes y demás, no descansa. Es algo que, aunque lo tengas muy claro, siempre está ahí. Piensas que se te sale una mollita por un lado o cualquier otra cosa. Hemos intentado tratarlo de la manera más natural posible. Severiano: Son temas que, nos guste o no, siguen ahí. Son peleas que parece que nunca terminan. Por un lado, la lucha feminista se ha posicionado claramente, pero por otro lado viene de nuevo con fuerza la imposición de un canon de belleza en respuesta. La novela y la obra retratan muy bien eso. Ese conflicto. El conflicto de intentar estar a gusto contigo mismo. No obstante, tampoco hay que desdeñar que en ese sentido se ha avanzado muchísimo. Hoy ves a muchísimas mujeres, con diversos tipos de cuerpo, que se reivindican y dicen: “aquí estoy yo y punto”. Es de lo que se trata. Queremos abrir de nuevo un diálogo sobre estos asuntos. Tenemos que hablar, reflexionar y debatir sobre estos temas, que no están resueltos para nada. La obra invita a eso. Es dura, es conflictiva. No es fácil abrir estos melones, sobre todo en un ambiente rural como ese en el que transcurre el relato de ‘Panza de Burro’. Otro temazo en la obra de rabiosa actualidad. La precarización bestial en las islas de amplios sectores de personas canarias con respecto al trato preferencial que se da al turista, sobre todo extranjero, rico y blanco. Esta obra muestra un momento histórico específico, como decía, la década de los noventa, dosmiles. Ya entonces el problema era serio. Pero comparado con lo que ha venido sucediendo en los años posteriores, aquello era casi un juego de niños, se puede decir. ¿Ha llegado el momento de poner pie en pared en ese sentido? Soraya: Se nota muchísimo. Vivir en un pueblo, en el que hoy tardas una hora en llegar a la capital, pero cuando yo era pequeña eran dos. Es un recorrido que tienen que hacer a diario muchas personas para trabajar. Recuerdo a familias enteras que se trasladaban al sur, cuando fue el boom turístico. Se ha generado una precariedad incluso cultural. Los chicos jóvenes, que muchos de ellos dejaban de estudiar para irse a trabajar. Entraban muy jovencitos en la hostelería, para comprarse un coche, por ejemplo, con dieciocho años. Pero eso conlleva una pobreza cultural importante. La precariedad, por supuesto también, en su sentido más económico y social. Cuando llegó la crisis del 2008, que echaron a muchos, veías a personas del sector servicios cargando con el trabajo que antes hacían tres o cuatro personas. Los grandes empresarios ganan, eso sí. Pero la población canaria tiene conflictos muy profundos a la hora de alquilar una casa o ese tipo de cosas básicas. Se ve a gente comprando una roulotte para estar en las zonas turísticas, trabajar y vivir ahí de manera muy precaria. Es bastante triste y complicado. Severiano: Hay movimientos clarísimos de manifestaciones. Muchísima gente, sobre todo gente joven, que ya está saliendo a la calle. Si lo notamos en las grandes ciudades, como Madrid, por ejemplo, que la masificación se hace insostenible, en Canarias, que es muy pequeñita, estamos al límite. Y muy molestos. Porque nadie le pone el cascabel al gato. No se atreven. Se dice que es lo que nos mantiene, el turismo, y entonces son capaces de dar rienda suelta a la ambición más desmedida. No sabemos a dónde vamos a llegar. Estamos en un momento muy complicado y la gente está bastante harta. Está bien todo ese movimiento de protesta al respecto que se está generando. Es necesario que pase. Soraya: Es curioso, aparte, que cualquier europeo jubilado que vaya a Canarias se pueda comprar un terreno, un chalet, y sin embargo el canario no pueda comprar ni alquilar una vivienda para poder trabajar más o menos cerca de donde vive. El tema de la educación también es un gran problema. Los profesores cobrando muy poco y que casi no pueden vivir. Sin duda, hay que mover todo esto. No sé exactamente cómo, pero esto hay que cambiarlo. Cada vez encuentras más sitios en los que pone: “prohibido pasar”. Al final el canario tendrá la carretera para ir a trabajar y nada más. ¿Hace falta más teatro canario hecho además en canario? Yo, por lo menos, no he visto demasiado. ¿Lo ponen fácil, tanto en las islas como en la península, para una compañía con una propuesta como la vuestra? Soraya: Delirium Teatro lleva cuarenta años. Yo llevo con la compañía treinta y muchos. Desde que estamos, cada año, mandamos nuestra información de los espectáculos que tenemos, unos que funcionan más y otros que menos, a ferias, festivales y demás. Es muy complicado. Sobre todo, salir de Canarias. Es algo puntual. Nuestras salidas son anecdóticas. Vas, haces la obrita, una función, dos funciones, y de vuelta. Todo se mueve con distribuidores y conseguir un distribuidor desde allí no es fácil. Cuando vas a acceder a un festival o a una feria, se presentan quizás quinientos, ochocientos, mil espectáculos. Si no tienes a alguien que pelee por ti, como un distribuidor, pues se hace complejo entrar en esos circuitos y poder salir de Canarias. Severiano: Siempre ha habido cierto complejo con la forma de hablar nuestra. A nosotros, que estudiamos interpretación y demás en Madrid, hace muchos años, siempre nos exigían que habláramos castellano neutro. El castellano neutro es mentira, directamente. Hace algunos años, que llegamos a forzar ese acento sin sentirnos cómodos, nos dimos cuenta de que nuestro acento era muy bonito y que a la gente le gustaba. Decidimos dejar de hacer el tonto y empezar a darle la vuelta a la cosa, a utilizarlo precisamente como seña de identidad. En España hay muchas maneras de hablar y son tan respetables las unas como las otras. Las cosas van cambiando en ese sentido, por suerte, pero queda por hacer. Eso, por un lado. Por otro, tenemos el problema de que vivimos a muchos kilómetros. Estamos muy lejos. Todo movimiento es por barco o por avión. Eso encarece muchísimo toda nuestra producción. Luego es verdad que los circuitos en España están bastante cerrados. Como en casi todo, la cosa funciona por colegueo, por amistad, tú me traes, yo te llevo, y punto. En ese mare mágnum hay un montón de gente que queda fuera. A nosotros en nuestra región no nos va mal. Si tenemos cuarenta años en pie es por algo. Poder aguantar tanto tiempo moviéndonos básicamente en las islas. Como decía Soraya, lo demás es como un regalo que nosotros agradecemos mucho. No es fácil, a nivel económico, a nivel táctico. Pero ahí estamos. Lo seguimos intentando.
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