La invitación: los vecinos como catalizadores de la verdad del desencuentro entre los sexos
La secuencia de créditos iniciales, con montaje paralelo y pantalla dividida que muestra, por un lado, a Angela realizando compras y cocinando: y por otro, a Joe regresando de su trabajo a su hogar, subiendo con esfuerzo en bicicleta por una calle empinada (lo cual lo dejará con dolor de espaldas); ya anticipa y cifra desde las formas, su contenido. La Invitación (The invite, 2026) es una comedia dramática que da cuenta de la crisis de un matrimonio convencional. Se trata de la adaptación estadounidense de la película española Sentimental (2020) de Cesc Gay, que está basada en su obra teatral Los vecinos de arriba. Joe (Seth Rogen) es un hombre en su mediana edad, profesor de música en el conservatorio, que está casado con Angela (Olivia Wilde), ama de casa, dedicada al hogar y al cuidado de la hija que tienen en común. Se trata de un matrimonio tradicional que lleva bastantes años juntos, que se contrapone a la pareja que conforman Piña (Penélope Cruz), terapeuta y sexóloga de ascendencia española, y Hawk (Edward Norton), ex-bombero y actualmente terapeuta corporal. Se trata de sus vecinos de arriba, que se encuentran en juntos hace aproximadamente un año y encarnan a una pareja de estilo progresista, que cultiva un modo de vida de tipo new age, por lo que le dan importancia a las energías del lugar y de las personas. Angela ha ocupado su día con los preparativos, pues los ha invitado a cenar, sin consultarlo ni avisarle a Joe, lo cual genera una discusión entre ellos con Joe queriendo cancelar la invitación. Los ruidos molestos suelen ser causa de desavenencia entre vecinos y lo cierto es que cada pareja produce los suyos, Angela y Joe por sus frecuentes discusiones, Piña y Hawk por su sexualidad desenfrenada. La invitación a cenar es un modo de hacer las paces, pero tras conocerse lo que inicia como una tregua de paz, deviene en la invitación de los vecinos hacia los anfitriones a formar parte de las frecuentes fiestas sexuales swingers, que explican los susodichos ruidos.
Los anfitriones deciden que esa es la noche indicada para experimentar sus fantasías sexuales, aprovechando que se encuentran sin su hija (quien se quedado donde una amiga); pero todo se malogra por los dolores de espalda de Joe, que surgen de su torpeza en realizar un baile erótico dirigido a Piña, en una secuencia que hace uso de la comedia física. A partir de aquí, la llegada de estos vecinos se plantea como catalizador, a través del interrogatorio que les realiza Piña como si fuese su terapeuta de pareja, para que la pareja anfitriona pueda darse cuenta de la magnitud de la crisis que atraviesan. Hace tiempo que perdieron sus sueños de juventud (ella había estudiado arte, él tocaba el piano en una banda), que no tienen sexo (pues han perdido el deseo) y están distanciados en la soledad de los quehaceres de cada uno (Joe en su cuarto de música y Angela intentando canalizar sus frustraciones como mujer, a través de la decoración del hogar). Se trata del típico matrimonio estancado y corroído por el paso del tiempo, que vive como si se tratara de dos extraños, y que sólo se sostiene por no afectar a la hija. Y como siempre, puede tratarse de una crisis irreversible que devenga en separación, o en una oportunidad para reencontrarse con el deseo y el amor, que alguna vez hubo, y que les permita seguir juntos de manera renovada. Algo interesante que puntúa Piña es que la pareja anfitriona se acusa mutuamente, uno al otro de ser la causa de su infelicidad, lo cual los detiene en la espiral de la queja y los auto-reproches, cuando en verdad ninguno tiene la culpa. Las cosas entre un hombre y una mujer no van de suyo solo porque se encuentren una vez, hay una incompatibilidad estructural entre el modo de gozar masculino y femenino, que la directora logra transmitir muy bien. Joe se regodea en la soledad de su estudio, en el solipsismo de la miserabilidad del fracaso de sus sueños y quiere acceder al cuerpo de Angela según apriete su deseo. Por otro lado, Angela situada como madre, requiere alguien que la mire desde el deseo y que le hable desde el amor para reencontrarse con su deseo femenino. El amor es el puente que une la soledad de dos goces, pero es un puente que no se sostiene para siempre, que necesita ser reinventado cada vez a lo largo del tiempo, pero no todas las parejas consiguen reinventar el amor. En este punto, la máxima de Oscar Wilde que funciona como cita del comienzo del comienzo: “Uno siempre debería estar enamorado, esa es la razón por la que nunca debería casarse”, es una falacia. No se trata de proponer el matrimonio como demonio, como si la soltería per se garantizara el sostén del deseo, ni tampoco de sostener el matrimonio para todos. Se trata en cada caso de que cada pareja pueda encontrar en el lazo que pueda inventar, su singular manera de anudar el goce, el deseo y el amor.
Que el desencuentro entre mujeres y hombres en sus modos de gozar es estructural, queda plasmado en el hecho de que la pareja invitada, a pesar de las apariencias, tampoco es una pareja ideal: puede ser una pareja muy deseante, e incluso Hawk puede estar muy deconstruido como varón, pero eso no los deja a salvo de las desavenencias ni de las diferencias, pues el goce del dominio del lado del varón, se hace presente en las críticas que Hawk le realiza a Piña sobre su inglés e incluso en sus presiones respecto de las parejas sexuales. Desde lo formal hay un buen uso de color donde el azul de la vestimenta une a Angela y Joe en su mutua infelicidad individual y conyugal, mientras que negro en la vestimenta de Piña y Hawk, los une en tanto deseantes e incluso en tanto misteriosos y oscuros. Este último punto está dado, por su rápida evaporación del departamento, como presencias cuasi fantasmales o como proyección imaginaria de una larga noche de discusión en la cual toman consciencia de la profunda distancia que los separa. La película además está filmada en la única locación del departamento, donde Wilde realiza un buen uso de los planos cerrados en momentos de insight emotivos, del plano-contraplano marcando el duelo verbal entre parejas e inter-pareja y de los distintos espacios del departamento para dar cuenta de la distancia conyugal. Hay además un buen funcionamiento del humor tanto en el plano verbal como visual, donde se destaca la interpretación de Seth Rogen. El plano final apoyado en la música consigue combinar lo triste y lo tierno y acaso evocar para Angela y Joe aquellos comienzos cuando se conocieron. Y acaso sea la música el lenguaje del amor que pueda volver a inventar un puente entre los dos. La invitación de Olivia Wilde es una lograda propuesta cinematográfica que consigue interpelar e impactar emotivamente al espectador desde el humor y desde las sólidas interpretaciones del elenco, animándolo a replantearse y a reinventar sus lazos de amor de pareja.
Los anfitriones deciden que esa es la noche indicada para experimentar sus fantasías sexuales, aprovechando que se encuentran sin su hija (quien se quedado donde una amiga); pero todo se malogra por los dolores de espalda de Joe, que surgen de su torpeza en realizar un baile erótico dirigido a Piña, en una secuencia que hace uso de la comedia física. A partir de aquí, la llegada de estos vecinos se plantea como catalizador, a través del interrogatorio que les realiza Piña como si fuese su terapeuta de pareja, para que la pareja anfitriona pueda darse cuenta de la magnitud de la crisis que atraviesan. Hace tiempo que perdieron sus sueños de juventud (ella había estudiado arte, él tocaba el piano en una banda), que no tienen sexo (pues han perdido el deseo) y están distanciados en la soledad de los quehaceres de cada uno (Joe en su cuarto de música y Angela intentando canalizar sus frustraciones como mujer, a través de la decoración del hogar). Se trata del típico matrimonio estancado y corroído por el paso del tiempo, que vive como si se tratara de dos extraños, y que sólo se sostiene por no afectar a la hija. Y como siempre, puede tratarse de una crisis irreversible que devenga en separación, o en una oportunidad para reencontrarse con el deseo y el amor, que alguna vez hubo, y que les permita seguir juntos de manera renovada. Algo interesante que puntúa Piña es que la pareja anfitriona se acusa mutuamente, uno al otro de ser la causa de su infelicidad, lo cual los detiene en la espiral de la queja y los auto-reproches, cuando en verdad ninguno tiene la culpa. Las cosas entre un hombre y una mujer no van de suyo solo porque se encuentren una vez, hay una incompatibilidad estructural entre el modo de gozar masculino y femenino, que la directora logra transmitir muy bien. Joe se regodea en la soledad de su estudio, en el solipsismo de la miserabilidad del fracaso de sus sueños y quiere acceder al cuerpo de Angela según apriete su deseo. Por otro lado, Angela situada como madre, requiere alguien que la mire desde el deseo y que le hable desde el amor para reencontrarse con su deseo femenino. El amor es el puente que une la soledad de dos goces, pero es un puente que no se sostiene para siempre, que necesita ser reinventado cada vez a lo largo del tiempo, pero no todas las parejas consiguen reinventar el amor. En este punto, la máxima de Oscar Wilde que funciona como cita del comienzo del comienzo: “Uno siempre debería estar enamorado, esa es la razón por la que nunca debería casarse”, es una falacia. No se trata de proponer el matrimonio como demonio, como si la soltería per se garantizara el sostén del deseo, ni tampoco de sostener el matrimonio para todos. Se trata en cada caso de que cada pareja pueda encontrar en el lazo que pueda inventar, su singular manera de anudar el goce, el deseo y el amor.
Que el desencuentro entre mujeres y hombres en sus modos de gozar es estructural, queda plasmado en el hecho de que la pareja invitada, a pesar de las apariencias, tampoco es una pareja ideal: puede ser una pareja muy deseante, e incluso Hawk puede estar muy deconstruido como varón, pero eso no los deja a salvo de las desavenencias ni de las diferencias, pues el goce del dominio del lado del varón, se hace presente en las críticas que Hawk le realiza a Piña sobre su inglés e incluso en sus presiones respecto de las parejas sexuales. Desde lo formal hay un buen uso de color donde el azul de la vestimenta une a Angela y Joe en su mutua infelicidad individual y conyugal, mientras que negro en la vestimenta de Piña y Hawk, los une en tanto deseantes e incluso en tanto misteriosos y oscuros. Este último punto está dado, por su rápida evaporación del departamento, como presencias cuasi fantasmales o como proyección imaginaria de una larga noche de discusión en la cual toman consciencia de la profunda distancia que los separa. La película además está filmada en la única locación del departamento, donde Wilde realiza un buen uso de los planos cerrados en momentos de insight emotivos, del plano-contraplano marcando el duelo verbal entre parejas e inter-pareja y de los distintos espacios del departamento para dar cuenta de la distancia conyugal. Hay además un buen funcionamiento del humor tanto en el plano verbal como visual, donde se destaca la interpretación de Seth Rogen. El plano final apoyado en la música consigue combinar lo triste y lo tierno y acaso evocar para Angela y Joe aquellos comienzos cuando se conocieron. Y acaso sea la música el lenguaje del amor que pueda volver a inventar un puente entre los dos. La invitación de Olivia Wilde es una lograda propuesta cinematográfica que consigue interpelar e impactar emotivamente al espectador desde el humor y desde las sólidas interpretaciones del elenco, animándolo a replantearse y a reinventar sus lazos de amor de pareja.
Ficha técnica: Título original: The Invite. Dirección: Olivia Wilde Guion: Rashida Jones y Will McCormack (basado en la película Sentimental de Cesc Gay). Reparto: Seth Rogen. Olivia Wilde. Penélope Cruz. Edward Norton. Género: Comedia / Drama. País: Estados Unidos. Año: 2026. Duración: 107 minutos.
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