Esa cosa con alas: el trazo poético como expresión del trabajo de duelo
En el comienzo se nos presenta a un padre de familia que regresa del entierro al hogar junto a sus dos hijos pequeños en edad de escuela primaria. El hombre trata de mantener la calma y la compostura, pero tras acostarlos, sentado en el sillón del living, se larga a llorar con desconsuelo. En lo que sigue, los primeros días se trata para el padre (Benedict Cumberbatch) de sostener la rutina de sus hijos, lo mejor posible, siendo que era su esposa quien se ocupaba de la crianza de ellos y que por lo tanto, desconoce mucho del manejo de cuestiones cotidianas referentes a ellos. El director introduce poco a poco, a través de flashbacks, información sobre lo que aconteció con la esposa y madre de los pequeños, pues es él recuerda encontrarla sin conciencia en el piso y sangrando. Se trató de una muerte abrupta, presumiblemente por un accidente doméstico. Y al poco tiempo, vamos viendo cómo la vida de este padre, y por ende la de sus hijos, comienza a deteriorarse y a desmoronarse. Frente a un padre sumido en el dolor, en el ensimismamiento, en los autorreproches y en el enojo, al que le cuesta aceptar la pérdida de su amada, pues espera que vuelva o ansía irse con ella; los niños se desordenan en sus rutinas, se altera su comportamiento en el colegio y presentan pesadillas acompañadas de eneuresis. En este punto, hay un buen trabajo por parte del director desde la puesta en escena para dar cuenta del estado de dolor y de autocomplacencia en el mismo que atraviesa el protagonista. El desorden del hogar da cuenta de su desorden interno, tanto como su vestimenta de color azul y la paleta de colores fríos y apagados e incluso el clima invernal, traducen la tristeza y el sentimiento de desolación. Lo interesante de Esa cosa con alas es que es una película que se aleja del abordaje tradicional del proceso del duelo desde el realismo psicológico y desde el punto de vista único. De esta manera, emplea el fantástico, que en este caso se codea con el terror, para dar cuenta del estado alterado de la psiquis en el tránsito del duelo, de cierta dimensión del conflicto interior que conlleva, mediante apariciones a medio camino entre la ensoñación y la fantasía de tipo pesadillescas. Y, por otra parte, está estructurada en cuatro partes en las cuales va cambiando el punto de vista de la narración, que pasa desde el padre, a La cosa con alas y luego a los hijos, para en el ultimo tramo, pasar a un narrador omnisciente. La película está basada en la ópera prima del escritor inglés Max Porter, su novela corta titulada El duelo es esa cosa con plumas (2015). El cambio que realiza el director respecto del original es que el padre que atraviesa el duelo, en vez de ser un escritor que intenta escribir un libro sobre el aclamado poeta Ted Hughes, aquí es un ilustrador de comics. Esto permite el desplazamiento, más acorde al audiovisual, de la poética escrita (de hecho, el título del libro es una licencia respecto del poema de Emily Dickinson La esperanza es esa cosa con plumas) hacia la poética visual, como modo de elaborar, de bordear el agujero en la trama simbólica de la vida que introduce la muerte, que como tal escapa a la dimensión del saber o de la razón. Ante la negativa a simbolizar la pérdida, que suele ser normal en los primeros momentos, es lógico que lo que responda del muerto sea la dimensión alucinatoria o fantasmagórica. Así, poco a poco, vemos que el padre va a ser reiteradamente asediado por la voz y la aparición de un cuervo de tamaño humano, que tiene su contraparte realista en un cuervo que merodea por el hogar. Se trata de una presencia en un principio inquietante, pero luego vemos que funciona como representación de una instancia psíquica que, aunque dura en sus formas, es una suerte de guía que pugna por conducir al padre hacia aceptación de la pérdida, en contraposición con la entidad del demonio, que pugna por su melancolización en la fusión con la amada perdida. El combate final entre El cuervo (que en la novela refiere al título de un libro de Ted Hughes y que en el imaginario popular se asocia a la muerte) y el demonio, expresa entonces muy bien la batalla interna que se da durante el proceso de duelo entre aceptar o rechazar la muerte del amado, y comenzar a paulatinamente desprenderse de la carga afectiva asociada a los recuerdos y a sus cosas, para finalmente separarse de él. Al mismo tiempo, que el padre luego, a los 18 meses de la muerte de la amada esposa, pueda plasmar estas visiones fantásticas interiores en un libro de comic, da cuenta de la poesía como arte, como saber hacer con el duelo. El cuervo y El demonio en su trazado en el papel como personajes de una historia gráfica (que se anticipa en la indicación de El cuervo a los niños de dibujar a su madre tal como la recuerdan), se vuelven entonces en simbolización, en elaboración de la pérdida a través del arte, que habilita la efectuación del duelo en el padre. Es así como en la escena final en la playa, se habilita la irrupción de la luz, aun en medio de la triste despedida. Esa cosa con alas es una película bellamente amarga, que consigue traducir el sufrimiento ligado al duelo y que gana en la lograda interpretación de Benedict Cumberbatch y en la originalidad de las formas mediante las cuales está narrada.
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