«Donde el agua trabaja»: desde antes del amanecer, vivir trabajando en las haciendas del Perú
“El sol cae directo sobre las parras y no hay sombra suficiente. La espalda ya se acostumbró a trabajar mirando hacia abajo: racimo, tijera, mano, jaba. Repetir. El calor no sorprende. Se instala. Los frutos están maduros y pesan más. El jugo se pega a los dedos, se mezcla con el polvo y la piel arde. No uso guantes”«Donde el agua trabaja». La historia narrada por la protagonista, mueve imágenes sensoriales que cruzan la vida de quienes dejan sus fuerzas en las haciendas de producción de uva en Perú, compartidas con los trabajadores del citrus en Tucumán, las vides de Mendoza, y de miles de obreros y obreras golondrinas que van de pueblo en pueblo en busca de un urgente sustento para sus familias. Y con ellos, los explotadores del trabajo ajeno.
acumulando y modificando mientras transcurre la jornada. «Caminamos hacia el galpón grande; el de herramientas.las plantas se pierden en la oscuridad (…) el barro se pega en la suela y después se suelta», describe la voz narradora su primeros momentos en la hacienda, no sabe muy bien cómo será su trabajo, la oscuridad de las primeras horas del día lo enegrecen todo. David Rojas Silva: Ica no es para mí un escenario que haya conocido desde fuera. Nací aquí,actualmente vivo y ejerzo como abogado en la ciudad de Ica. Mi relación con este territorio, por tanto, es cotidiana y profesional, pero también personal. El mundo de las campañas agrícolas y de la migración interna era algo que podía observar directamente en mi entorno. A eso se sumó mi trabajo de investigación sobre migración y sostenibilidad social en el sector agroexportador del valle de Ica, que me permitió acercarme a las experiencias de trabajadores migrantes. Pero la novela surgió de una necesidad diferente. La investigación podía mostrar determinadas condiciones, relaciones laborales o dinámicas migratorias; la ficción me permitía acercarme a lo que ocurre con una persona dentro de esas circunstancias: el cansancio, el calor, el miedo, los vínculos, el cuerpo después de una jornada de trabajo o la sensación de llegar a un lugar que todavía no conoce. Por eso elegí ese espacio. No quería mirar Ica como un paisaje ajeno ni escribir sobre él desde la distancia. Quería contar una experiencia humana que ocurre en un territorio que conozco y en el que vivo.
LID:¿Qué significado tiene el dolor físico, ese personaje principal que acompaña y crece mientras la protagonista también lo hace?
David Silva Rojas: El dolor físico era, sobre todo, una realidad del trabajo que estaba narrando. No pensé en él como un personaje en sentido estricto, aunque entiendo que un lector pueda percibirlo de esa manera. Me interesaba que el cuerpo registrara aquello que estaba ocurriendo. Hay cosas que la protagonista no explica y que aparecen a través del cansancio, de las manos, de la espalda, de las piernas o de la manera en que continúa trabajando después de varias horas. Además, quería que el ritmo de la escritura acompañara esa experiencia. Las frases breves, las pausas y cierta repetición tienen que ver con una percepción corporal que se vaacumulando y modificando mientras transcurre la jornada. «Caminamos hacia el galpón grande; el de herramientas.las plantas se pierden en la oscuridad (…) el barro se pega en la suela y después se suelta», describe la voz narradora su primeros momentos en la hacienda, no sabe muy bien cómo será su trabajo, la oscuridad de las primeras horas del día lo enegrecen todo. David Rojas Silva: Ica no es para mí un escenario que haya conocido desde fuera. Nací aquí,actualmente vivo y ejerzo como abogado en la ciudad de Ica. Mi relación con este territorio, por tanto, es cotidiana y profesional, pero también personal. El mundo de las campañas agrícolas y de la migración interna era algo que podía observar directamente en mi entorno. A eso se sumó mi trabajo de investigación sobre migración y sostenibilidad social en el sector agroexportador del valle de Ica, que me permitió acercarme a las experiencias de trabajadores migrantes. Pero la novela surgió de una necesidad diferente. La investigación podía mostrar determinadas condiciones, relaciones laborales o dinámicas migratorias; la ficción me permitía acercarme a lo que ocurre con una persona dentro de esas circunstancias: el cansancio, el calor, el miedo, los vínculos, el cuerpo después de una jornada de trabajo o la sensación de llegar a un lugar que todavía no conoce. Por eso elegí ese espacio. No quería mirar Ica como un paisaje ajeno ni escribir sobre él desde la distancia. Quería contar una experiencia humana que ocurre en un territorio que conozco y en el que vivo.
La migración interna alrededor del trabajo del campo cobra valor en la novela en las primeras páginas. ¿Por qué emigra realmente la protagonista a ese destino tan desconocido para ella y su familia?
David Rojas: Por trabajo. Esa es probablemente la respuesta más sencilla.Ella emigra porque necesita trabajar y porque la campaña agrícola aparece como una posibilidad concreta de obtener ingresos durante varios meses. No parte porque tenga un proyecto de vida perfectamente definido ni porque sepa exactamente qué va a encontrar. Precisamente me interesaba esa incertidumbre. Hay una promesa de trabajo, alojamiento, comida y un pago, pero la protagonista todavía no conoce el lugar, ni las condiciones reales en las que va a desenvolverse. La migración comienza así: como una decisión práctica que parece posible y que después se convierte en una experiencia mucho más compleja.“El bus arranca. Veo a mi madre hacerse más chica (…) La calle se dobla y se pierden”. Los cuerpos cambiando de tamaño y la curva de la calle adelantan la experiencia venidera de la protagonista que viaja por un nuevo trabajo.
David Rojas: Para mí, en primer lugar, es una despedida. Ella ve a su madre alejarse hasta desaparecer mientras el bus continúa su camino. Hay una separación física muy concreta y, a partir de ese momento, la protagonista entra en un lugar que desconoce. Después, por supuesto, esa imagen puede adquirir otros significados para cada lector. Puede hablarse de pérdida, distancia, infancia, familia, seguridad o de muchas otras cosas. Pero prefiero que esas asociaciones permanezcan abiertas. No pienso en los objetos o las imágenes de la novela como símbolos con un único significado que yo deba explicar. Lo que sí me interesaba era observar a mujeres que migran para trabajar y que tienen responsabilidades económicas y familiares. En ese contexto aparecen decisiones, sacrificios, cansancio, vínculos y también distintas formas de desenvolverse dentro del trabajo. La protagonista no está construida únicamente desde el sacrificio. También me interesaba su percepción, su capacidad para observar lo que ocurre a su alrededor y la manera en que procesa aquello que vive. Para mí era importante que fuera una persona antes que una representación de una categoría social.El cansancio, el dolor corporal constante, que va creciendo a lo largo del relato, es propio de quienes tienen que vender su fuerza de trabajo. ¿Cómo aparecen los patrones, los dueños de todo, los que no sienten los músculos?
Me interesaba mostrar una relación desigual a través de situaciones concretas: quién da las instrucciones, quién controla el trabajo, quién establece un estándar, quién puede decidir y quién tiene que adaptarse a esas condiciones. Por eso el gerente, el caporal y los demás encargados aparecen muchas veces a través de sus acciones, sus palabras o su posición dentro del espacio de trabajo. No necesitaba explicar qué representan. Me interesaba mostrar cómo funciona esa relación y dejar que el lector saque sus propias conclusiones. En Donde el agua trabaja me interesaba mostrar situaciones de vulnerabilidad, desigualdad y explotación laboral sin convertir la novela en una clasificación jurídica de cada situación. La literatura puede acercarse a esas xperiencias sin necesidad de resolverlas mediante una categoría legal.¿Hay resistencia en este relato?
Creo que hay resistencia, aunque no necesariamente en la forma más visible o heroica de la palabra. La protagonista sigue trabajando, observa, aprende, soporta, establece vínculos y trata de comprender aquello que está viviendo. Pero tampoco quería construir una historia en la que cada conflicto tuviera una respuesta organizada o ejemplar. A veces resistir puede consistir simplemente en conservar cierta capacidad de decisión dentro de una situación en la que las posibilidades son muy reducidas. También puede consistir en recordar, en contar, en no aceptar completamente aquello que otros intentan imponer comonormal. De todos modos, no quisiera imponer al lector una definición de resistencia. La novela muestra una experiencia y cada lector puede determinar dónde encuentra esos gestos. Un debut literario de David Silva Rojas atípico, lírico y sensible que no solo se lee sino que se queda adherido. La protagonista, su madre, sus hermanos menores que se despiertan de madrugada para despedirla, sus compañeras de trabajo, los ruidos y la ausencia de ellos, la noche y el agua. Integrado por las escritoras, Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda el jurado del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía–Ventosa Arrufat otorgó el primer lugar a la novela Donde el agua trabaja. La obra es publicada en México, España, Argentina, Perú y Colombia , además de su distribución en otros territorios de Latinoamérica y su lanzamiento en Bolivia junto a la editorial Nuevo Milenio. Prensa Futura. Abogado, investigador y narrador, David Silva Rojas nació en Ica, Perú. Su formación literaria se desarrolló en los programas de escritura dramática de Gamagōri y en los talleres de guion del NHK Bunka Center, en Japón, país al que se mudó desde temprana edad. David Silva Rojas: Escribo porque la literatura me permite acercarme a personas y experiencias que de otra manera quizá sólo podría observar desde cierta distancia. Me interesa especialmente aquello que no termina de explicarse del todo: una conducta, un silencio, una contradicción, una sensación que una persona no sabe cómo nombrar. También escribo porque me interesa la posibilidad de que una historia permanezca abierta después de terminarla. Me gustan los libros que confían en el lector y no intentan explicarle inmediatamente qué debe pensar de lo que acaba de leer. Para mí, una novela empieza a tener otra vida cuando deja de pertenecer únicamente a quien la escribió y empieza a encontrarse con sus lectores. Algunas interpretaciones coincidirán con lo que imaginé al escribirla y otras serán completamente distintas. No veo eso como un problema. Al contrario, me interesa que una escena pueda producir una lectura que yo mismo no había considerado. Si una novela permite ese espacio, creo que todavía tiene algo que seguir diciendo.Fuente: Enlace original
