Células muertas: vejez, exclusión social y salud mental
El hombre entra a escena, que recrea el living de un hogar de clase media, con marcha errática y con ligera angustia. Se sirve un whisky y se sienta en el sillón. Suena el teléfono. Se trata de Felipe (Fabio Aste), un hombre jubilado, que está casado hace más de 40 años con Elisa (María Ángela Rodríguez), con quien ha construido una floreciente familia, conformada por sus hijos y nietos. En su casa se presenta un extraño e inquietante Vertiz (Sergio Surraco), CEO de una ONG humanitaria, con quien ha tenido un contacto telefónico en el que le ha ofrecido un método para no envejecer, que sería gratuito. La empresa cruza datos algorítmicos de internet y sabe prácticamente todo de la vida de Felipe. Sabe de su angustia con perder lo que modestamente ha logrado, de que su mundo se desmorone en un contexto presente de políticas de fuerte ajuste neoliberal, percibiendo una magra jubilación. Se ve entonces teniendo que liquidar sus ahorros y no pudiendo sostener el lugar del padre de familia que los protege, ahora que sus fuerzas físicas flaquean por el paso del tiempo. Vertiz sabe de su posición política contraria al actual gobierno y de su militancia en la juventud en una organización de izquierda. Y de repente, acerca un maletín con la solución a sus problemas, se propone animarlo devolviéndole los sueños de su juventud. Pero para ello, extrae de allí un arma e instrucciones para que mate a un exmilitante de su agrupación, que hoy se ha aliado al gobierno y que muy pronto, va a matarlo. Le asegura protección, dejándole un botón antipánico. La encerrona trágica en que lo coloca Vertiz, en un yo o el otro, desencadena en Felipe una crisis terrible de angustia, rayana a la locura, que desde la puesta en escena está muy bien trabajada con el uso de las luces intermitentes, que además viran hacia el rojo en el tramo final junto a proyecciones en blanco y negro sobre el decorado y música, alusivas a los años 70. La obra tiene el acierto, desde el guion y la puesta en escena, de estar enmarcada en un realismo que sutilmente se desliza hacia lo fantástico (en términos de Todorov), en el punto en que produce en el espectador la vacilación respecto de si lo que le está ocurriendo a Felipe es real o no. Si lo tomamos por el lado de lo irreal, hace que nos preguntemos si tanto Elisa (cuyo vestuario evoca también los 70) como Vertiz, son reales o personajes de su imaginación en medio de una crisis existencial sumido en el consumo de alcohol, desencadenando la locura. En esta última línea, la obra trabaja con acierto la relación entre la crisis en la tercera edad, donde se juega la exclusión social y familiar, como posibles desencadenantes de episodios de salud mental. Se trata de una primera lectura del título de la obra: Células muertas, asociadas al paso del tiempo y la vejez, que acarrean la pérdida de los lugares donde el sujeto encontraba su anclaje. Pero si lo tomamos como real, la obra entronca con la actualidad, presentándonos al poder económico-tecnológico en alianza con gobiernos ultraneoliberales, como continuidad del plan económico de los años 70, de donde se desprende en el final otro sentido del título Células muertas, que tanto en lo literal como en lo metafórico da cuenta de la muerte de un proyecto de país ligado a los intereses de las grandes mayorías. Además, la obra permite una tercera lectura: que Vertiz sea una proyección de la IA, que con sus dichos manipula al usuario, llevándolo al odio y la violencia dirigida hacia otro usuario que estaría en las antípodas de su pensamiento. En esta línea, Células Muertas plantea cómo la manipulación de los algoritmos, desde el poder; está al servicio de dividir a las grandes mayorías, en vez de que puedan unirse, organizarse y rebelarse contra el poder real de los multimillonarios tecno-magnates. Células muertas es una propuesta teatral interesante que pone en el tapete la cuestión de la salud mental en la tercera edad en tiempos de crisis socioeconómica. Se destaca por un guion muy bien construido, que permite diversas capas de lectura, y por la soberbia labor de Pablo Aste, que brinda una interpretación en la que deja la piel, muy bien acompañado, por la impasibilidad con la que Sergio Surraco compone a su personaje, llegando a resultar verdaderamente inquietante. Ficha técnica: Autor: Hugo Barcia, Reparto: Fabio Aste, Sergio Surraco y María Ángela Rodríguez, puesta en escena y dirección general: Leo Rodríguez. La segunda temporada estará disponible a partir del mes de agosto en sala y horarios a confirmar. Redes sociales: Instagram: celulas.muertas, Facebook: Células Muertas
Fuente: Enlace original
