Un territorio en disputa: «Estado de Asamblea», la nueva muestra de Gabriela Golder

El día de la inauguración, la sala de ArtHaus estaba llena. No de gente que entra, mira dos minutos y sigue camino a la próxima sala, sino de cuerpos que se quedaban, que recorrían las obras de principio a fin. Gabriela Golder lo había anticipado esa misma noche: «Mis obras son largas, lleva un tiempo mirarlas». Y el público se tomó ese tiempo. Se emocionó. Cuando la gente salía de la sala de Las presentes, sus propias caras, la sorpresa, la atención, algo parecido al cuidado, hacían eco de las caras que acababan de ver en las doce pantallas. Esa correspondencia, ese espejo involuntario entre quien mira y lo mirado, es quizás la imagen más elocuente de lo que «Estado de Asamblea» viene a proponer. Apenas unos días atrás se cumplió un nuevo aniversario de la fundación de la Primera Internacional en 1864. Aquella gesta obrera entendió que ante un sistema que reduce la existencia a mera fuerza de producción, la única salida es organizar la lucha a nivel internacional. Hoy, esas preguntas por la autonomía, la resistencia y las formas de organizarse no están atrapadas en los libros de historia: mutaron y resuenan con urgencia política en las calles e inclusive en una exposición en el microcentro porteño. En la sede de ArtHaus (Bartolomé Mitre 434, CABA), la muestra de Gabriela Golder despliega un dispositivo que esquiva los formatos domesticados de la industria cultural y las respuestas fáciles, a través de cinco obras que habitan el espacio institucional mediante videoinstalaciones de gran formato, frases que cortan el aire en luces y pantallas LED que ponen en circulación palabras que encienden, palabras que inspiran. La exposición, abierta hasta el 17 de enero de 2027, se presenta desde el inicio como una interrupción dialéctica.
No hay espectadores, la primera pieza, funciona como un implacable estado de la situación: una máquina verbal en loop donde consignas, titulares de prensa, gritos y órdenes chocan y se reorganizan constantemente. Es inevitable pensarla en diálogo con Manifiesto, de Julian Rosenfeld, esa misma potencia visual de la pantalla múltiple, ese mismo modo de hacer que el lenguaje se vuelva cuerpo y ocupe el espacio en lugar de simplemente explicarlo. Ver ese oleaje de textos deja expuesta una certeza: la separación entre arte contemporáneo y política es una ficción burguesa. El arte que se pretende neutral ya tomó partido por convalidar el orden de las cosas. Pero el mercado del arte tiene sus propias astucias: fagocita la potencia crítica de las vanguardias para transformarlas en estéticas de moda y convertir a los artistas en marcas comerciales rentables para el circuito de galerías. Para sobrevivir a esa maquinaria, hay que salirse de la norma. Golder lo logra mediante un desvío que funciona como una trampa estética para nuestro tiempo. En un mundo hiperconectado y cooptado por el aislamiento algorítmico de las pantallas, la tentación del sentido común reinante sería la demonización analógica de la técnica. Golder esquiva esa ingenuidad: no niega los dispositivos ni la tecnología, sino que los hackea. Usa el brillo hipnótico de las pantallas como una carnada visual que nos imanta, pero una vez atrapados por el destello, la herramienta nos devuelve dialécticamente a la convergencia con el otro. Las pantallas dejan de ser un factor de dispersión para volverse el territorio en disputa. Esta es, me parece, una de las tensiones más importantes que sostiene todo el proyecto: no rechazar la herramienta que nos captura, sino torcerle el brazo desde adentro.
Esa disputa se vuelve literal, casi física, en El Repertorio: una sucesión de palabras al ras del suelo, como si fueran pensamientos diversos, calificativos lanzados sobre los cuerpos de las mujeres y diversidades que protagonizan las otras piezas: desobediente, histérica, conflictiva. Esas palabras se contraponen, en las pantallas de al lado, a otras: anticapitalista, antipatriarcal, feminismo, popular. Entre ambos repertorios se generan diálogos efímeros, y el público queda mediando, casi sin darse cuenta, entre el amor y el odio, entre el conservadurismo y las ideas emancipatorias.
Un ejercicio de la práctica artística que se cruza de manera fundamental con la soberanía sobre nuestro tiempo y nuestros cuerpos, en pleno avance de una feroz contraofensiva patriarcal que busca hacer retroceder los derechos conquistados por las mujeres y las disidencias. Frente a la lógica de la hiperproductividad capitalista que exige un consumo de imágenes veloz y anestésico, Las presentes impone una desaceleración política. En doce pantallas que registran el desplazamiento de un grupo de mujeres, la cámara captura la potencia de los gestos detenidos, la ferocidad de las palabras, la emotividad de los discursos: estructuras de sentimiento, afectos comunitarios atrapados antes de que las instituciones puedan capturarlos. En sintonía con las ideas de Georges Didi-Huberman sobre las sublevaciones, los videos ponen en suspensión y en detalle fino lo que cuentan los rostros, y no únicamente sus palabras. Detenerse en el detalle de esas caras, en sus modos de sorprenderse, de prestar atención, de cuidarse y de construirse en comunidad, es un sabotaje a la prisa del mercado.
Esa estética de la resistencia está anclada en una genealogía viva. Entre los archivos de las tres pantallas que conforman la obra central, Estado de Asamblea, conviven imágenes reales de la Asamblea Transfeminista LGTBIQ+, una de las articulaciones políticas más potentes de nuestra historia reciente, que nació pronunciándose de forma asamblearia, antifascista y antirracista, y que decantó en movilizaciones multitudinarias. En los videos aparecen y toman la palabra diferentes referentes históricas de estas asambleas y de la militancia territorial. Después llegan las voces polifónicas, cantando, un dispositivo que impone un ritmo capaz de atraparnos y concentrarnos en los discursos, una convergencia dialéctica casi perfecta entre arte y política. ¿Dónde termina la ficción y dónde empieza la realidad? No hay melancolía del pasado en estas imágenes; hay una polifonía actual que ensaya formas de organización y resistencia. Y a la entrada de todo esto, recibiendo al público como un umbral, Toda forma de Estado (Estado de Asamblea), una frase en neón que desplaza la palabra «estado» entre lo político, lo social y lo afectivo. Gabriela nos comenta con respecto a la convocatoria abierta que hay a la asamblea del sábado 3 de octubre: “Tengo muchísima expectativa, pero también mucha incertidumbre, porque justamente una asamblea es algo que no se puede controlar del todo. Podemos preparar una estructura, proponer temas, canciones, textos, preguntas, pero lo que suceda va a depender de quienes estén ahí, de las voces que aparezcan, de los desacuerdos, de las propuestas. Me gustaría que realmente se produzca un espacio de escucha y de discusión, que podamos poner en común experiencias muy distintas y que aparezca algo que no estaba previsto. La pregunta que atraviesa todo el proyecto es Qué hacer?, y ojalá en esta Asamblea se vuelva muy concreta. Claro que no espero que salgamos con respuestas definitivas. Pero sí que podamos escucharnos, discutir, disentir, tomar la palabra y quizás imaginar juntas algunas posibilidades. Para mí, si en ese encuentro aparece algo nuevo, algo que ninguna de nosotras podría haber pensado sola, la Asamblea ya habrá producido algo importante”. Por todo esto, la muestra es un organismo político vivo que se niega a la pasividad del cubo blanco, o del cubo negro en este contexto, la pasividad de una sala de exposiciones. El próximo 3 de octubre a las 16 hs, ArtHaus será la sede del salto definitivo de la teoría a la praxis colectiva: Golder diseñó una activación en vivo, una asamblea con intervenciones de performers y coro. Tras los bloques pautados, se abrirá una asamblea real con quienes se acerquen a habitar el espacio, una plataforma horizontal para mujeres y diversidades de la cual pueden surgir acciones políticas reales y organizadas. En un tiempo histórico donde el poder nos quiere dóciles, aislados e hiperproductivos, la cita del 3 de octubre es una invitación urgente a alterar los relojes del mercado, disputar el uso de las herramientas tecnológicas y encender, de una vez por todas, la potencia de lo colectivo organizado. “Estado de Asamblea”
15 de septiembre 2026 al 17 de enero 2027
Puede visitarse de 13 a 20 hs (lunes cerrado)
La entrada es libre y gratuita
ArtHaus, Bartolomé Mitre 434, CABA
Próxima activación: 3 de octubre 16 hs Sobre Gabriela Golder Gabriela Golder es artista visual, investigadora, profesora y curadora. Su práctica se despliega entre el video, la instalación, la performance y las intervenciones de sitio específico. Su obra aborda la memoria, la violencia institucional, las prácticas colectivas y el mundo del trabajo. Ha exhibido en las Bienales de Sydney, Singapore, Sharjah, Jakarta, Sesc_Videobrasil, Bienalsur y La Habana, así como enla Whitechapel Gallery, Fragmentos, Fundación Andreani, Kunsthaus Graz, San Jose Museum of Art, Museo Nacional de Bellas Artes, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes de Chile y Getty Center. Entre otros reconocimientos, recibió premios de Sharjah Biennial, ArtHaus, Ars Electronica, ZKM, Sesc_Videobrasil y la Asociación Argentina de Críticos de Arte. Es directora de la Bienal de la Imagen en Movimiento (BIM). Sobre ArtHaus Fundada en 2021 por Andrés Buhar, ArtHaus Central se propone como un espacio de creación, producción, experimentación y difusión de las prácticas artísticas contemporáneas. Pionera en el proceso de reconversión del microcentro porteño, tiene como objetivo principal ampliar audiencias y democratizar el acceso al arte del presente. En su sede de Bartolomé Mitre 434 conviven artes escénicas, conciertos del Ensamble ArtHaus, exhibiciones de artes visuales, actividades literarias, educativas, artes escénicas y cine en la terraza todo el año. Desde una aproximación situada y sustentada en diálogos con las prácticas artísticas contemporáneas, el área de Visuales está abocada a la producción y difusión de exposiciones de arte argentino. Desde estos vectores, propone conversaciones fluidas entre Sebastián Vidal Mackinson, director del área, con artistas y curadores en la conceptualización y producción de muestras de corte experimental e interdisciplinario. En este marco, el encargo de obras resulta una constante en el horizonte de posibilidades.

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