Don’t look up, y la comercialización de la catástrofe
¿Con cuánta frecuencia pensamos sobre el cambio climático? ¿Sólo cuando podemos ver sus efectos, a través de una noticia sobre el último huracán o incendio salvaje? ¿Y esa noticia compite con la barbaridad más reciente de Trump, o existe entre la sección de jardinería y obituarios? El cambio climático es el elefante más grande en la sala de nuestro planeta: ahí está, no se va a ir, hay que hacer algo al respecto, pero lo más fácil y cómodo es ignorarlo. El meteorito que amenaza con destruir a la Tierra en Don’t Look Up, multi-nominada película de Adam McKay, es menos difícil de ignorar, pero no por mucho.
El cambio climático es el elefante más grande en la sala de nuestro planeta: ahí está, no se va a ir, hay que hacer algo al respecto, pero lo más fácil y cómodo es ignorarlo.Aunque los protagonistas responsables por su descubrimiento advierten al gobierno y a los medios de comunicación, un inminente cataclismo mundial no logra competir con el último chisme entre celebridades, o la automática sumisión presidencial ante intereses privados. Don’t Look Up comienza como una metáfora sobre el cambio climático, pero en realidad ofrece una perversa, egoísta y por ello creíble solución: no para los miles de millones de habitantes terrestres, pero sí para los no más de diez oligarcas que controlan todo. Sin entrar en spoilers, resulta que el amenazante meteorito contiene toneladas de materiales tecnológicamente preciosos. Casi toda la humanidad quedará extinta, pero los ingredientes cruciales para la siguiente generación de iPhones serán garantizados. Este impulso de discriminada explotación comercial es fársico… en el contexto de un meteorito. Pero sí ocurre con el gas, el petróleo, la madera, el agua, y cualquier elemento de origen finitamente natural, que siempre se ha visto como una ganancia monetaria y nunca como una pérdida ambiental, con letales consecuencias para sus explotadores humanos.
Don’t Look Up comienza como una metáfora sobre el cambio climático, pero en realidad ofrece una perversa, egoísta y por ello creíble soluciónEntonces, como sugiere Don’t Look Up, ¿ya hemos llegado a la época del cambio climático como otra oportunidad comercial, en lugar de la omnipresente catástrofe que deberíamos detener? Durante estos meses, varios ciudadanos europeos han entrado en calor mediante desesperados intentos para conseguir máquinas de aire acondicionado, algo que los partidos de oposición en Reino Unido han culpado, sin una sospecha de ironía, sobre las humildes y actuales medidas en contra del cambio climático. No es impensable (aunque sí indignante) considerar que los hogares destruidos en el último incendio masivo de California serán reconstruidos por una avara iniciativa privada, en vez de ser un ejemplo de servicio público cuando más importante. Entre vender y ayudar, hay una opción claramente ganadora.
¿Ya hemos llegado a la época del cambio climático como otra oportunidad comercial, en lugar de la omnipresente catástrofe que deberíamos detener?Don’t Look Up es, sobretodo, una historia de seres humanos, y con ello un pertinente recordatorio de que los seres humanos son el problema y solución del cambio climático, frustrantes en su indiferencia dual. Durante un momento de la trama, las pocas personas que deciden reconocer la catástrofe insisten a quien escuche que miren hacia arriba, para cerciorarse del meteorito que va a llegar, y los va a destruir, y no habrá vuelta atrás. Pero la gran mayoría decide no ver hacia arriba. De ahí el título de la película, y la historia de nuestra realidad mundial.
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