El Mundial de los de abajo: solidaridad, comunidad y alegría popular

El multimillonario negocio del fútbol nos vende siempre la misma postal: estrellas que viven en una burbuja, corporaciones como la FIFA que facturan fortunas a costa de la pasión popular y gobiernos que intentan contrabandear sus mensajes políticos detrás de la camiseta. Lo vimos en Argentina en el Mundial 78 bajo la dictadura de Videla y su campaña «los argentinos somos derechos y humanos». Lo presenciamos también en la burda intromisión de Donald Trump, quien utilizó el campeonato de fútbol para posicionar su agenda imperialista y racista (y terminó cosechando repudio por la guerra en Irán y el genocidio en Gaza) y llegó al ridículo de llamar a Gianni Infantino para exigir que la FIFA anule la tarjeta roja de Folarin Balogun. El juego sucio de la Casa Blanca no sirvió de nada: Bélgica goleó 4-1 a Estados Unidos y lo eliminó en octavos de final. Fracasó en su intento de mostrarse todopoderoso. Pero también hay un «lado B» del Mundial que no está en los palcos VIP ni en las declaraciones de quienes manejan el negocio. Está en las tribunas, en las calles, en los lugares de trabajo, en las escuelas, donde se encuentran para celebrar un objetivo común: ver a su selección ganarle al rival.

El fútbol como encuentro

Vivimos en una época donde el capitalismo y las redes sociales nos empujan al aislamiento, a la soledad. Sin embargo, el Mundial irrumpe como un emergente social que moviliza a millones de personas al mismo tiempo. El Mundial es esa fiesta colectiva que nos permite, aunque sea por un instante, sentir que formamos parte de un proyecto común. En las escuelas, en los lugares de trabajo, la gente se organiza para ver los partidos. Esa “pausa de hidratación” colectiva suspende por un momento la soledad que nos impone la clase dominante. No toda multitud es comunidad, pero en el Mundial siempre disputan dos fuerzas: los negocios de los poderosos que empujan al consumo y la comunidad que se organiza por abajo.

Los ejemplos de fraternidad popular

Lejos del odio chauvinista que intentan inocular los de arriba, este torneo deja postales imborrables de fraternidad entre los pueblos. Así se vio en el partido de Cabo Verde y Argentina. El humilde seleccionado africano hizo historia al llevar a la Argentina al alargue del partido. La respuesta de la hinchada fue la ovación a la selección de Cabo Verde al terminar el partido. “Yo quiero que a este tipazo le vaya bárbaro en su vida”, escribía una tuitera.

Yo quiero que a este tipazo le vaya bárbaro en su vida pic.twitter.com/3ZZqJE5uVS — Vicky (@vickytedije) July 4, 2026

O cuando un hincha de Congo estaba solo en la tribuna rodeado de colombianos. Mientras entonaba el himno de su país, nadie lo interrumpió. Cuando terminó, todos se abalanzaron sobre él para felicitarlo.

Este hincha de Congo estaba SOLO en la tribuna y entonó el himno de su país RODEADO DE COLOMBIANOS. Nadie lo interrumpió y cuando terminó de cantar todos se abalanzaron sobre él para FELICITARLO. Simplemente, la Copa del Mundo. 🇨🇩❤️🇨🇴 pic.twitter.com/vheZpLRToj — Ataque Futbolero (@AtaqueFutbolero) June 25, 2026

La unidad entre las hinchadas de Irán y México se fortaleció mientras el gobierno de Estados Unidos imponía condiciones desiguales para la selección persa. Pero los mexicanos cantaban: «Hermano iraní, ahora eres mexicano». Así fue como la selección de Irán fue despedida con calidez en Tijuana y recibió el respeto de todo el país, que los adoptó como locales. «De parte de todo México, tienes todo nuestro respeto, Irán»

🇮🇷 La única selección en la historia que dormía en otro país distinto al que jugaba al día siguiente. De parte de todo México, tienes todo nuestro respeto Irán. Gracias por escoger a México como tu segunda casa este Mundial. 🇮🇷🇲🇽 pic.twitter.com/AVyvdpywhp — Analistas APP descárgala (@SomosAnalistas_) June 28, 2026

La bandera de Palestina en las calles del Mundial es el gran ejemplo de solidaridad que los gobiernos cómplices del genocidio en Gaza, por parte del Estado sionista de Israel, no pudieron impedir. La hinchada de Marruecos, Bélgica, Bosnia, Egipto, Brasil, México y tantas otras inundó las calles de Boston, Nueva York y otras ciudades con banderas de Palestina, desafiando la censura y el silencio cómplice de los grandes medios. Acá un video que enfurece a Israel y que se impide difundir: «Marruecos inunda Times Square con banderas de Palestina en la Copa del Mundo con Brasil»

🚨🚨‼️ يـحـــدث الان 💥💥 💥
مقطع يغضب اسرائيل وتمنع انشارة من الانترنت بكل الطرق،
الجماهير المغربية تغمر ميدان تايمز سكوير بأعلام فلسطين في كأس العالم مع البرازيل
انشروها على لتصل رسالتهم للعالم 🙏 pic.twitter.com/fgRE40cLGf — 🇾🇪🇵🇸الدعم والاسناد (@AlymnyAlsq81595) June 29, 2026

El pueblo de India, que no participa del Mundial, festeja en las calles de Bangladesh los triunfos de Argentina. “El fútbol como lenguaje universal que conecta a los pueblos del Sur Global”.

🇧🇩 | El pueblo de Bangladesh festeja la victoria de la Selección Argentina y los goles de Messi 👏🏻👏🏻👏🏻 pic.twitter.com/gg6HeBBj5Z — CHAD (@ChadAbrazo) June 22, 2026

Intercambio de camisetas en las tribunas

Mientras Estados Unidos restringe visados a trabajadores, periodistas y espectadores independientes, en las afueras de los estadios se multiplican las escenas de hinchas rivales cambiando camisetas, compartiendo comida y uniéndose en cánticos contra las cúpulas corporativas. Fueron otra muestra de unidad entre quienes se apasionan por el futbol. “Un fanático español le ofreció su camiseta a uno de Cabo Verde. El sí fue emocionado y el abrazo duró una eternidad”.

This needs to go Viral! In Atlanta for the FIFA World Cup game between Spain & Cabo Verde a fan wearing a Spain jersey gestured to a Cabo Verde fan asking if he would like to swap jerseys & he said excitedly said Yes so they traded jerseys & hugged for what seemed like forever. pic.twitter.com/HB9BgSbzCo — Suzie rizzio (@Suzierizzo1) June 17, 2026

O cuando los japoneses rompieron en llanto tras la eliminación de su país, “pero de inmediato, un grupo de brasileños lo fueron a consolar y los mexicanos lo pusieron a volar”

De eso se trata el Mundial 🥹🇲🇽 Japones rompió a llorar tras la eliminación de su país, pero de inmediato, un grupo de brasileños lo fueron a consolar y los mexicanos lo pusieron a volar 🤝🫰🏻 🎥 @myt_guzman pic.twitter.com/NZMYz2M8Y7 — DIARIO RÉCORD (@record_mexico) June 29, 2026

O los jordanos invitando a los argentinos a comer y probar el Mansaf, un plato tradicional de la comida Jordana.

🇺🇸🇦🇷🇯🇴 Los Jordanos invitaron a los Argentinos a comer y probar el Mansaf, un plato tradicional de la comida Jordana. pic.twitter.com/qpT9lOoKnw — 🥊𝕳 BARRAS DEL MUNDO ⚽🍺 (@Barras_LATAM) June 28, 2026

El Mundial en las escuelas y en el trabajo: cuando la pasión le rompe el cerco al aislamiento

Que el Mundial interrumpa la rutina no es un recreo, es una interpelación. El sistema nos quiere solos, cada uno con la mirada clavada en su propia pantalla, convencidos de que el otro es un rival o, peor, un extraño. Pero el fútbol, ese invento popular que los de arriba intentan domesticar, tiene la mala costumbre de unir los cuerpos en las aulas, en los barrios, en las calles, en los trabajos. Y cuando los cuerpos se juntan, el individuo se vuelve multitud. Entonces, el aula, como el lugar de trabajo, deja de ser un engranaje y se convierte en una tribuna. No para consumir pasivamente, sino para hacer. Para comprar la picada entre todos, para armar el fixture en el pizarrón, para discutir no solo quién gana, sino las mejores jugadas, los mejores goles. Se vuelven cronistas, comentaristas de un juego de pelota que es pasión. El Mundial, también, es un mapa del mundo. Es geografía, es historia, es economía política. En los recreos, las figuritas no se intercambian, se disputan. Se negocian, se ofrecen, se regalan. Eso no es consumo, eso es vínculo. Y los pibes, que el sistema educativo muchas veces reduce a números y promedios, de repente son expertos en estadísticas, en banderas, en himnos de países que ni sabían que existían. Por eso el Mundial es una trinchera. Es una oportunidad desde donde resistir la división, el individualismo, la soledad crónica a la que este sistema nos empuja. Porque cuando nos juntamos a mirar un partido, cuando se arma un festejo por un gol o el silencio por un penal, ahí, en ese ruido, en ese desorden, está pasando algo político: están diciendo que lo común todavía existe, que lo colectivo no es una palabra gastada, que la fiesta compartida es un ensayo de la pasión compartida entre varios. No es solo entretenimiento, es la posibilidad de festejar. Mientras el sistema nos quiere fragmentados, aunque sea por noventa minutos, nos juntamos. Y cuando nos juntamos, el miedo se diluye, la soledad desaparece, la desesperanza se disipa y, por un rato, el mundo parece otro. Es el sentimiento de los que se abrazan después de un gol, de los que festejan juntos aunque sus selecciones sean rivales, de los que entienden que la pasión no se compra ni se vende: se comparte. También el enojo, el llanto, la frustración, la bronca de quedar afuera se comparte.

La pasión por el fútbol

El Mundial es esa fiesta que nos prepara para el instante exacto en que el pánico y la celebración se abrazan. Es una pausa de hidratación colectiva que nos recuerda que, frente a un sistema que nos quiere fragmentados y desanimados, la alegría sigue siendo nuestra mejor herramienta de resistencia. Ese impulso inevitable es el que se manifiesta en el estadio, en el barrio y en la escuela, cuando el cuerpo y el deseo se juntan para vibrar con un gol. No es una elección racional; es pulsión: algo que nos atraviesa sin pedir permiso y nos arranca del aislamiento. Es la posibilidad, breve, intensa, real, de encontrarse en lo común para enfrentar juntos lo ominoso del sistema. Porque el sistema nos quiere solos, pero el fútbol, ese invento popular que los de arriba no terminan de domesticar, nos devuelve a la tribuna. Y en las tribunas están los de abajo.

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