“Hacemos arte y militamos en Cuba con crítica, contradicciones revolucionarias y disidencia leal”: Israel Rojas, cantante de Buena Fe (I)
La sorprendente capacidad de ingeniar una música poética y crítica, tanto del sistema capitalista en el que vive la humanidad como de la dura situación que enfrenta la sociedad cubana frente a un imperialismo estadunidense cada vez más agresivo, gravita en la honestidad artística e intelectual de Buena Fe. Digno de una franqueza socrática, Israel Rojas Fiel habla con Diario Red América Latina “a calzón quita’o”, como dicen los cubanos, sin filtros condescendientes ni tapujos camuflados. Es abril de 2026, la isla tiene unos días de respiro por la llegada de un buque petrolero ruso, el único en todo el año. Con un scooter eléctrico Mishousuki, en short y playera gris sin marcas evidentes, nos encontramos en el Torreón de la Chorrera, malecón de La Habana. El lugar es demasiado ruidoso y optamos por movernos a un bar con vista hacia el malecón. El grupo Buena Fe, que recientemente dio un concierto en Bogotá, nació en 1999 en Guantánamo, tiene 13 discos editados y ha hecho música para cine, teatro y televisión. “No sé bien cómo lo hemos logrado, pero somos de las agrupaciones más escuchadas de comienzos de siglo. Seguimos en Cuba, seguimos creando”, expresó el cantante, abogado de formación, músico profesional por vocación y vocalista del grupo, que inició su presencia artística en conjunto con Joel Martínez en el oriente de la isla. —En tu música hay una parte romántica y al mismo tiempo de denuncia social, de hablar de temas que incomodan incluso dentro de Cuba. ¿Cómo nace esta forma de ver el arte en el proyecto de Buena Fe? —Claro, es que Buena Fe nace justamente con esa intención. Nosotros somos herederos, continuadores, hijos, y ojalá que padres, de la estética y artísticamente de la ética que desarrolló el movimiento de la nueva trova, la canción de pensamiento en Cuba. Ella siempre se asocia a la trova del hombre con la guitarra, donde se cantaba al amor desde el compromiso social y político, que no divorciaba o no veía la canción como segmentada o alejada de la sociedad. Por el contrario, lo veía como un todo. Pero a finales de la década de los 70 y en los 80, en Cuba aparecieron agrupaciones como Manguaré y Moncada, incluso Silvio Rodríguez empezó a trabajar con grupos como AfroCuba, Diákara o Irakere. Pablo Milanés hace una agrupación de músicos virtuosísimos y desarrolla su trabajo con Pedro Ruiz Ferrel y tenían una banda que los acompañaba. La aparición de la generación de los Topos, que esencialmente eran Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Santiago Feliú y Fran Delgado, se hacían acompañar de bandas también.
En la segunda parte hablamos de la ida de Buena Fe a Miami y lo que implica ser un artista revolucionario en el mercado musical global.
“Le pusimos Buena Fe al proyecto porque queríamos hacer crítica social, hablar de temáticas difíciles, no para crear un problema, sino para resolver de manera constructiva”Entonces la canción de autor en Cuba, la trovadoresca, dejó de tener solamente una identificación con el hombre y la guitarra, sino que se fusionó con otras sonoridades más caribeñas. Nosotros bebemos de todo eso y desde que arrancamos en Guantánamo con una guitarra y dos voces, entendimos que el arte que deberíamos hacer se parecía a ese tipo de arte. Como bien tú dices, es un arte que no niega hablar de temáticas difíciles, problemáticas, a veces confirmatorias y de loas a lo que está bien hecho, pero también de crítica a lo mucho que debemos mejorar como sociedad. Además, por supuesto hay canciones de amor y de desamor, temáticas universales. Sin embargo queríamos meternos a cuestionar la sociedad, las tradiciones, hacer crítica social. Le pusimos Buena Fe al proyecto porque era una forma de poner como antesala que todo lo que estábamos diciendo no era para crear un problema, sino de buena fe, de manera constructiva. Aunque quizás al principio se vio como un ardid, (porque) no todos nuestros temas hablaban exactamente de amor. Canciones como “Psicología al día”, “Dios salve al Rey” o “La zanja”, se hicieron muy populares en una estética que no es de amor, sino que buscan cuestionar la sociedad. Eso para nosotros todavía es un misterio de cómo sucedió, porque el mercado te pone una etiqueta y es muy difícil salir de ahí, pero nosotros logramos vencer ese molde y crear la etiqueta Buena Fe. —Estos son los inicios digamos, la primera fase de Buena Fe. Ahora estamos en un contexto distinto. ¿Cómo lees a la luz de hoy al grupo? —Sí. De hecho, eso que te hablo es otra época, hasta el 2019 más o menos. Fue la culminación de lo que nosotros en Cuba llamamos “la era Obama” [en referencia a Barack Obama, presidente de Estados Unidos entre el 2009-2017], que intentó un acercamiento y una distensión con el gobierno cubano, y luego vino la pandemia. Las cosas cambiaron. Después vino Donald Trump [primer mandato entre 2017-2021] y fue un parteaguas, regresó a la política de hostilidad y en un contexto que coincidió justamente con la pandemia. Luego llegó Joe Biden [2021-2025] y no hizo nada por regresar a las políticas Obama, sino que le dio continuidad a las de Trump. Todo ello tuvo un impacto muy fuerte en la subjetividad y en los consumos culturales en Cuba. El impacto, por ejemplo, de las redes sociales, el consumo de la música, dejó de ser hegemónico en los medios de comunicación masiva en Cuba. O sea, el artista cubano que dependía de que su música se conociera a través de la radio y la televisión en Cuba hoy es mucho más débil, mucho más frágil, es muy difícil que ahí te pegue un tema. Es muy difícil. —¿Por qué es tan difícil? —Porque hoy todo es por aquí [dice mostrando su celular] y lamentablemente lo que pasa por aquí está muy marcado por el sesgo, por la intoxicación mediática, por la burbuja en la que han logrado meter al planeta Cuba. Porque casi todo lo que consumimos aquí es a través de plataformas norteamericanas. Ellos en la era Obama nos permitieron acceder a esto y no nos lo bloquearon, porque son algoritmos que pueden controlar para subvertir el orden de cosas en Cuba. Entonces, en los últimos años los consumos musicales más populares tienen que ver, lamentablemente, con temáticas muy básicas, muy pedestres, muy vulgares. Y no te estoy hablando de género musical, porque los géneros no tienen la culpa. Tiene que ver con los contenidos. Y me niego a creer de que es una cuestión casual. Yo creo que es multifactorial y creo que hay también mucho de intencionalidad. Si recordamos aquello que decía Zbigniew Brzezinski [politólogo estratega bajo la administración de Jimmy Carter, 1977-1981] sobre lo que le querían hacer al campo socialista, que era subvertir todos sus valores, poner la vulgaridad de moda, ridiculizar a los intelectuales más brillantes, y si lo analizas, se parece mucho a lo que nos ha pasado.
“Hasta para hacer contrarrevolución hace falta combustible. Pasa parecido en el campo de la cultura: hasta para hacer contrarrevolución hace falta generadores de ideas bellas, pero lo que está inundando nuestra gente es muy contaminante de la espiritualidad noble del alma del cubano.”Las nuevas generaciones, los públicos masivos en Cuba hoy lo que más consumen, por desgracia, es lo peor, o sea, es un es un tipo de arte que no te eleva, muy básico, muy terrible. Y con eso le han hecho mucho daño al resto de las expresiones musicales en Cuba, incluyendo la canción de autor, los que hacían música de pensamiento, los folkloristas, jazzeros, e incluyendo a Buena Fe. Conozco a alguien que dice una cosa muy interesante: “Los gringos no se dan cuenta que con el bloqueo petrolero fortalecen a la revolución”. Porque hasta para hacer contrarrevolución hace falta combustible. Y es verdad. Pues pasa parecido en el campo de la cultura, pero lamentablemente en nuestra cultura. Es decir, hasta para hacer contrarrevolución hace falta generadores de ideas bellas, novedosas, pero lastimosamente lo que está inundando nuestra gente es de una música muy básica, muy vulgar, muy poco inteligente, muy contaminante de la espiritualidad noble del alma del cubano, muy alejada de la belleza. No digo que no sea una música bella, solo digo que está en un plano de belleza muy de caramelo, como alimentar a la gente solo de chucherías, de comida chatarra. (…) Hay una hermosísima canción de amor, “El breve espacio” de Pablo Milanés, donde habla de una muchacha que le gusta la música “que comprometa su pensar”. Nosotros tratamos de hacer una música que comprometa el pensar del que escucha, que no solamente se quede en “¡ay, qué bonito!”, sino “¡qué profundo!”. Que lo motive a leer un libro, a encontrar una palabra que no sabía su significado, a ejercer el pensamiento. —Ahora que hablas de la belleza y el llamado a la reflexión. Existen varios sectores sociales en América Latina que están convencidos de que en Cuba no hay libertad de expresión. En la música de Buena Fe expresan frases como “no me regales más nada, déjame ganármelo yo” o “entre bloqueos y mala administración”. ¿Qué me puedes comentar sobre ello? —Es imposible hacer un arte transformador y revolucionario de mentirita. Para ser un arte revolucionario tiene que ser honesto. Porque lo que no es honesto la gente lo identifica muy rápido, entonces tú no puedes hacer un arte que se aleje del sentir y el decir popular. O sea, no puede ser una sociedad en la que tú le das a la gente herramientas de pensamiento, como la educación o enseñar a pensar, y después cortarles las alas. Eso no va a pasar, sería una estupidez. La gente va a darse cuenta y va a cuestionar (…). Uno puede comprender la naturaleza del por qué, pero cuando la gente no se lo puede explicar, va a sacar sus propias conclusiones y lamentablemente esas conclusiones… como ya sabemos los revolucionarios, la verdad siempre es revolucionaria. Por supuesto, toda verdad es relativa, pero en sus puntos de coincidencia específicos pueden resultar incómodas. Entonces es revolucionaria porque te hace un diagnóstico del sentir para la acción, para resolver el problema. Por eso nuestras canciones han estado mirando atentas desde la militancia y desde el compromiso, atentas a la calle, al vivir, tomando en cuenta diferentes aristas para saber cómo combatir. Nosotros venimos de una herencia colonial que distorsionó la economía, la cultura, aún tenemos racismo y corrupción en la sociedad. Pero todo esto no es algo que culturalmente se haya combatido mucho, que a la gente le dé rechazo, incluso hay momentos en que es aceptada. La pregunta es: ¿eso no le pasa a la mayoría de los países latinoamericanos? ¿No le pasa a la mayoría de países pobres? ¿Por qué tenemos miedo a reconocerlo? No deberíamos tener miedo. Transparentar el proceso es el primer paso, sin miedo a entender la causa: que nosotros venimos de un pasado distorsionador de lo correcto. La colonización, después heredamos mucho de lo peor de los norteamericanos en la república de 1901 hasta 1959, y luego el campo socialista de la URSS que por sus propias contradicciones colapsó. Por ejemplo, heredamos un sistema productivo socialista que es muy estatista, muy centralizado, que limita en sí mismo o desconoce fórmulas de desarrollo desde el aprovechamiento de la iniciativa individual, ¿entiendes? Del poner siempre solo lo colectivo por encima del individual, muchas veces negó o fue injusto con con el esfuerzo individual. O sea sí hemos vivido aquí micro injusticias, se puede decir, que con la mejor de las intenciones nos han impedido avanzar más rápido.
“¿Cómo podemos escuchar al otro sin dejar de darnos cuenta de que hay un enemigo que nos quiere comer a ti y a mí? Bueno, desde la más absoluta honestidad intelectual. (…) Y esas críticas también merecen ser cantadas.”La pregunta es, ¿eso llevaría a un odio y a un una repulsión de todo lo que ha pasado aquí? Para nada. Es que hubiera sido imposible haber dado saltos admirables como lo que se han logrado en este país en materia de educación, salud, deporte, justicia social, derechos para la mujer, de ejercicio verdadero de la democracia participativa. Nosotros no nos hemos dejado robar el término democracia, no. Tenemos una cultura de participación en la democracia participativa, porque desde que somos chiquiticos en la escuela, elegimos a nuestros propios dirigentes a nivel de base. Hemos logrado una cultura de esta transformación que es maravillosa. Ahora, eso no niega de que hay otras muchas libertades por conquistar. Y luego está también nuestra condición de plaza sitiada. En una plaza sitiada, decía un gran pensador, cualquier disidencia es traición. Por otro lado, nosotros entendemos como marxistas, que el pensamiento solo camina dentro de la contradicción y la unidad de lucha. Ahora, si la disidencia es traición, porque estamos en una plaza sitiada, pero yo reconozco que tu disentimiento nos puede llevar a una mejor conclusión, ¿cómo conciliar eso? Cintio Vitier [poeta y crítico cubano] trata de resolver eso diciendo que el gran reto de Cuba es poder hacer un parlamento en una trinchera. Es decir, ¿cómo podemos escuchar al otro sin dejar de darnos cuenta que hay un enemigo que nos quiere comer a ti y a mí? Bueno, desde la más absoluta honestidad intelectual. Desde el reconocimiento que la crítica que me hace quien me adversa, yo tengo que tener los pantalones y hacérmela yo mismo, incluso antes de que el otro me la haga.
En una plaza sitiada, decía un gran pensador, cualquier disidencia es traición. Por otro lado, nosotros entendemos como marxistas, que el pensamiento solo camina dentro de la contradicción y la unidad de lucha.Tengo que darme cuenta de lo que no está funcionando para romper los modelos, adecuar nuestro sistema económico a las dinámicas que nos permitan ser más productivos, equivocarnos menos, tener sistemas de gestión gubernamental a nivel territorial, municipal y de país más dinámica. Todo eso es necesario debatirlo, y todas esas cosas son cada día pensadas, analizadas, entonces también merecen ser cantadas. Porque el arte es un reflejo nuestro. Un problema es que aquí hay gente que considera que cuando tú te pones a decir esas cosas, te estás alineando con el enemigo. Y cuando explicas que lo que estás diciendo es por el bien del país, ambos bandos se sienten “traicionados”, o sea coño, cómo, ¿estás con los indios o con los cowboys? Pero nosotros hemos tenido que aprender a vivir en esa eterna contradicción de militar con un compromiso crítico, una disidencia leal. Pensando siempre en la generación de formular la contradicción revolucionaria. Ese ha sido uno de los aciertos de nuestra estética y de nuestra manera de hacer arte. Por eso el que se acerca a nuestra obra dice: “Coño, aquí hay algo interesante». Porque no te está vendiendo el paraíso tropical. También tenemos canciones sobre lo hermoso que es este país, de nuestra vacuna o grandes victorias. Pero también debemos hacer canciones para nuestros emprendedores más incomprendidos -como va a haber una canción en el próximo disco-, sobre la gobernabilidad, o una canción que hable de nuestras corrupciones, e incluso una que hable de nuestros traidores. Porque eso es lo que estamos viviendo hoy y tú como nervio social tienes que hablar de esas cosas.
En la segunda parte hablamos de la ida de Buena Fe a Miami y lo que implica ser un artista revolucionario en el mercado musical global.
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