Lucía Miranda: «Seguimos siendo un país muy racista, aunque digamos que no. Lo somos.»

Una obra que se atreve a sumergirse con todo en un vínculo fundamental para comprendernos como sociedad, para bien y para mal, y que por algún motivo suele eludirse, tanto en el ámbito de la cultura como en el de los análisis sociológicos y políticos contemporáneos. Una obra que habla de la historia en común entre España y Filipinas, de la herencia de esta historia, y de qué hacemos con ella. Una obra sobre la huella del colonialismo. Hablamos de ‘Las Últimas’, creación de la compañía The Cross Border Project, con su directora y dramaturga Lucía Miranda.

¿Qué acontecimientos vitales llevan a Lucía Miranda a embarcarse en un proyecto como este, una obra acerca de la historia común entre España y Filipinas? ¿Quién encuentra a quién, cuándo, cómo y por qué?

Lucía: Nos encontramos hace muchos años. Cross Border está especializado en el trabajo con comunidades. Hacemos espectáculos cuyos relatos provienen de distintas personas. Hace como quince años tuvimos un encuentro en París, un encuentro para jóvenes creadores, con la compañía filipina Peta Theater. Allí hubo como un flechazo entre Peta y Cross Border. Poco después conseguimos una beca para hacer un intercambio. Tres miembros de Peta Theater vinieron a España, a ver cómo trabajábamos nosotros, y nosotros viajamos a Manila y a Leyte para ver cómo trabajaban ellas. En aquel viaje sucedió que nos dimos cuenta de que éramos profundamente ignorantes. Ellas sabían todo sobre la historia colonial que teníamos en común, conocían muchos nombres, muchas fechas, España era una presencia en su imaginario muy clara y constante. Nosotros, por el contrario, éramos unos absolutos ignorantes respecto a las implicaciones de ese pasado colonial. Ese contraste se quedó ahí, run run, run run, y luego Belén de Santiago, una de las actrices habituales de Cross, y Juan Paños, que también había empezado a colaborar con nosotros, una tarde tomando algo después de una función, nos contaron que el abuelo de Belén había nacido en Filipinas, que su bisabuelo había sido funcionario colonial allí, y que el abuelo de Juan era un hombre filipino que había migrado a España. En su pueblo, a Juan le decían precisamente «el nieto del chino», por puro racismo estructural. Nos preguntamos en ese momento: ¿cuántas compañías puede haber en España preocupadas por temas antirracistas, que cuenten con miembros en el elenco que tenga familia filipina y que además tenga una relación tan estrecha con una compañía filipina? Entonces nos respondimos: vamos a por ello, vamos a abordar este tema.

Has dicho en otra entrevista que esta es tu obra más personal hasta la fecha. ¿Por qué una obra con una temática de estas características se ha convertido en tu trabajo más personal?

Lucía: Es mi obra más personal porque durante el proceso nos dijeron que mi madre tenía cáncer. Yo cogí el vuelo para Filipinas tres días después de que nos lo dijeran. Un cáncer en grado cuatro, con metástasis. Entonces, cuando yo llegué allí estaba muy perdida. Llegas a Filipinas y tienes que hacer un montón de entrevistas, organizar muchas cosas. Hace falta fuerza y energía y me estaba costando mucho. Pero de repente J-mee Katanyag, que es la directora artística de Peta, me dio un poco la clave. Me trajo un libro, el ‘Noli me tangere’, escrito por el independentista filipino José Rizal. En el prólogo de este libro, Rizal habla de que su madre patria está enferma de un cáncer terrible, que es el colonialismo. Ahí estaba, la madre, el cáncer. De ahí surgió la idea de entrevistar a las madres de todo el elenco. Lo propuse y el elenco me dijo que sí. Para poder crear un vínculo entre lo personal y lo político. Cómo lo macro, una historia que viene de hace quinientos años, se ve ahora encarnado en lo micro, en los cuerpos, en las historias, en lo cotidiano, de los propios miembros del elenco y de sus madres. Apareció también la idea de crear un personaje que es ‘la madre patria’. Es España, pero también es mi madre. Este personaje está ahí para cuestionarnos acerca de qué heredamos de nuestras madres y qué heredamos de nuestros países. Hemos hecho también algo transversal en la pieza muy personal, preguntar a todas las madres, incluida la mía, qué es lo que les gustaría ver si esta fuera la última obra que fueran a ver nuestra debido a una enfermedad terminal. Y eso que nos han respondido que les gustaría ver, está en la obra. No es algo que compartamos con el público. Es algo que está en la estructura, en la dramaturgia. Pero por eso hay tanta comedia. Porque, por ejemplo, mi madre me dijo que quería llorar de la risa, pasárselo muy bien. Muchas madres nos dijeron lo mismo. Ante una obra con tantos momentos duros y dramáticos, lo que querían era reírse. Así que hemos construido una gran comedia.

También es la obra que más investigación te ha requerido, por otra parte. ¿Cómo ha sido el proceso de construcción de una obra como esta? Háblame del trabajo de entrevistas. ¿Cuál ha sido el criterio a la hora de escoger los momentos históricos, las voces, los relatos que entraban y los que no?

Lucía: Ha sido bastante complicado. Cuarenta entrevistas, en audio, entre España y Filipinas. Son unas ochenta horas de audio para seleccionar. Elegí en base a varios temas. Uno es el poder de la religión; otro el lenguaje; otro lo económico y administrativo, cómo se mantiene el poder económico y administrativo del colonialismo; y otro el relato del colonialismo, el conflicto que se genera con la pugna por el relato, para unos son héroes según qué figuras y para otros no, para unos esas figuras históricas merecen estatuas y paradas de metro y para otros no, véase Magallanes, Legazpi… He ido buscando relatos dentro de las entrevistas que tuvieran que ver con estos distintos enfoques. Incluso con el propio elenco. Cuando aparece Julia Enríquez y me cuenta que es hija de un desaparecido de la dictadura filipina de Marcos, por ejemplo. Rápidamente hago el vínculo con nuestra propia dictadura, con nuestros propios desaparecidos, poniendo en escena a Imelda Marcos y Carmen Polo. He querido también que haya una visión feminista de la Historia. Por eso aparecen tantas mujeres. Aunque no siempre sean papeles especialmente amables. De algún modo, son los papeles que les tocaron. Una monja que se puede ver en el Prado; la reina María Cristina regente, que fue la que montó la exposición del Palacio de Cristal, esos zoos humanos de los que tanto se habla, donde trajeron a toda una comunidad filipina… He intentado ir rescatando momentos de esa historia en común, donde aparecen las mujeres.

¿Por qué crees que apenas se ha tratado este vínculo tan vertebrador e importante para la historia de ambos países, en el terreno de la cultura y también en otros?

Lucía: Creo que son «las últimas» en el imaginario, por un lado, por distancia. Con América Latina nos separan menos horas de vuelo y tenemos un idioma en común. Esto es algo que construye inevitablemente un puente cultural que ha hecho más fácil el acercamiento y el entendimiento. Con Filipinas se dan otras circunstancias. Luego, como en todo, hay intereses económicos de por medio. ¿Por qué, por ejemplo, ahora está Madrid llena de cierta comunidad venezolana o mexicana? Porque es una comunidad concreta que puede comprar pisos y puede llevar a sus hijos a las universidades privadas. ¿Por qué no se habla tanto de otros países y comunidades con quienes también tenemos una historia en común de América Latina? Porque son pobres. No se tiene el mismo interés económico. Con Filipinas sucede algo parecido. Ahora que van surgiendo grandes empresas en determinada parte de la economía filipina, me da que empezaremos a hablar más de Filipinas por aquí, fíjate.

Ya desde el título, hay una impugnación al relato oficial y único. Frente al clásico ‘Los Últimos de Filipinas’, ‘Las Últimas’. No fue quizás tampoco como nos lo contaron aquí aquel relato de los ‘Héroes de Baler’, ¿no?

Lucía: La obra replantea que una misma historia se cuenta diferente en función de quién la cuente y desde dónde. La Historia no es objetiva. En los libros de texto aquí, te sigues encontrando que se habla del «desastre del 98», por la pérdida de Cuba y Filipinas como colonias. Ellos, sin embargo, hablan de que España vendió Filipinas por veinte millones de dólares a Estados Unidos. Es el mismo hecho, sí. España salió de Filipinas y dejamos de tener una relación colonial directa. Pero se narra ese hecho final de manera diferente. Debemos plantearnos que depende de en qué lugar del mundo estés, depende de si has sido colonizado o colonizador, si has sido oprimido u opresor, cuentas la Historia de manera distinta.

La Historia no se repite, pero rima, decía aquel. ¿Por qué te parece interesante traer esta herida, que comenzó a abrirse hace siglos, hoy? ¿Qué nos dice la historia colonial de España y Filipinas de nuestra coyuntura actual?

Lucía: Creo que nos dice que el racismo sigue siendo estructural. Que seguimos siendo un país muy racista, aunque digamos que no. Lo somos. Y lo somos porque llevamos cinco siglos haciendo una serie de cosas. Es muy difícil desmontar esa serie de cosas de las que habla esta función. Cuando ha habido una ciudad como Madrid donde en 1897 se realizó una exposición en el parque de Retiro en la que durante tres meses los madrileños pagaban su entrada para ir y ver cómo vive una comunidad de nativos, un zoo humano, esa gente que ha pagado su entrada luego ha llegado a su casa y lo ha contado, y esas personas que lo escucharon luego crecieron y se convirtieron en abuelos que a su vez se lo contaron a sus nietos… Se da una exotización de los cuerpos, un convertir los cuerpos en objeto, que se va heredando entre generaciones. Está en el imaginario colectivo. No es tan fácil desmontarlo en x años de democracia. Son siglos. Se ve en cómo tratamos a las personas que trabajan en nuestras casas, en lo que genera en determinados sectores la regularización de las personas migrantes… Se ve en muchísimas cosas. La obra lo que intenta es crear un puente para que entendamos que de aquello que ocurrió viene esto que ocurre. Y que tenemos que seguir trabajando para desmontarlo.

Te lanzo varios nombres de personajes históricos que aparecen en la obra y tú me dices en pocas palabras por qué te parecía imprescindible que estuvieran y que estuvieran de esa forma concreta:

Sor Jerónima de la Asunción: es la monja que crea el primer convento en Asia. La elegí por muchos motivos. Quería ser un hombre, porque quería dar misa. Sitúa su lucha en el siglo XVI en un punto que es más actual de lo que pudiera parecer. Las religiosas hoy siguen librando esa lucha, reclamando que no tienen un sueldo propio a diferencia de los sacerdotes, por ejemplo, o que siguen sin poder dar misa, sin poder llegar a convertirse en Papa. Sor Jerónima ya reclamaba todo esto. Por otra parte, me permite reflejar cómo la religión sigue siendo un eje vertebrador del colonialismo. Se mantiene hasta ahora. Religión y colonialismo van de la mano en el presente.

Magallanes: es el primer conquistador. Además, es un conquistador a sueldo. Me interesa porque, a diferencia de Legazpi, que era español, Magallanes era portugués. Encarna esa cosa que sigue existiendo de los conquistadores a sueldo en el presente. ¿Qué es Trump, por ejemplo, presentándose en Groenlandia y queriéndola comprar? Usurpadores. Ahora mismo también sucede que llega un país y contrata a otro para que vaya y se lleve a su guerrilla a un tercer país. Lo vemos todo el rato. Siguen existiendo, cinco siglos después, los conquistadores a sueldo.

Reina regente María Cristina: claramente con ella hay un link con la actualidad. Es una reina regente y tiene a un ministro que es quien le baila el agua. Representa a una persona totalmente a favor de la conquista, a favor del imperialismo, a favor de ese supuesto «abrazo entre civilizaciones durante siglos de amor». En un momento a finales del siglo XIX en el que ya hay una prensa crítica, donde ya le están señalando que hacer zoos humanos igual no es algo que esté muy bien visto para Europa. Ella se acoge al tema etnográfico. Ya empieza esa lucha del relato de la colonización. Y lo seguimos teniendo en el presente. Isabel Díaz Ayuso nos lo pone en bandeja una y otra vez, descaradamente con lo ocurrido con ese homenaje a Hernán Cortés en su visita a México. Ha sido muy fácil trazar el paralelismo.

Imelda Marcos: la mujer de Marcos, del dictador. La escogí porque fue una mujer que tuvo mucho poder. Uno de los entrevistados dijo una frase que tiene que ver con ella: «las familias de ahora son las familias de siempre». La pongo en relación con Carmen Polo. Para mostrar el poder que tenían esas mujeres de los dictadores, lo que decidían esas señoras. El Museo Nacional de Filipinas existe, se cree, porque Imelda Marcos lo puso encima de la mesa. Marcos dio un golpe de estado, sacó a todo el mundo del parlamento y se quedaron con el parlamento vacío. ¿Qué hacemos con el parlamento para que nadie se queje, porque lo tenemos vacío? Montamos un museo nacional. Nuestros museos también, todos los museos, son herederos del colonialismo. El Louvre, el Museo Nacional de Londres, con las grandes obras que figuras como Napoleón y sus compañeros robaban. Tenía que aparecer de alguna manera eso e Imelda Marcos era perfecta para ello.

Almeida y Carmena: momento maravilloso. Hemos tenido a Manuela Carmena, que ha venido a ver la obra. Me gustaría que viniera también José Luis Martínez Almeida. Representan el relato en la actualidad. Hubo un conflicto en el Ayuntamiento de Madrid sobre si se debía o no poner una estatua a los llamados Héroes de Baler en la Plaza del Conde Valle de Suchil. Durante el periodo de Manuela, no salió a término. Durante el período de Almeida sí. Se ha colocado. Entonces, les hago convivir en el mismo espacio y tener una conversación. Todo el texto que dicen es real. Sale de vídeos y declaraciones. Dos posturas diferentes ante el relato del colonialismo que representan a dos sectores de la ciudadanía.

Lapu Lapu: es el jefe indígena que acabó con Magallanes. Hay estatuas gigantes en Filipinas suyas. Lo que expresa bastante bien lo que significa para ellos. Al mismo tiempo hay toda una mitología con él, hay historiadores que dicen que sí que existió, hay otros que dicen que es más una leyenda. En cualquier caso, es una presencia muy importante para la comunidad filipina.

Maharlika: es un nombre conflictivo también para los propios filipinos. Es como ellos llamaban a las Islas Filipinas antes de que llegaran los españoles. Es lo que se cree. Pero también hay debate entre ellos. Lo que está claro es que todo ese territorio se tenía que llamar de otra manera. Ahora se llama Filipinas por el rey Felipe II. Lo puso Magallanes y aún se mantiene. Ha habido varios políticos filipinos que han intentado cambiar el nombre. Pero parte de la comunidad filipina reclama el nombre de Maharlika.

No es la primera vez que en las obras de Cross Border se da la triangulación entre teatro, educación y transformación social. ¿Cuál es la próxima aventura para Cross Border y Lucía Miranda?

Lucía: La siguiente aventura es que estaremos en el Teatro de la Abadía, a finales de febrero, principios de marzo, tres semanas, haciendo un teatro foro, teatro participativo, sobre la ansiedad. Nos preocupa mucho todo el tema que tiene que ver con la enfermedad mental. La ansiedad es muchas veces el primer paso. Se habla mucho ahora de la cantidad de ansiedad que tienen nuestros jóvenes, pero también creo que es hora de hablar de la ansiedad que tenemos los mayores. Todo se ve, todo se hereda, todo tiene que ver con cómo vivimos. Vamos a hacer un trabajo dentro del Laboratorio Yo Cuento, que es un proyecto de mediación artística que hacemos en el Hospital Niño Jesús junto con el área de neurología.


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